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domingo, 23 de junio de 2013

Los muros se lamentan





El querido amigo Amable Fernández, escritor de excelente pluma y, para más señas, nativo de Mucutuy – tierra generosa con la literatura – escribió por allá a inicios de los años 90 un libro cuyo título se desdibuja un poco en mi memoria pero que expresaba algo así como “las piedras hablan, los muros se lamentan”.
Si bien la imagen de unas piedras en franco diálogo simbólico resulta literariamente llamativa, la de los muros quejándose es para mi muy impactante.
Cada vez que recorro el casco central de Mérida me viene a la mente el libro de Amable por un detalle sencillo: yo creo que las paredes del centro también se lamentan. Y no por culpa de la vejez centenaria o bicentenaria que se abalanzó sin compasión sobre los muros de las casas más antiguas sino por la agresión humana, jamás vista, en esta malograda pero aún bella ciudad.
Hay paredes en el centro de Mérida que no aguantan un papelito más. Usted las mira y no podría adivinar que color o que textura hubo debajo de los cientos de anuncios que se apiñan como una enfermedad cutánea extraña, como esas que suelen mostrar algunos canales de televisión sobre la vida de algunos desafortunados que sufren insólitos males del cuerpo.
Las paredes del centro de Mérida – y en general de buena parte de la ciudad – son una vergüenza. En ellas podemos tener una fotografía del grado de deterioro que evidencia Mérida desde todo punto de vista: mantenimiento, ornato, servicios, estética urbana, equipamiento, ambiente.
Es decir, una pared de esas que se ubican sobre todo cerca de las paradas del transporte público permite tener un retrato de lo que somos en este momento para la ciudad: más enemigos que amigos.
La principal causa de ese lamento de las paredes la encontramos en la exagerada propaganda electoral a la cual recurren los candidatos a cualquier cargo en un errado intento por ganar la simpatía de los ciudadanos. El extraño comportamiento electoral se mueve bajo la tesis de que para llegar a regir los destinos públicos o ser parte del poder gubernamental primero se debe forrar la ciudad de pies a cabeza con el rostro sonriente del aspirante. Algo así como “destruyó, luego mando”.
Pero hay otras fuentes que generan lamentos en las paredes y muros de la ciudad, sean estos de viviendas, comercios, instituciones educativas, oficinas de gobiernos o incluso estructuras consideradas patrimonios arquitectónicos de la ciudad: la publicidad de eventos como conciertos, bailes, rifas, concursos y otros, se pegan indiscriminadamente en cuanta pared se consiga.
Si alguien desea alquilar una habitación no dudará en pegar un papel sobre la puerta de la catedral. La agresión tiene puerta franca.
También los grafiteros se suman a este festín sobre las paredes.  Sé que hay muchos artistas urbanos cuyos grafitis más bien adornan algunas paredes. Pero estos amigos  y amigas saben muy bien que hay otros  que gustan de  estampar garabatos absurdos, a manera de firma, sobre cualquier propiedad. La intención de estos depredadores es algo así como señalar que “esta ciudad es mía”.
Ante estos hay que hacer algo. Recuperando las paredes  de la ciudad se producirá un cambio visual tan notorio que todos lo agradecerán. Por ahora, seguimos escuchando los lamentos.

domingo, 3 de junio de 2012

La agresión viene forrada de papel




De las campañas electorales se aspira que sean respetuosas, creativas, propositivas, pero sobre todo cortas. Como diría aquella canción “si las paredes hablarán” pedirían que los comandos de campaña propagandística tuvieran respeto por los bienes públicos y privados, tomando en cuenta la tradición destructiva que la agenda electorera trae consigo.
Partimos de la premisa de que ante las elecciones presidenciales del 7 de octubre, nada mejor que la población conozca las distintas opciones de los que tienen  aspiraciones de llegar a Miraflores pero, sobre todo, la gente – al menos en teoría -  busca oír, ver y analizar las propuestas, planes, proyectos y estrategias para alcanzar las metas propuestas.
El Consejo Nacional Electoral (CNE) posee reglamentos que ponen  el acento en el tipo de campaña que debe desplegarse. Se trata de un documento al que suele prestársele poca importancia práctica cuando se trata de respetar el espacio público en el que los comandos concretan el acto propagandístico, espacio que no es otro en el que usted y yo nos movemos cada día, todos los días.
Si buscamos en la norma electoral algún punto de resguardo de los bienes urbanos, podríamos echar mano del artículo 76 que aparece en la vigente Ley Orgánica de Procesos Electorales. El referido artículo dice lo siguiente:
Artículo 76. Queda prohibida la fijación de carteles, dibujos, anuncios u otros medios de propaganda electoral en:
1. Las edificaciones donde funcionen órganos y entes públicos.
2. Los templos, clínicas, hospitales y unidades geriátricas.
3. Los monumentos públicos y árboles.
4. Los sitios públicos cuando impidan o dificulten el libre tránsito de personas y vehículos.
5. Los lugares públicos destinados a actividades infantiles.
6. Los centros de educación preescolar, básica y media.
7. Los bienes públicos y los bienes objeto de servicios públicos.
8. Las casas o edificaciones de los particulares, sin el consentimiento expreso de sus propietarios o propietarias u ocupantes, quienes podrán retirar la publicidad o propaganda electoral que sea colocada sin su consentimiento.
Por lo anterior, queda claro que desde el punto de vista legal, la ciudad sí tiene un apoyo para exigir respeto a la integridad del espacio público. Lo malo es que las fuerzas políticas en disputada por estos días suelen entrar en una especie de etapa de frenesí electoral donde poco o nada importa el respeto a la ciudad. Eso explica el lastimoso estado en el que terminan las calles, avenidas, plazas y parques, paredes de edificios públicos, fachadas de edificios y casas, el equipamiento urbano, entre otras víctimas de la arremetida propagandística.
Pese a que recientemente Tibisay Lucena, presidenta del CNE, anunció que la campaña electoral para la Presidencia de la República comenzará el 1° de julio y finalizará el 4 de octubre y que las campañas para las  elecciones regionales se efectuarán entre el 20 de octubre al 13 de diciembre a medianoche, al menos en Mérida ya tenemos claros ejemplos de violación de la norma electoral no sólo por el muy adelantado ejercicio propagandístico, sino porque los espacios agredidos con estas campañas, son los que aparecen expresamente protegidos en la Ley Orgánica de Procesos Electorales.
Un ejemplo es que en la avenida 1, las paredes de la U.E. Colegio San José de La Sierra fueron usadas por los seguidores del Presidente Hugo Chávez, para colocar  unos coloridos carteles. Igualmente hemos visto graffitis de los seguidores de Henrique Capriles en los que se hace clara propaganda a destiempo y con la consabida agresión a los espacios.
La pregunta inquietante que debemos hacernos ante estos ejemplos de irrespeto es: si así operan pese a la norma y a la distancia de las elecciones ¿Qué le espera a la ciudad, a nuestro espacio público, cuando estemos en medio del hervidero electoral?