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domingo, 7 de junio de 2015

El Teleférico ¿por qué las imprecisiones?



El pasado viernes estuvo en Mérida  la ministra del Poder Popular para el Turismo, Marleny Contreras, quien en compañía del gobernador del estado Mérida, Alexis Ramírez, hicieron un recorrido a manera de inspección de la construcción del Sistema Teleférico de Mérida (STM) “Mukumbarí”; reconocido por ser el más alto, largo y moderno del mundo.
Dos asuntos me llaman poderosamente la atención de esta información: tras leerla de cabo a rabo no encontré por ningún lado una referencia, ni siquiera genérica, sobre el estado porcentual de los avances de la obra y, tal vez mucho pedir, una fecha aproximada de terminación.
Para los merideños esta clase de ambigüedades no son nuevas ya que desde el año 2008, es decir durante los últimos siete años,  hemos estado sometidos a una impresionante cantidad de fechas de inicio y de anuncios de terminación de los trabajos de modernización del teleférico, que pueden resultar incluso parte de un libreto de un programa de bromas pesadas.
Cada ministro da sus fechas. Los merideños comprendemos que esos anuncios suelen estar motivados más por la buena intención, por la presión política o por la desinformación, más que por lo que dicta la realidad. Pero a veces hace falta anotar el registro, digamos como parte de lo que  este mismo gobierno ha dado en llamar Contraloría Social, útil, por lo visto para llenar la retórica política más que como herramienta popular de exigencia de explicaciones sobre los retrasos incongruentes en torno a las fechas de terminación.
Pues bien, la nueva ministra del turismo se fue agradad por lo que vio pero no dio una estimación porcentual del avance de las obras y tampoco informó si para este año  tendremos totalmente terminado el sistema teleférico. Es de suponer que ni para este ni para el próximo. Debemos celebrar que los trabajos no se hayan paralizados y conformarnos con el caramelo de que se está trabajando y eso es más que suficiente.

El segundo aspecto que nos llamó la atención sobre la visita de la ministra es que en la información se hace referencia a algunos pasajes que crean confusión sobre el sistema teleférico. La nota pareciera desconocer que desde su construcción e inauguración el nuestro es el sistema teleférico más alto y largo del mundo. La nota indica que estas características son propias sólo a partir del actual gobierno. Tal imprecisión es ofensiva y un burdo intento por hacer propaganda con una obra que tienen décadas como emblema de los merideños.

domingo, 21 de septiembre de 2014

El mejor rostro de la Alcaldía




Pareciera lógico pensar que una autoridad pública, en ejercicio de sus funciones, no caería en la tentación de dedicar recursos para hacerse promoción a partir de las obras que le toca ejecutar. Pero seamos más claros: no lo debería hacer – no debería promocionarse – si por un lado no hay recursos para las obras o si esos recursos económicos son menguados.
Nuestras autoridades municipales, indistintamente del signo político que profesen, nos recuerdan a cada momento que “no hay recursos”, “no nos han aprobado el situado”, “nos van a dar lo mismo que el año pasado”, “el presupuesto se lo come el pago de funcionarios”, y frases por el estilo. A decir verdad esto lo suele decir desde un alcalde hasta un gobernador.
Pero a la par de los reclamos por más recursos económicos – solicitudes regularmente válidas desde la perspectiva de las inversiones requeridas – los ciudadanos solemos ver con cierto estupor, pese a la costumbre, que esas mismas autoridades gastan lo que tienen, y lo que no, en hacerse promoción en vehículos oficiales de las alcaldías, vallas, pancartas, franelas, gorras, llaveros y todo aquel soporte que aguante una gran foto del susodicho (o la susodicha) sonriendo al mundo en una pose digna de la presentación de un artista.
Por supuesto que como periodista conozco bastante bien la importancia que una autoridad debe darle a la comunicación y el contacto con la gente. Pero, a decir verdad, no comparto que este requerimiento del ejercicio del poder se haga a partir de una muchas veces exagerada cuota de promoción de la imagen en los soportes que brindan las estructuras y vehículos públicos.
Hace poco me llegó una fotografía de un pequeño paseo que un alcalde inauguró en algún remoto paraje del estado Guárico.  Lo que más destacaba de la noticia era que el personaje colocó un inmenso portal con su foto, en un desafortunado intento de recibimiento a quienes iban a usar los 50 metros de acera. Además había otra parafernalia propagandística con la misma imagen. Era una situación grotesca. Colocan dos bloques y levantan tres vallas publicitarias. La locura.
Cuento todo esto con una intención: destacar que cuando vemos lo contrario, es decir un alcalde que no hace gala de su rostro para meternos por la cara que él si hace cosas, entonces estamos en presencia de algo sui generis. Algo digno de mencionar.
Y en este caso la buena nueva viene del alcalde de la ciudad de Mérida: Carlos García. Las ambulancias y otros vehículos en manos de la Alcaldía de Libertador no tienen el rostro ni el nombre en mayúscula del joven burgomaestre.
Además hemos visto que se han recuperado paredes, pasos peatonales, pasarelas y se está colocando una llamativa señalización en las principales intersecciones viales de la ciudad. Todo ello sin que aparezca la cara de Carlos García.
Insisto en que un alcalde es una figura política y que, indudablemente, las obras y sus acciones de seguro tendrán una lectura política, de quien ejerce el poder y desea seguir como autoridad. Y eso implica una promoción. Pero esto es una cosa – lo cual se puede hacer con discreción – y el avasallamiento propagandístico que suelen ejercer alcaldes y gobernadores (de la cuarta y de la quinta) es otro asunto muy distinto. Esto último es una ofensa, sobre todo cuando se pregona la ausencia de recursos económicos.

Felicitamos al alcalde Carlos García por la forma como lleva este punto de su presencia personal en la obra pública. Y lo hacemos para estimularlo a no caer en el juego de aquellos que le susurrarán al oído que en cada poste del alumbrado debe ir su foto sonriente. El mejor rostro que ahora muestra la alcaldía son las obras. No hace falta más.

domingo, 3 de junio de 2012

La agresión viene forrada de papel




De las campañas electorales se aspira que sean respetuosas, creativas, propositivas, pero sobre todo cortas. Como diría aquella canción “si las paredes hablarán” pedirían que los comandos de campaña propagandística tuvieran respeto por los bienes públicos y privados, tomando en cuenta la tradición destructiva que la agenda electorera trae consigo.
Partimos de la premisa de que ante las elecciones presidenciales del 7 de octubre, nada mejor que la población conozca las distintas opciones de los que tienen  aspiraciones de llegar a Miraflores pero, sobre todo, la gente – al menos en teoría -  busca oír, ver y analizar las propuestas, planes, proyectos y estrategias para alcanzar las metas propuestas.
El Consejo Nacional Electoral (CNE) posee reglamentos que ponen  el acento en el tipo de campaña que debe desplegarse. Se trata de un documento al que suele prestársele poca importancia práctica cuando se trata de respetar el espacio público en el que los comandos concretan el acto propagandístico, espacio que no es otro en el que usted y yo nos movemos cada día, todos los días.
Si buscamos en la norma electoral algún punto de resguardo de los bienes urbanos, podríamos echar mano del artículo 76 que aparece en la vigente Ley Orgánica de Procesos Electorales. El referido artículo dice lo siguiente:
Artículo 76. Queda prohibida la fijación de carteles, dibujos, anuncios u otros medios de propaganda electoral en:
1. Las edificaciones donde funcionen órganos y entes públicos.
2. Los templos, clínicas, hospitales y unidades geriátricas.
3. Los monumentos públicos y árboles.
4. Los sitios públicos cuando impidan o dificulten el libre tránsito de personas y vehículos.
5. Los lugares públicos destinados a actividades infantiles.
6. Los centros de educación preescolar, básica y media.
7. Los bienes públicos y los bienes objeto de servicios públicos.
8. Las casas o edificaciones de los particulares, sin el consentimiento expreso de sus propietarios o propietarias u ocupantes, quienes podrán retirar la publicidad o propaganda electoral que sea colocada sin su consentimiento.
Por lo anterior, queda claro que desde el punto de vista legal, la ciudad sí tiene un apoyo para exigir respeto a la integridad del espacio público. Lo malo es que las fuerzas políticas en disputada por estos días suelen entrar en una especie de etapa de frenesí electoral donde poco o nada importa el respeto a la ciudad. Eso explica el lastimoso estado en el que terminan las calles, avenidas, plazas y parques, paredes de edificios públicos, fachadas de edificios y casas, el equipamiento urbano, entre otras víctimas de la arremetida propagandística.
Pese a que recientemente Tibisay Lucena, presidenta del CNE, anunció que la campaña electoral para la Presidencia de la República comenzará el 1° de julio y finalizará el 4 de octubre y que las campañas para las  elecciones regionales se efectuarán entre el 20 de octubre al 13 de diciembre a medianoche, al menos en Mérida ya tenemos claros ejemplos de violación de la norma electoral no sólo por el muy adelantado ejercicio propagandístico, sino porque los espacios agredidos con estas campañas, son los que aparecen expresamente protegidos en la Ley Orgánica de Procesos Electorales.
Un ejemplo es que en la avenida 1, las paredes de la U.E. Colegio San José de La Sierra fueron usadas por los seguidores del Presidente Hugo Chávez, para colocar  unos coloridos carteles. Igualmente hemos visto graffitis de los seguidores de Henrique Capriles en los que se hace clara propaganda a destiempo y con la consabida agresión a los espacios.
La pregunta inquietante que debemos hacernos ante estos ejemplos de irrespeto es: si así operan pese a la norma y a la distancia de las elecciones ¿Qué le espera a la ciudad, a nuestro espacio público, cuando estemos en medio del hervidero electoral?