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domingo, 2 de agosto de 2015

¡Ya pasaron los sesenta días!



El pasado 30 de abril el muy prudente diario El Universal, publicó la siguiente información: “El ministro para la Alimentación, Félix Osorio, señaló que en un plazo menor a 60 días el problema del desabastecimiento de productos de primera necesidad estará resuelto”.

"Estaremos resolviendo la situación en un plazo menor a 60 días. El diálogo está abierto con el sector privado", afirmó en una entrevista en el canal del Estado, donde agregó que existe disposición al diálogo con el sector privado, en especial para resolver la escasez.

El 30 de junio terminó ese plazo autoimpuesto por el ministro Osorio. A la fecha van 80 días desde su anuncio.

Supongo que en el mundo en el que habita el alto funcionario el problema del desabastecimiento ha quedado en el pasado y ya es posible comprar lo que uno desea con sólo salir al abasto de la esquina. Pero mientras, en nuestro mundo, que por cierto es el real, los sesenta días sólo sirvieron para que el problema del desabastecimiento se agravara aún más.


A veces uno no sabe si sentir rabia o lástima por quienes son capaces de mentir de forma tan descarada ante el pueblo. Un mea culpa no le vendría mal al gobierno.

martes, 10 de marzo de 2015

El poder del consumidor



En todo el mundo las organizaciones de consumidores saben que una de las estrategias más contundentes en manos de los ciudadanos, a la hora de obligar a que una mercancía baje de precio o se ajuste a unos costos razonables, es el boicot.

El boicot no es otra cosa que la acción consciente por parte de los consumidores de no comprar determinado producto si el precio excede lo que la dinámica económica indica que es lo justo.

Recientemente compre un kilo de tomates a 30 bolívares y si compraba dos kilos los dejaban en 25 bolívares cada kilo. A inicios de año el tomate llegó a costar 200 bolívares el kilo en algunos negocios.

La reducción de un 89% del precio del tomate no se debió a algún boicot sino a la decisión propia de quienes lo producen. Deben estimar que aún con ese precio algo habrán de ganar.


Pero durante la locura de los 200 bolívares el kilo, muchos, pese al sorprendente costo, compraban tomates. En este caso, pese a la libertad que tiene cada quien en pagar lo que considere por un producto, está claro que más de un productor se llenó los bolsillos durante tres meses que duró el precio disparado.