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domingo, 13 de septiembre de 2015

Mérida: ¿Es posible la Indigencia cero?

Por las calles de la ciudad abundan las personas que no tienen techo y se encuentran al margen de la dinámica social. 


El director de Política Integral de la Gobernación del estado Mérida, Luis Omar Ditta, informó este fin de semana que finales de septiembre “comenzarán a realizar la planificación y las articulaciones con las instituciones” para emprender una fase de operativos para lograr el propósito de “indigencia cero”.
Según el funcionario, hay varios puntos críticos en la ciudad en los cuáles suelen reunirse y hasta convivir las personas denominadas “en situación de calle”, un concepto bastante amplio que recoge a personas que si bien viven en la calle, son expresión de una compleja gama de problemas de salud, psicológicos-mentales y sociales. Es decir en este grupo de calle hay desde  alcohólicos, adictos a otras drogas, enfermos mentales, hasta ancianos abandonados a su suerte. A veces hay casos que reúnen en una sola persona toda esta dura realidad social.
El anuncio gubernamental deben ser no sólo celebrado sino alentado por los merideños ya que pese a que las autoridades afirmen que esta realidad de gente en situación de calle siempre se ha atendido, lo cierto es que sólo basta con recorrer la ciudad para percatarse de que ha habido un aumento dramático de personas que deambulan a la buena de Dios, por calles, avenidas, plazas, inmediaciones de centros de salud y, en general, por cualquier espacio público en los que estos seres - duramente apartados de la sociedad - intentan sobrevivir.
Según la nota de prensa que diligentemente nos fuese enviada desde la Dirección de Política Integral, entre las zonas donde existe mayor incidencia en cuanto a presencia de personas en situación de calle  destacan las plazas Bolívar, El Llano, Milla, El Espejo,  así como también los alrededores del Hospital Universitario de Los Andes (HULA) y el Viaducto Miranda.
Convenimos con las autoridades regionales en que estos lugares mencionados son, en efecto, muy frecuentados por las personas en situación de calle, pero la lista, permítanme advertirles, se queda muy corta si hablamos de alta presencia de alcohólicos, indigentes, drogadictos, enfermos mentales, ancianos abandonados, personas entre las que también suelen colarse  delincuentes que operan en medio de este drama humano.
Un solo ejemplo, el cual puede ser constatado hoy mismo, si lo desean, es la situación de la avenida Cardenal Quintero, uno de los enlaces viales más importantes de la ciudad y que permite el ingreso al centro desde Los Próceres, pasando por una de las zonas de la ciudad con mayor densidad poblacional.
Allí en la avenida Cardenal Quintero pueden contarse no menos de 10 personas, entre hombres y eventualmente mujeres, que viven de pedir limosnas y que pasan la mayor parte del día bajo los efectos del alcohol y otras drogas.
Es un problema complejo y de difícil atención ya que cada caso, cada persona, amerita una atención individual y no sólo eso, un seguimiento a largo plazo. Si bien es  un gesto de humanidad atender a estas personas con operativos de aseo,  peluquería, atención odontológica, ropa y algún servicio de salud puntual, las causas que los llevan a deambular por las calles y a terminar sus noches bajo el precario abrigo de unos cartones o periódicos viejos, esas causas son muy profundas e implican seguimientos que aparten el concepto de operativo y se conviertan en servicios integrales y sostenibles de reinserción social, cuando tal posibilidad sea viable desde el punto de vista de atención de salud, psicológica e incluso laboral.
En suma: el problema de la indigencia es un producto no sólo de circunstancias desafortunadas en el orden personal, sino un problema derivado, por un lado, de procesos económicos ineficientes que llevan a muchos a ubicarse al margen de la dinámica social; así como de otros factores de orden psicosocial surgidos de la complejidad del actual modelo de vida que llevamos.

Para Mérida, no es una situación que se pueda particularizar en cuatro o cinco lugares, sino que es una realidad que se puede ver en cada calle, cada esquina. Por lo tanto, las iniciativas deberían partir de esos puntos críticos, como no, pero sin dejar de reconocer que la indigencia es un lamentable signo distintivo de nuestra realidad urbana.

Para ampliar este tema, recomendamos la lectura de un artículo científico elaborado por la investigadora de la ULA Yariani Barreat, en el cual se aborda de forma científica el alcance y magnitud del problema aquí mencionado. Pueden accede a esa investigación desde el enlace: INDIGENCIA.

lunes, 16 de febrero de 2015

Culturamente “Operativos”



Una noticia que sería casi imposible leer en la prensa o en cualquier sitio de Internet – porque es muy poco probable que suceda – es la siguiente: “Realizado operativo de limpieza en las calles de Montreal”. En esa regularmente fría urbe de Canadá, no se hacen operativos para recoger la basura porque, sencillamente, no se necesitan. Y no se necesitan los operativos porque de forma regular, periódica, constante, sostenida y planificada, se limpian a diario las calles de la ciudad. No en balde Montreal aparece muy frecuentemente en las listas de ciudades impecables del mundo.
Lo anterior no quiere decir que nuestros muy tradicionales operativos de limpieza, de recuperación de espacios públicos, de pago de impuestos, de arreglo de las calles, de dotación de hospitales, de vacunación, de cedulación, de entrega de becas, de inscripción en el seguro social, de venta de cemento o de expendio de alimentos, sean malos en sí mismo. Si  a  ver  vamos los operativos nos suelen sacar en más de una  ocasión, y como  decimos en criollo, “las patas del  barro”. Bendito sea, pues, el operativo  y bienaventurados los llamados a aprovecharlo.
Lo que ocurre es que el operativo es el signo de algo. O, mejor, el síntoma de que algo ocurre. Por ejemplo, el operativo de venta de gasolina indica, claramente, que el sistema regular de combustible no está siendo suficiente como para garantizar combustible a todos. Las razones de que esto sea así no las vamos a tratar aquí pero es obvio  que cuando se oferta  un operativo es porque, conscientemente, los responsables de un bien o servicio saben que la regularidad ha  sido trastocada por algún  factor.  Y eso  es un problema que, dependiendo  del momento, puede ser más o menos intenso.
Por  ejemplo, la falta de alcaparras en un momento  del año puede ser un problema de poca monta  pero  en  las semanas previas  a la Navidad este artículo, su   ausencia, puede convertirse  en  un dolor de cabeza para los consumidores y  expendedores si la oferta del producto  es poca. Tendrá que recurrirse a  algún operativo  de venta de alcaparras. Algunos  sonreirán pero,  de  seguro, no todos ya que el operativo  es y será siempre limitado, reactivo, ocasional, construido sobre una estructura temporal. Como el circo que llega a la ciudad y luego de las sonrisas y las maravillas, se va.
Es por ello que el operativo no debería ser más que un anecdótico momento, erigido a partir de situaciones ajenas a la regularidad de las acciones de gobierno. Es decir, es totalmente comprensible que se haga un operativo de cedulación en una comunidad remota de la frontera, ya que precisamente la regularidad del servicio no está presente en esa población.
Ahora bien, limpiar las calles de la ciudad, pintar aquí, recoger la basura allá, mediante operativos, indica que hemos fallado (todos, gobierno y comunidad) en la constancia. Que el operativo es el último recurso para enmendar lo que no pudimos hacer de forma planificada.

En esta línea, casi que debemos aplaudir gozosos que al menos se haga un operativo de limpieza en el  centro ya  que sin esa herramienta ocasional la cosa estuviese peor. Pero cuesta aplaudir porque ese modesto  acceso al bienestar común, a una mejor calidad de vida,  es el signo de problemas de gobierno, de participación, de inversiones, de consciencia, cuya solución seria llevará años cambiar. Somos adictos a los operativos porque en décadas no hemos logrado construir una  forma firme y seria de atender nuestros humanos asuntos. Y cómo sociedad adicta al operativo, dejarlos será toda una proeza de constancia y esfuerzo.

Feria y caos



Las Ferias del Sol no deberían – no hay razón – de ser uno de los momentos que genera mayor caos en la ciudad. Sobre todo en el eje de Las Américas con la Plaza de Toros.

Para las miles de personas que vivimos en esa zona de la ciudad, las Ferias no son ni remotamente un momento esperado. Todo lo contrario, es un tiempo de preocupaciones por la seguridad, de luchar por intentar ingresar a nuestras residencias, de esquivar borrachitos y de soportar a conductores que se creen dueños de la ciudad, de su gente y de la vida.

Vivir en Residencias El Viaducto, Las Marías, Cardenal Quintero, Rosa E., Los Apamates, Las Orquídeas, Jardín Cardenal Quintero, entre otras, es un tormento desde el momento en el que empiezan a sonar los estribillos de los primeros pasos dobles.

A sabiendas de este tradicional batiburrillo vial, las autoridades deberían aplicar nuevos planes y acciones, que encaren con mayor eficiencia los aspectos negativos derivados de la movilización ferial.


No estoy contra las Ferias porque considero que las mismas son un elemento dentro de la programación turística de la ciudad, pero sí estimo que la Feria debe sufrir una transformación que la haga el tiempo colectivo de mayor alegría para los que vivimos en Mérida y sus alrededores.

domingo, 3 de marzo de 2013

Feria Internacional: ¡acciones ya!






Creo que todos los merideños debemos empujar hacia un terreno fértil la anunciada iniciativa gubernamental de convertir a Mérida, a finales de este año 2013, en la sede de la Feria Internacional de Turismo de Venezuela.
La ocasión puede servir para que la ciudad pueda salir del actual marasmo en cuanto a obras y proyectos, sobre todo los vinculados con el espacio público.
Limpieza de todas las plazas y parques, mejoras en la demarcación vial (que ya se inició en algunas intersecciones), arreglo de paradas, limpieza del mobiliario urbano, desmalezamiento,  entre otros aspectos, deben contarse en la estrategia de poner la casa en orden ante la presencia de quienes nos visitarán a propósito de la Feria Internacional. Acciones, sí, pero hay que empezar desde ya.