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miércoles, 2 de marzo de 2016

La limpieza de la ciudad: acciones integrales

La emblemática avenida 9 de julio, tal vez la ancha del mundo. La bella ciudad de Buenos Aire es un reto para la limpieza, por su tamaño y actividad comercial.

Todas las ciudades del mundo tienen a la limpieza como uno de sus objetivos primarios. Es decir: mantener la ciudad limpia es casi la primera bandera que debe enarbolar un gobierno municipal.
En Mérida, donde tenemos  una ciudad pequeña y aún controlable, el problema del manejo de los desechos sólidos ha sido siempre un trauma. No quisiera ver yo a alguno de nuestros alcaldes, de los últimos 25 años, intentando manejar una ciudad más compleja en cuanto a habitantes.
Claro, también es cierto que la nuestra (Mérida) es una ciudad con pocos recursos. Pero creo que los factores que favorecen tener una ciudad limpia son más que los que atentan contra ese propósito.
En todo caso, siempre es bueno mirar hacia los lados para saber qué ideas se ponen en práctica para alcanzar la meta de una ciudad limpia.
En ese sentido (o en esa búsqueda permanente) me encontré con estas ideas de la Alcaldía de la Ciudad de Buenos Aires, en Argentina.
Lo interesante del discurso gubernamental de allá es que la limpieza está atada a una cultura "verde" o ecológica. Es decir, para tener unn ciudad limpia cuenta desde el uso de una bicicleta hasta el ahorro de la energía eléctrica. Yo creo que es una visión interesante. No podemos desligar el acto de no arrojar papeles y desperdicios a la calle, con el acto de ahorrar agua mientras lavamos los platos.
Aquí van los datos argentinos. ¿Qué podemos tomar para Mérida?. Tomemos nota:

Trabajamos para tener una Ciudad más limpia. Por eso adjudicamos las rutas de recolección de residuos reciclables a 12 cooperativas de recuperadores urbanos, instalamos los nuevos contenedores, impulsamos las campañas a favor de la separación en origen, construimos los Centros Verdes, desarrollamos el Programa Escuelas Verdes y promovemos la utilización de las bicicletas, entre otras acciones.

Estamos haciendo que Buenos Aires sea una Ciudad Verde. Con pequeños cambios podemos hacer un gran aporte. Te invitamos a consultar estos Consejos Verdes. Llegó el día.


  • Usa la bicicleta. Con esto evitas sumar vehículos al tránsito y contaminación a la Ciudad. 
  • Usa los contenedores.  
  • Usa bolsas reciclables. Evita recibir las que no necesitas. Usa tu bolsillo, la cartera o llévalo en la mano. Reutiliza las que ya tienes para tirar los residuos o para la próxima compra. Las bolsas de plástico tardan 150 años en desintegrarse.
  • Cuida los espacios verdes. Utiliza los cestos ubicados en toda su extensión para tirar los residuos ocasionales. Los espacios verdes de la Ciudad, significan un pulmón importantísimo para depurar el aire de smog y polución.
  • Separa los residuos. Si pasa el camión recolector entregaselo directamente al recuperador urbano. Ponte de acuerdo con el encargado de tu edificio, para que él también los separe.
  • No dejes el agua corriendo. Enjabona todos los platos  y luego enjuágalos de una vez. Llena el lavaplatos y no dejes correr el agua. Arregla las llaves que pierden y gotean.
  • Ahorra energía. Usa lámparas de bajo consumo. Los cargadores/transformadores enchufados y los equipos electrónicos en posición "stand-by", también consumen energía eléctrica. Usa el aire acondicionado lo mínimo indispensable.
  • En  la ducha también debes estar pendiente del tiempo de uso. No te distraigas.
  • Usa la manguera regulada. No laves el carro con manguera: usa balde y trapo. Al limpiar patios y veredas, primero hay que barrer con escoba, embolsar los residuos y luego, usar la manguera. No usar el chorro de agua para empujar hojas o basura.
Más datos y la información ampliada en:
http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/te-damos-10-consejos-para-lograr-una-ciudad-verde

domingo, 1 de noviembre de 2015

¿Seguid el ejemplo?...



Una de las inauditas pintas gubernamentales afectando una obra de gobierno. Aunque suene feo a eso lo llaman en el verbo popular "escupir para arriba".


¿Cómo pueden calificarse las autoridades de gobierno que agreden los espacios comunes? Parece un contrasentido pero en Mérida vemos ejemplos de lo que puede haber en mente de algunos funcionarios, partiendo desde el mismísimo Gobernador, pasando por directores de organismos, concejales y demás figuras de la autoridad pública.

Es algo así como un médico que le causa una herida a su paciente. Un jardinero que arroja veneno a las flores o un electricista que corta los cables de las lámparas para que éstas no alumbres. O sea: lo contrario a lo que deberían.
Allí están, grotescas y sin pudor alguno por la destrucción, las pintas o graffittis que algunos miembros del propio partido de gobierno han hecho en distintos puntos de la ciudad.

La que más me llama la atención es la que “adorna” una pared blanca e inmaculada – al menos lo era – ubicada en la calle 26, en el área donde se construyen las nuevas obras del trolebús.
Impacta porque siendo una propaganda pinturreteada en una obra de gobierno, se jacta en su mensaje de resaltar la obra de gobierno. Es decir, se destruye y afecta eso que se quiere destacar. No entiendo.

Y tampoco entiendo el silencio de las autoridades del Trolebús, aunque si los comprendo. Semanas atrás las autoridades del Trole denunciaron a graffiteros que con sus acciones vandálicas destruyen los bienes del trolebús. Ciertamente la agresividad con la que actúan estos maleantes, destaca por su constancia y amplitud.

Pero en esta ocasión el daño fue igual, sólo que fue cometido por militantes del partido de gobierno. Y como la obra es del gobierno ¿A quién reclamar o echar la culpa?


Sólo digo que con amigos como estos nadie necesita tener enemigos.  Muy mala imagen dan de lo que tienen en la cabeza, ya que no llegan a pensar en la destrucción como mecanismo para, a troche y moche, hacer propaganda política, de la peor calaña. Pero así estamos: con una ciudad en la que sus autoridades se hacen los locos ante la ofensa.

martes, 2 de junio de 2015

Campaña contra la ciudad





Las caras sonrientes de algunos candidatos comienzan a poblar las paredes de la ciudad a propósito de las venideras elecciones parlamentarias.
Ya me lo temía: una campaña más, mismas formas de acercarse a los ciudadanos a partir de la destrucción de los bienes públicos.
En tiempos de redes sociales hiperactivas y toda suerte de artilugios tecnológicos para acceder a éstas, los candidatos venezolanos, tanto de oposición como los del oficialista, insisten en los grafitis, los afiches pegados a paredes, postes y otras estructuras urbanas, como si en el uso desmedido de esos carteles, colocados como en un frenesí de pega y papel, estuviera asegurado el acto de congraciarse con los electores.
Ya sabemos que las normas electorales poco o nada se cumplen. Hay algunas que indican, por ejemplo, que los recintos educativos, es decir las escuelas donde estudian nuestros hijos, no sean usados para la colación de propaganda electoral. Pues esa norma, ciertamente nítida en cuanto a los límites para el festín proselitístico, también es violentada.
Pero es que, pienso y escribo yo, la prohibición de usar carteles y pintura debería estar totalmente prohibida para bien del ornato de la ciudad.
Es decir, esa manía de colocar 50 carteles uno tras otros, apiñados en una pared o una parada del transporte, no tiene razón de ser por al menos dos razones: primera, comunicacionalmente hablando, no es mucho lo que aportan y, segundo, retirar tales carteles o grafitis entraña un alto costo para la ciudad y para los particulares afectados (comercios o residencias).
Desesperados, algunos candidatos aferrados a las desgastadas formas de hacer política, y por lo mismo campañas, lanzarán un grito al cielo para decir que sin ese ataque desmesurado sobre la integridad de la ciudad ellos no podrían ofertarse como fichas para una diputación o cualquier cargo público. Pues que griten y pataleen. Es bueno decirles a estos señores que si la política ha cambiado, pues es obvio que también evolucionen las formas de hacerla. Y en esto la campaña electoral, reenfocada a partir de evitar los daños a la ciudad, debe ser una parte de la propuesta de los candidatos. Digamos que si los candidatos destruyen los bienes públicos para decirnos que quieren trabajar por nosotros, estarán enviando un contradictorio mensaje a los posibles electores.

Usen los mensajes de textos, las llamadas telefónicas, el Facebook, el Twitter, el WhatsApp, el correo electrónico, la visita casa por casa, los mensajes de radio, la televisión, los espacios informativos en línea, el volanteo respetuoso, el material POP, la música… En fin; hay mil caminos para llegar al corazón de los electores pero esa senda no debería incluir la destrucción del ornato con la colación desmedida de afiches y grafitis. ¡Por favor!

lunes, 18 de mayo de 2015

¿Qué hacer con los buhoneros?





Cuando vemos una estampa turística que nos llega de algún lugar exótico del mundo, pareciera que la presencia de vendedores ambulantes, tarantines, improvisados mesones y otras imágenes de los mercados de pulgas, constituye una “típica” situación, lo cual justificaría que por estos lares tengamos nuestras propias expresiones de la economía informal, es decir, nuestros buhoneros.
Pero esa es una falsa imagen a lo interno. Una cosa es un mercado de pulgas con medio siglo de antigüedad perdido en un remoto país oriental, a una ciudad en la cual no hay espacio en las aceras porque los vendedores las han tomado para ofrecer cualquier producto que les permita una fuente mínima de sustento.
Además, echemos un vistazo a los productos que podemos conseguir en una típica calle del centro de Marruecos, por ejemplo, a los productos que nos ofertan los vendedores de una calle en las aceras de Mérida: por allá cueros artesanales, tejidos y orfebrería que transmite el trabajo artesanal de siglos de tradición. En lo que a nosotros respecta, nuestros vendedores se concentran en forros para celulares, cigarrillos, ropa traída de cualquier país cercano, sostenes y chucherías…
En pocas palabras: no debemos caer en el juego – muchas veces propuestos por algunos burócratas de algún ente de gobierno que buscan justificar lo injustificable – de confundir la desesperada expresión de un problema económico (como tal en buena parte de nuestra economía informal) con las imágenes de mercados artesanales que van de la mano de un escenario típico en otras latitudes.
Porque los buhoneros de nuestras ciudades son personas que buscan ganarse la vida a falta de mejores oportunidades en la estructura formal de la economía, bien sea en las empresas o instituciones de gobierno, como en el aparato económico promovido por el sector privado.
Hay que tomar en cuenta que antes de que el actual gobierno arribara al poder ya Venezuela exhibía preocupantes signos de deterioro económico. Por ejemplo, en 1999 la informalidad en el país era de un 55 por ciento, versus un 42 por ciento actual, según cifras que maneja el gobierno nacional a través del Instituto Nacional de Estadística (INE). Es decir, se ha logrado frenar el crecimiento de la informalidad e incluso se han bajado significativamente los porcentajes (ojo: a partir de las cifras que nos ofrece el gobierno).
No obstante los avances,  esos casi 6 millones de venezolanos que todos los días salen a las calles a ver cómo resuelven el día (no la semana, ni el mes, sino el día, esas 12  horas que van desde que el sol alumbra hasta que cae la noche) siguen colocando los planes de reducción y control de las ventas informales en ámbitos urbanos como un ejercicio parecido al de arar en el mar.
Mérida es buen ejemplo de esas iniciativas frustradas. Desde que Fortunato González fue electo en 1989 como el primer alcalde de la ciudad de Mérida, han pasado siete alcaldes en ese lapso de 25 años de vida ciudadana que han corrido hasta estos días de 2015.
Me imagino que cada uno de estos alcaldes cuando revisó las condiciones de la ciudad concluyó que algo había que hacer con tantos buhoneros.
En la mayoría de los casos hubo una aparente bien intencionada política de “sacar a los buhoneros de las aceras”. Los planes incluían hacer un censo previo para saber cuántos buhoneros existían en total. Esa revisión además indicaba el tipo de mercadería que expendían en las calles, los años de labor en lo que los comerciantes llaman “el punto”, la situación socioeconómica de los buhoneros (edades, sexo, número de hijos, estudios realizados). Finalmente las soluciones siempre terminaban en la búsqueda de un terreno para la construcción de un espacio para los comerciantes y la solicitud de abandonar las calles para irse a sus nuevos locales. Esto último nunca se cumplía y si ocurría era una mezcla extraña de situaciones en la que el comerciante informal prefería seguir en la calle – más rentable y de venta segura - y alquilar o vender el local otorgado por la municipalidad.
Así, tenemos varios mercados organizados y construidos en la ciudad y la misma o mayor cantidad de buhoneros en la calle. En fin, el problema sigue sin resolver.

Vale recordar que – según el diario El Universal - de acuerdo a las cifras oficiales, sólo en 2014 dejaron de existir 58 mil empleadores y en 12 años 153 mil. En 2000, había 499 mil patronos privados y hoy apenas sobreviven 345 mil. Esto ligado al cerco regulatorio que enfrenta el empresario local, los controles de cambio y de precios, que han frenado la expansión del sector, crea las condiciones para que cualquier persona se plantee sumarse a la lista de la economía informal. Esa presión va a parar, indefectiblemente, a los espacios públicos de las ciudades, que deben lidiar con la expresión más conflictiva del problema.

domingo, 22 de marzo de 2015

Buena cara para el turista





En pocos días tendremos instalada entre nosotros, de lleno, la Semana Santa. Es tiempo de reflexión, introspección y reencuentro con lo espiritual y religioso. Cierto: pero también es momento para el turismo, para el reencuentro familiar, los viajes y los paseos. Mérida destaca en el escenario nacional en estos días santos.

Y si somos referencia, bien harían las autoridades de dedicar esta semana previa al asueto de Semana Santa, a esmerar el arreglo y presentación de la ciudad. 

Habilitar varios equipos que, usando como referencias los principales ejes viales, realicen labores de cortar la maleza, corten la grama,  pinten aceras, recojan basura, levanten escombros, instalen la señalización dañada. Una buena cara para el turista. Es sencillo, no es costoso y dice mucho de la ciudad, su gente y sus autoridades.



domingo, 15 de marzo de 2015

El peso de los detalles





Ya hemos comentado en este mismo espacio que la ciudad es una de las más grandes creaciones humanas. Siendo espacio de relacionamiento y comunicación para la constitución de los enlaces que hacen posible la vida y la proyección de la especie, es fácil reconocer el carácter complejo de un entramado urbano contemporáneo.
Pero esta complejidad que enmarca el hecho urbano, no puede concebirse sin tener en cuenta una serie de condiciones mínimas que hagan posible la vida ciudadana.
Es decir, una ciudad requiere de un espacio físico en el cual asentarse y de una distribución y uso de ese espacio a partir de los intereses comunes. Se requiere una red vial eficiente, equipamiento, espacios para la recreación.
Igualmente deben funcionar de forma eficiente servicios fundamentales vinculados a la disponibilidad de agua, electricidad, telefonía, gas doméstico, estaciones de servicio, seguridad, transporte, por mencionar los más prioritarios.
Siendo así, la ciudad requiere, por lo tanto, autoridades eficientes, funcionarios públicos capaces de canalizar la puesta en funcionamiento de esos servicios y equipamientos.
El trabajo de los que ostentan la organización de las ciudades (alcaldías, concejos municipales, organismos descentralizados, institutos autónomos entre otros entes) debe basarse en planes que puedan ver la totalidad de la urbe como un sistema, pero no deben, por nada, descuidar los detalles cuya atención dispara ante los ojos de los ciudadanos la percepción de que la ciudad está en manos de gente competente.
A lo que queremos llegar es al hecho cierto de que para usted y para mí, para aquella señora que camina por la acera, o aquel joven que va camino al gimnasio, para el chofer de la buseta o para la mamá que va con su bebé a la guardería, la ciudad no se percibe ni se muestra con su bastedad y ramificaciones complejas, sino a través de los detalles, pequeños, sencillos, pero cruciales. Toda la percepción de lo bien o lo mal que los hacen las autoridades queda, pues, sujeta a la suma de esos detalles que, siendo atendidos de forma oportuna, delatan la calidad de gobierno que se tiene.
En el caso de Mérida, los detalles negativos con los que se consigue un ciudadano promedio, cuando sale al espacio público, son tantos y tan diversos, que no es de extrañar que se concluya con la sentencia de que “aquí no hay gobierno”.
Una plata reseca y muerta en una jardinera, la acumulación de basura en los bordes de la calzada, un pipote de basura repleto y sin recoger, una pared llena de publicidad desteñida, una acera sin pintura, un hueco en la vía… Todo suma pero para mal.

Los detalles son, en fin, una prioridad de la que a veces por su insignificancia las autoridades no se percatan. Pero por allí se les va el gobierno… 

domingo, 8 de febrero de 2015

Que no le falta el agua




Bajo el título “Siembra perdida”  en esta misma columna hacíamos un comentario días tras en torno a la reiterada práctica de los organismos de gobierno (fundamentalmente Alcaldía de Libertador y Cormetur) de hacer operativos para sembrar plantas ornamentales en plazas y avenidas, matas a las que, casi por regla general, se dejaban en el olvido días después de plantadas.

El asunto es grave porque constituye no sólo una incómoda práctica en contra de la naturaleza, sino también un evidente despilfarro de recursos ya que unas plantas (capachos, girasoles, rosas y palmas) que son sembradas para luego abandonar, terminan en marchita evidencia de gastos por los que nadie responde.


En este contexto, la empresa Tromerca anunció la semana pasada un plan de siembra, por etapas, de miles de plantas ornamentales, cerca de las estaciones del Trolebús y el Trolcable, así con en las rutas de estos sistemas. Muy buena noticia. Pero igual nos toca recordarle a esta empresa que, al menos, dispensen agua a estas plantas recién sembradas. No hacerlo sería un crimen. Sembrar implica una responsabilidad de mantenimiento.

viernes, 6 de febrero de 2015

La basura es nuestra elección





La complicada naturaleza humana tiende a ser aún más difícil de descifrar cuando la asumimos en el ámbito colectivo. Si cada cabeza es un mundo, entonces comprender a toda una población es aún más complejo.
Por ejemplo, si usted aplica una encuesta para saber sí los habitantes de Mérida creen que su ciudad está sucia, es muy seguro que ese estudio arroje altas cifras que confirman la percepción que vivimos en una ciudad alejada del ideal de limpieza. Pero si le pregunta a esas mismas personas cual es el origen de toda esa basura, apuntarán con el dedo hacia quien tienen al lado o hacia el gobierno.
Es como si los desechos tuviesen vida propia y durante las noches salieran  de las papeleras y depósitos para irse a acumular en calles, plazas, parques y avenidas.
Es suma: vivimos en una ciudad construida a la medida de nuestro comportamiento colectivo. Está comprobado que un comportamiento ciudadano en favor de la limpieza de la ciudad, que puede significar algo tan sencillo como no arrojar desperdicios en los sitios públicos, puede replicarse cuando el entorno obliga a los que ensucian a mejorar su comportamiento.  Pero, por el contrario, si todos ensucian es muy poco probable que los que aún mantienen la promesa de no ensuciar, la mantenga. Sencillamente porque la elección colectiva fue ensuciar, vivir entre la inmundicia.
Así es: si Mérida está sucia no es solamente porque nuestras autoridades hayan sido históricamente incompetentes para arreglar ese problema, sino porque la sumatoria de mentalidades contrarias a la limpieza son más que los que sí deseamos vivir en una ciudad que intente acercarse a ejemplos mundiales de pulcritud como Calgary, Kobe, Honolulú, Otawa, Helsinki o Montreal.
En el caso de la ciudad de Calgary, esa ciudad es según todos los estudios, la ciudad más limpia del mundo. Según una nota de prensa “Calgary es una ciudad ecológica con agua purificada y una excelente distribución de sus recursos. Dispone de un centro de tratamientos de aguas usadas que recicla y purifica 100 millones de litros de agua al día. El 75% de la energía de la ciudad proviene de energías renovables con un programa puntero en el ámbito de reciclaje de desechos”.
Aún con el gobierno más ineficiente en materia de recolección de desechos, si los ciudadanos asumen su sencillo rol de “no ensuciadores” la ciudad mostraría un rostro limpio y aseado. Claro que es importante que el aseo urbano limpie y asee de forma constante y eficiente, pero, repetimos, eso es solamente una parte de la historia y no precisamente la más importante de aquellas ciudades que se ubican en el sitial de más limpias del mundo.

Lo bueno es que esa elección que en Mérida ha ido ganando terreno, como es la de vivir entre calles llenas de basura, puede revertirse de forma progresiva, paciente. La educación a los niños es la base sobre la que debe construirse una mentalidad más amable para con el entorno. Pero la información hacia la ciudadanía, las campañas y la organización social, pueden enrumbarnos hacia la elección correcta. Todo ello con una presencia nítida de la autoridad y las sanciones que estructuren un entorno en favor de la limpieza.

domingo, 22 de junio de 2014

El reto de la buhonería





Los merideños tenemos un problema fundamental que ningún alcalde – desde que se creó esta figura en 1989 – ha logrado resolver: la presencia de buhoneros en las calles del centro de la ciudad y en otros puntos críticos (como los alrededores del Centro Comercial Vessada II, en la avenida Las Américas).
Hace un mes el gobernador Ramírez habló, textualmente,  de “reubicar a 514 buhoneros del casco central a la estación del Chama del Trolcable, donde se hará un mercado artesanal”.

Nuestra legítima solicitud de aclaratorias sobre este nuevo intento de hacer frente a la buhonería incontrolada, apunta a tres preguntas: ¿Se incluye en esta respuesta al problema la acción y participación de la Alcaldía de Libertador?, ¿Se han revisado todas las experiencias de reubicación anteriores que han terminado en fracaso? Y, finalmente, ¿Se ha considerado que la mayoría de los buhoneros no están interesados en la artesanía ni en la venta de elementos asociados a la cultura local, sino a la venta de artículos que ellos consideran les aportan más ganancias (forros de celulares, prensas íntimas o chucherías?

domingo, 3 de noviembre de 2013

Ciudad y Navidad



Por ser diciembre el mes de la Navidad y el preámbulo   del Año Nuevo y por ser Mérida uno de los destinos preferidos por los venezolanos para pasar unas vacaciones familiares, creo que la oportunidad se   pinta para terminar de hacer lo que faltó durante la Fitven.
Me refiero a que, por ejemplo, sería buen momento para poner en funcionamiento la Plaza de Las Heroínas, una obra que, por cierto, había sido prometida por las autoridades para ser inaugurada el pasado 24 de octubre, en el inicio de la Fitven.

Y así como Las Heroínas, recuperar  y mejorar otros  espacios,  terminar de atacar las rayas de la agresión  electoral y darle luz a una ciudad que de noche no puede mostrar lo bella que es.

domingo, 20 de octubre de 2013

Mérida: 10 metas y muchos obstáculos





Hace unos días me referí en este espacio al problema que genera nuestra cultural inclinación a dar respuesta a los problemas mediante los famosos operativos. Concluimos con el hecho de que si bien los operativos están casi que “genéticamente” metidos en nuestra forma de  atender los problemas  que  nos  coloca la vida en ciudad, tal práctica nunca será mejor que la de organizar la actividad urbana  en función de la regularidad de las respuestas, no en el acto coyuntural, efímero y,  por lo mismo, poco efectivo de nuestros operativos.
Haciendo una lista breve de diez puntos, sobre cuáles son las áreas en las que suele emplearse la energía puntual de los operativos, nos conseguimos que básicamente se  refieren a limpieza y ornato. Hay otras áreas pero  esas son las más atendidas si a alguna autoridad le piden “hacer  algo por la ciudad”.  Es obvio que una escoba, una pala y una brocha obran milagros.
Siendo así, cualquier gobernante tendría que hacer espacio  en su agenda de trabajo para atender los siguientes diez puntos de acción gubernamental en pro de la ciudad: jardinería y poda, recuperación de fachadas, mantenimiento del mobiliario urbano, demarcación vial, iluminación pública, mejoras en la movilidad (vial y peatonal), plan de asfaltado o mantenimiento de calles y avenidas, atención a la ocupación de espacios públicos (vendedores informales, taxistas, motorizados) y mejoras en la seguridad pública.
Lo anterior es, para decirlo claramente, lo elemental, lo básico, lo obvio que deben hacer las autoridades municipales. Si a ver vamos, la atención a la salud, deportes, vivienda, gestión del riesgos, acceso a bienes, actividades culturales y recreativas, promoción de las artes, planes de desarrollo urbano, incentivo a la producción, desarrollo de servicios turísticos, atención a la ciencia y la tecnología, aumento y mejoras de las edificaciones escolares, todo  eso puede ser reclamado por la comunidad como necesidades urgentes y ¿Quién dice que no sea así?
Pero volvamos a lo obvio: esos asuntos que suelen atenderse cuando  hay que dar la impresión de que desde las oficinas de gobierno  se  hace algo… O sea la escoba, la  pala  y la brocha.
Aún con lo básico, cada acto de acción  debe tener en cuenta varios obstáculos que de no ser atendidos pueden echar por la borda incluso la más humilde de las acciones de atención, como puede ser barrer una  calle.
La lista de obstáculos supera con creces la de las acciones que deben emprenderse. Podemos mencionar, sólo para precisar a los enemigos claves de la gestión a: la poca o nula planificación, la falta de continuidad, la mala gestión de los recursos, la corrupción, el conformismo, la ineficiencia, la poca acción para concertar esfuerzos y voluntades.
Es decir, cada acción que se decida hacer para bien de la ciudad,  debe toparse con un ejército de obstáculos cuya misión siempre ha sido la de impedir que se concrete el acto de mejora urbana.
Quiere decir que las autoridades que llevan el control  del gobierno de la ciudad (sobre todo  aquellos  que desean ocuparse de la cosa pública) deben no sólo hacer su lista de acciones sino, a la par,  identificar en  el camino los obstáculos que sobrevendrán. Tal vez así podamos, por lo menos, sacar la escoba y hacerlo  bien.

domingo, 1 de septiembre de 2013

No pudimos ofrecer una ciudad limpia



Pese a que a la temporada de vacaciones aún le quedan al menos un par de semanas para terminar, tras haber transcurrido los meses de julio y agosto ya tenemos un retrato de cómo funcionó la ciudad de cara a la presencia de los turistas, en cuanto a los servicios y otras atenciones.
Lo primero que destaca es que, una vez más, miles de visitantes escogieron a Mérida para pasar algunos días de vacaciones, gesto que siempre debemos agradecer porque gracias a esa presencia se mueve una buena parte del músculo económico local.
Lo lamentable es que nuestras debilidades para ofrecer una buena cara a los visitantes siguen siendo muy evidentes, ya que nisiquiera los aspectos más básicos de atención urbana son cubiertos.
Las calles y avenidas, parques y plazas, mostraron acumulación de basura y no se notaba un servicio diario y eficiente de recolección de desechos. Esto no debe hacerse porque seamos una ciudad turística sino por elemental función de gobierno. Pero ni eso.
La menguada Policía Vial tampoco dio la cara en muchos momentos tensos sufridos en nuestras calles y avenidas.
En el Terminal de Pasajeros una vez más se vivieron vergonzosos momentos con cientos de personas que debían amanecer para intentar conseguir algunos pasajes (aquí las empresas de transporte también tienen una buena cuota de responsabilidad por no prever una logística que permita atender los picos en cuanto al traslado de pasajeros hacia a Mérida y desde nuestro estado a otras localidades del país).
Pero volviendo al punto de la limpieza, nos preocupa que ante el advenimiento de un evento tan significativo como la Feria Internacional de Turismo, pautada para dentro de dos meses, la ciudad y sus autoridades sean incapaces de mantener un mínimo de limpieza.
Frente al Terminal, en la avenida Las Américas, uno de los primeros rostros que ven los turistas, la basura y los escombros se acumulaban aceras y zonas verdes. Las paredes rayadas eran el saludo de bienvenida.
En la avenida Cardenal Quintero empezaron a podar el monte y a limpiar. Pero llegaron a la mitad y así quedó todo. Un detalle es que lo que cortan y acumulan queda allí: nadie la recoge.

No sé: creo que hasta que no cumplamos el ABC básico para mantener la ciudad, nuestro deseo de proyectarnos como espacio para el turismo será visto como un mal chiste.

domingo, 23 de junio de 2013

Los muros se lamentan





El querido amigo Amable Fernández, escritor de excelente pluma y, para más señas, nativo de Mucutuy – tierra generosa con la literatura – escribió por allá a inicios de los años 90 un libro cuyo título se desdibuja un poco en mi memoria pero que expresaba algo así como “las piedras hablan, los muros se lamentan”.
Si bien la imagen de unas piedras en franco diálogo simbólico resulta literariamente llamativa, la de los muros quejándose es para mi muy impactante.
Cada vez que recorro el casco central de Mérida me viene a la mente el libro de Amable por un detalle sencillo: yo creo que las paredes del centro también se lamentan. Y no por culpa de la vejez centenaria o bicentenaria que se abalanzó sin compasión sobre los muros de las casas más antiguas sino por la agresión humana, jamás vista, en esta malograda pero aún bella ciudad.
Hay paredes en el centro de Mérida que no aguantan un papelito más. Usted las mira y no podría adivinar que color o que textura hubo debajo de los cientos de anuncios que se apiñan como una enfermedad cutánea extraña, como esas que suelen mostrar algunos canales de televisión sobre la vida de algunos desafortunados que sufren insólitos males del cuerpo.
Las paredes del centro de Mérida – y en general de buena parte de la ciudad – son una vergüenza. En ellas podemos tener una fotografía del grado de deterioro que evidencia Mérida desde todo punto de vista: mantenimiento, ornato, servicios, estética urbana, equipamiento, ambiente.
Es decir, una pared de esas que se ubican sobre todo cerca de las paradas del transporte público permite tener un retrato de lo que somos en este momento para la ciudad: más enemigos que amigos.
La principal causa de ese lamento de las paredes la encontramos en la exagerada propaganda electoral a la cual recurren los candidatos a cualquier cargo en un errado intento por ganar la simpatía de los ciudadanos. El extraño comportamiento electoral se mueve bajo la tesis de que para llegar a regir los destinos públicos o ser parte del poder gubernamental primero se debe forrar la ciudad de pies a cabeza con el rostro sonriente del aspirante. Algo así como “destruyó, luego mando”.
Pero hay otras fuentes que generan lamentos en las paredes y muros de la ciudad, sean estos de viviendas, comercios, instituciones educativas, oficinas de gobiernos o incluso estructuras consideradas patrimonios arquitectónicos de la ciudad: la publicidad de eventos como conciertos, bailes, rifas, concursos y otros, se pegan indiscriminadamente en cuanta pared se consiga.
Si alguien desea alquilar una habitación no dudará en pegar un papel sobre la puerta de la catedral. La agresión tiene puerta franca.
También los grafiteros se suman a este festín sobre las paredes.  Sé que hay muchos artistas urbanos cuyos grafitis más bien adornan algunas paredes. Pero estos amigos  y amigas saben muy bien que hay otros  que gustan de  estampar garabatos absurdos, a manera de firma, sobre cualquier propiedad. La intención de estos depredadores es algo así como señalar que “esta ciudad es mía”.
Ante estos hay que hacer algo. Recuperando las paredes  de la ciudad se producirá un cambio visual tan notorio que todos lo agradecerán. Por ahora, seguimos escuchando los lamentos.

domingo, 3 de marzo de 2013

Feria Internacional: ¡acciones ya!






Creo que todos los merideños debemos empujar hacia un terreno fértil la anunciada iniciativa gubernamental de convertir a Mérida, a finales de este año 2013, en la sede de la Feria Internacional de Turismo de Venezuela.
La ocasión puede servir para que la ciudad pueda salir del actual marasmo en cuanto a obras y proyectos, sobre todo los vinculados con el espacio público.
Limpieza de todas las plazas y parques, mejoras en la demarcación vial (que ya se inició en algunas intersecciones), arreglo de paradas, limpieza del mobiliario urbano, desmalezamiento,  entre otros aspectos, deben contarse en la estrategia de poner la casa en orden ante la presencia de quienes nos visitarán a propósito de la Feria Internacional. Acciones, sí, pero hay que empezar desde ya.