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martes, 19 de enero de 2016

¿2016? diez cintas que hay que cortar



La crisis económica y los análisis que nos presentan los especialistas en área, nos hacen ver el 2016 como un gran signo de interrogación.  En lo personal, familiar y social,  nos asaltan los temores de un quiebre del aparato económico, expresado, entre otras situaciones,  en una voraz hiperinflación que dejará  hechas polvo nuestras ya menguadas finanzas.  
Esa es una lectura y parece ser la más probable. Por supuesto que a  la par, también surgen algunas voces esperanzadoras que pregonan que en cada crisis, por muy grave que sea, hay oportunidades y que la expresión “tocar fondo” no es aplicable a un país. Las posibilidades de cambio político o bien terminarán de llevar a un caos al país, merced de la batalla política que ya se escenifica entre los poderes, o bien ese mismo cambio será la clave para una recuperación.
En lo que a la ciudad de Mérida se refiere, nos preguntamos por el efecto que, en cuanto a terminación de obras prioritarias,  pudiera tener la crisis económica que ha llevado incluso a plantear una emergencia económica como hija de una guerra, sí,  también económica. Al menos así lo ve el gobierno para quien la culpa reposa siempre, entre otras latitudes, en otros sectores, en otros…
Mencionamos aquí 10 obras que este 2016 deberían ser inauguradas. En algunos casos el corte de cinta inaugural ya se ha dado, de forma irresponsable hay que decirlo,  o como mínimo de forma poco seria para con los ciudadanos, ya que se inauguran o parcialidades de una obra mayor (que sería la que debe ser inaugurada) o bien porque tales inauguraciones se hacen sobre obras en plena ejecución, es decir, con los obreros alrededor batiendo el cemento y cortando cabillas, como ha ocurrido de forma descarada  ante los ojos de los ciudadanos.
Van, pues, 10 de las obras que deberían inaugurarse este año. Son más pero esta es una lista prioritaria:


1.- EL TELEFÉRICO: Luego de anuncios de inauguración que se nos vienen haciendo desde el 2012, parece que ahora es tiempo de honrar ante Mérida y el país, una obra que debe ser terminada sin más dilaciones.

2.- EL ENTORNO DE LAS HEROÍNAS: Los turistas deben soportar situaciones tan deprimentes como entrar al sector Barinitas en medio de huecos, polvo y basura. ¿Qué esperan para terminar?





3.- EL BOULEVAR DE LA 24: Que ya  ha avanzado hasta la avenida 5. Esta obra es de gran peso para el turismo y la rehabilitación urbana. Hay que terminarla y si se hace a la par del Teleférico, mejor para la promoción de nuestra principal atracción turística.

4.-  El DISTRIBUIDOR DE LA VUELTA: Se anunció y hasta nombre se le dio: Juan Félix Sánchez. Pero no se menciona ya en el discurso del gobierno. Se afirma que podría ahorra más de media hora de tiempo a los que vienen desde la Trasandina.






5.- EL GIMNASIO VERTICAL: Su construcción iba a un buen ritmo pero alguien, un mal día, parece que se dio cuenta de la eficiencia y soltaron el pie del acelerador. Quedó a punto. Pero todavía nada.  El estacionamiento de la Plaza de Toros ahora es un caos.

6.- LA MEJORAS EN LA PLAZA DE TOROS: ¿Alguien se acuerda del proyecto del techado y arreglo al entorno de la Plaza Román Eduardo Sandia? Ya casi nadie habla de eso. La idea era convertir ese espacio en un verdadero complejo ferias, que no sólo de toros vive el hombre.






7.-  EL ENLACE PEDRO MEZA: En la vía hacia la parte alta de Los Curos, desde el pie de Los Maitines. Ese enlace debió terminarse hace dos años. Incluso se dijo que el dinero para terminarlo estaba aprobado. ¿Qué pasaría?

8.- LA AVENIDA DON TULIO Y LA CALLE 26: Las obras del Trolebús fueron inauguradas sin estar terminadas. Las paradas aún faltan, parte de los cercados, aceras y varias obras necesarias para el funcionamiento óptimo de esta importante obra.






9.- EL TROLE HASTA LAS AMÉRICAS: El Trolebús debe, ahora que está en el centro, tomar por el Viaducto y subir por Las Américas hacia la Plaza de Toros. ¿Se hará? ¿No se hará?

10.-  LA SALA PRINCIPAL DEL MUCUMBARILA: Una gran deuda con Mérida es el olvido hacia el Mucumbarila. ¡Ya hasta nos hemos acostumbrado a usarlo sin estar listo? La sala es necesaria. Mérida la necesita, su cultura y su turismo.


domingo, 6 de septiembre de 2015

Una extraña inauguración


Las imágenes mostradas se centran en ángulos que dan la impresión de obra acabada. La verdad es que el tercer tramo de la Línea 1 le faltan meses de trabajo.

Somos amigos del Trolebús porque lo consideramos un servicio enormemente útil para los ciudadanos merideños. Del Trolebús puede decirse cualquier cosa pero nadie puede negar el enorme impacto urbano que ha tenido para la ciudad (con sus muchos pros y sus innegables contras) y el gran servicio que diariamente le presta a decenas de miles de personas, gente que viaja a sus puestos de trabajo o estudio, con puntualidad, seguridad, comodidad y con gran economía.
Cuando decimos que el Trole ha tenido un enorme impacto urbano, lo decimos por sus aportes al ornato, vialidad, semaforización, modernización, mejoras en intersecciones, alumbrado, por sólo nombrar algunos aspectos. Sin la presencia del Trole, la reconstrucción total de la avenida Don Tulio Febres, por ejemplo, no hubiese sido posible en las actuales circunstancias económicas de la ciudad y el país.
Es más: Mérida es tal vez una de las ciudades venezolanas con mayor dinámica en cuanto a obras y esa cualidad positiva como urbe la ha logrado en buena medida, por la presencia del Trolebús y sus avances.
Reitero todo esto, porque son incontables las columnas escritas en las que hemos abordado estos aspectos, y para que no venga alguien a intentar señalarnos como enemigos del Trole o, como suelen hacer los más osados, por una extensión políticamente ridícula, “enemigos de la revolución” o cosas parecidas.
La puesta en servicio del llamado “tramo 3 de la línea 1” del Trolebús, entre la estación Mercado Periférico y la Calle 26, ha sido agradecida por muchos usuarios, no sólo porque el servicio llega al emblemático centro de la ciudad, sino porque permite conectar la Línea 1 con la 3 (el Trolcable). Pero también esa forzada inauguración ha sido duramente cuestionada por muchos sectores, quienes no entienden como una obra a la que evidentemente le faltan la terminación de estaciones, vialidad (sentido canal de bajada para el transporte), iluminación, cercados, entre otras obras prioritarias, se puso en servicio.
No deja de ser sospechosa una inauguración de este tipo en tiempos electorales. Una empresa como Tromerca debe evitar caer en la tentación de arriesgar la reputación de un sistema que ha funcionado con cierta eficiencia, sólo para complacer a algún alto funcionario político que quiere quedar bien ante sus jefes más inmediatos, el Presidente incluido.
Ahora bien, hay maneras de solventar los efectos de una errada decisión de inauguración forzosa. Una de ellas, tal vez la más importante, es la de terminar lo que falta.
Y en ese sentido, al menos lo indicamos con cierto alivio, hemos visto que, aunque inaugurado este tramo a la fuerza, las obras no se han detenido.
Quisiéramos imaginar que antes de diciembre la obra, plenamente terminada, pueda ser, esta vez sí con la seriedad que un servicio de este tipo amerita, reinaugurada como Dios manda, en este caso sin que queden vagando de un lado a otro, obreros, camiones, maquinaria y otras evidencias de que las cosas aún están sin terminar.

Todo esto lo decimos con el mejor de los ánimos. A quienes inauguraron este tramo del Trole a sabiendas de sus muchas obras sin terminar, les preguntamos si aceptarían ir a un restaurante y que les sirvieran el pollo totalmente crudo, la ensalada sin cocinar o el arroz duro porque aún no había hervido lo suficiente. Bueno, más o menos eso fue lo que hicieron con este tramo del Trole. Claro, el bus va y viene pero un sistema de esta magnitud no es sólo un bus lleno de gente. Quien así piense, está condenando al Trole a imitar al transporte convencional, sólo que rodando por una vía que nos costó millones de dólares.

Un aspecto de los inconclusos trabajos en el canal de bajada de la avenida Don Tulio. / Foto: Eddson /www.skyscrapercity.com/

lunes, 16 de febrero de 2015

Culturamente “Operativos”



Una noticia que sería casi imposible leer en la prensa o en cualquier sitio de Internet – porque es muy poco probable que suceda – es la siguiente: “Realizado operativo de limpieza en las calles de Montreal”. En esa regularmente fría urbe de Canadá, no se hacen operativos para recoger la basura porque, sencillamente, no se necesitan. Y no se necesitan los operativos porque de forma regular, periódica, constante, sostenida y planificada, se limpian a diario las calles de la ciudad. No en balde Montreal aparece muy frecuentemente en las listas de ciudades impecables del mundo.
Lo anterior no quiere decir que nuestros muy tradicionales operativos de limpieza, de recuperación de espacios públicos, de pago de impuestos, de arreglo de las calles, de dotación de hospitales, de vacunación, de cedulación, de entrega de becas, de inscripción en el seguro social, de venta de cemento o de expendio de alimentos, sean malos en sí mismo. Si  a  ver  vamos los operativos nos suelen sacar en más de una  ocasión, y como  decimos en criollo, “las patas del  barro”. Bendito sea, pues, el operativo  y bienaventurados los llamados a aprovecharlo.
Lo que ocurre es que el operativo es el signo de algo. O, mejor, el síntoma de que algo ocurre. Por ejemplo, el operativo de venta de gasolina indica, claramente, que el sistema regular de combustible no está siendo suficiente como para garantizar combustible a todos. Las razones de que esto sea así no las vamos a tratar aquí pero es obvio  que cuando se oferta  un operativo es porque, conscientemente, los responsables de un bien o servicio saben que la regularidad ha  sido trastocada por algún  factor.  Y eso  es un problema que, dependiendo  del momento, puede ser más o menos intenso.
Por  ejemplo, la falta de alcaparras en un momento  del año puede ser un problema de poca monta  pero  en  las semanas previas  a la Navidad este artículo, su   ausencia, puede convertirse  en  un dolor de cabeza para los consumidores y  expendedores si la oferta del producto  es poca. Tendrá que recurrirse a  algún operativo  de venta de alcaparras. Algunos  sonreirán pero,  de  seguro, no todos ya que el operativo  es y será siempre limitado, reactivo, ocasional, construido sobre una estructura temporal. Como el circo que llega a la ciudad y luego de las sonrisas y las maravillas, se va.
Es por ello que el operativo no debería ser más que un anecdótico momento, erigido a partir de situaciones ajenas a la regularidad de las acciones de gobierno. Es decir, es totalmente comprensible que se haga un operativo de cedulación en una comunidad remota de la frontera, ya que precisamente la regularidad del servicio no está presente en esa población.
Ahora bien, limpiar las calles de la ciudad, pintar aquí, recoger la basura allá, mediante operativos, indica que hemos fallado (todos, gobierno y comunidad) en la constancia. Que el operativo es el último recurso para enmendar lo que no pudimos hacer de forma planificada.

En esta línea, casi que debemos aplaudir gozosos que al menos se haga un operativo de limpieza en el  centro ya  que sin esa herramienta ocasional la cosa estuviese peor. Pero cuesta aplaudir porque ese modesto  acceso al bienestar común, a una mejor calidad de vida,  es el signo de problemas de gobierno, de participación, de inversiones, de consciencia, cuya solución seria llevará años cambiar. Somos adictos a los operativos porque en décadas no hemos logrado construir una  forma firme y seria de atender nuestros humanos asuntos. Y cómo sociedad adicta al operativo, dejarlos será toda una proeza de constancia y esfuerzo.

viernes, 6 de febrero de 2015

Dinero y obras





Se corre el grave riesgo de que con todos estos anuncios de ajustes en vista de la abrupta caída de los precios del petróleo, varias obras importantes que se ejecutan en Mérida puedan sufrir aún mayores retrasos.

Hablamos de los trabajos del Teleférico, del Trolebús, de las soluciones viales (como el elevado en la vuelta de Lola y el distribuidor Iberia en El Vigía) y otras acciones como la del bulevar de la calle 24.

Y es que si con dinero disponible esos trabajos se han prolongado hasta el fastidio ¿Cómo suponer que ahora, en este ambiente de promesas de austeridad, sí se ejecuten a tiempo?


Los ciudadanos deberemos estar muy atentos al avance de estas obras no con el ánimo de ser obstáculos en su ejecución sino vigilantes, contralores, de una ejecución que garantice la finalización de las obras para el bien del colectivo.

domingo, 30 de noviembre de 2014

El derecho a cuestionar



Malagradecidos. Somos unos malagradecidos. Así lo reiteraba como una oración un taxista que me llevó hasta el centro, pasando justo al lado de los trabajos que adelanta Tromerca en la calle 26, como nueva etapa en la ampliación de la ruta del Trolebús.
El taxista quería ilustrarme sobre lo que había escuchado en muchas personas e incluso en varios de sus colegas conductores quienes ya se lamentan de las horas que perderán varados en colas eternas cuando les toque pasar por el casco central.
“Se quejan de los trabajos como si eso no fuera parte del progreso”, remarcaba el taxista.
Y yo, mientras veía las máquinas hacer añicos la  antigua calzada de la 26, entre la 7 y la 8, asentaba con la cabeza los puntos de vista de este señor que encontraba un inesperado equilibrio ante las obras que marcarán el día a día de los merideños, al menos por todo el 2015.
La razón asistía a este taxista por varias circunstancias que ya hemos comentado en otras columnas. Por ejemplo: Mérida es en este momento una de las ciudades donde, pese a la crítica situación económica y de gobierno, puede mostrar varios frentes donde precisamente ese gobierno hace algo. Usted puede estar de acuerdo o en desacuerdo, gustarle o no, pero deberá admitir que el Gimnasio Vertical que se levanta junto a la Plaza de Toros, los trabajos del Trolebús, las obras del Teleférico, la construcción de gran bulevar de la calle 24, el proyecto del distribuidor de la entrada norte de la ciudad, entre otras iniciativas, son, todas proyectos que se ejecutan en un país en el que muchas veces no es mucho lo que se hace.
Las energías de la crítica parece que deben dirigirse hacia otro flanco. Por ejemplo, se puede hacer presión para que las obras se hagan de la forma más rápida posible, tomando en cuenta que para nadie es grato permanecer la mitad del día en una cola mientras el carro se recalienta.
También se le puede pedir al gobierno que use de forma clara y pulcra los recursos que se le asignen, de tal manera de que no existan cuestionamientos por lo manejos de los recursos y que esa no sea una excusa para justificar el retraso de la obra.
Lo que no se puede hacer es decir que la obra no se debe ejecutar porque “me hace perder el tiempo”, o porque “el ruido de la maquinaria molesta mi siesta durante las tardes”. Eso no es pensar en el beneficio colectivo. Y si no, pregúntele a los vecinos de la cuenca del Chama, quienes ahora disfrutan de un Trolcable eficiente y que les da un sentido de respeto a la propia condición humana, convirtiendo dos horas de tedio en un autobús en 3 minutos en una cabina digna de lo que algunos llaman “el primer mundo”.

¿Todo lo dicho, entonces, quiere decir que no tenemos derecho a cuestionar lo que hace el gobierno y que debemos aplaudir como borregos todo lo que se nos presente? Ciertamente no. Pero siendo pragmáticos y con un sentido de la participación más activo y vigilante, lograremos aprovechar las pocas bondades del accionar público y convertir esa obra en algo que nos haga la vida mucho mejor.

lunes, 27 de octubre de 2014

La ciudad entre todos



Me sorprende que el alcalde de Mérida, Carlos García, acompañado por sus directores de gobierno y por varios asesores, tengan que salir en rueda de prensa a recodarle a las autoridades de la Gobernación del estado Mérida – entiéndase: políticamente distintos – que cualquier obra que se ejecute en la jurisdicción geográfica y política del Municipio Libertador, debe incluir la participación y notificación a las autoridades locales de lo que la persona, ente o empresa piensa construir, mejorar, arreglar o acondicionar.
¿Parece obvio verdad?, ¿Parece prudente verdad?... Pues lo obvio y lo prudente no calzan en esta historia y de allí que tengamos que ver escenas como las señaladas en el primer párrafo de este escrito: un alcalde que le pide al Gobernador algo así como: “Señor, usted está trabajando en el área donde yo también gobierno. Por favor, al menos avíseme lo que piensa hacer”.
Este incidente no es nuevo. Ya con la construcción del Gimnasio Vertical que se levanta a buen paso en los terrenos del estacionamiento de la Plaza de Toros de la ciudad, se produjo un toma y dame en los cuales el principal argumento del gobierno regional era que el alcalde se oponía a la obra por pura oposición barata, que no pensaba en los merideños y que estaba en contra de los deportistas y del propio desarrollo de Mérida.
Los argumentos del alcalde, en aquella ocasión, eran que no estaba en contra de un gimnasio pero que reclamaba aspectos como la no participación a la Alcaldía de la ejecución  de la obra y el desconocimiento que exhibía la Gobernación hacia la autoridad local, en cuanto a no mostrar el proyecto integro de la obra, más allá de que ésta fuese promovida por el propio gobernador.
Bien: en esta ocasión el escenario no es muy distinto. La Gobernación del estado Mérida está emprendiendo un plan de rescate de la calle 24, para convertirla, hasta donde sabemos, en un bulevar que conecte con Las Heroínas. Es una obra que creo que cualquier merideño aplaudirá debido a los positivos efectos urbanos que conllevará, además de convertir ese eje entra la Plaza Bolívar y Las Heroínas, en un icono turístico adicional para la Mérida.
Pero una vez más la Alcaldía reclama que no la han tomado en cuenta para semejante proyecto.
Si vemos este incidente en perspectiva, se entiende que las buenas intenciones no son suficiente respaldo legal para llevar adelante un proyecto. Por lo visto, de fondo, eso es lo que la Gobernación sostiene: la obra es positiva, es buena, le conviene a la ciudad…Por eso la hacemos y siendo así, no tenemos que tomar en cuenta la opinión del gobierno local, el de la ciudad de Mérida.
Ese argumento es bastante pobre porque cualquier obra, pública o privada, gana más involucrando en ella a la mayor cantidad de actores. Estoy seguro que con unas reuniones amplias y sin ningún otro interés que el de la ciudad, tanto la Alcaldía como la Gobernación pueden llegar a acuerdo fundamentales sobre lo que necesitamos los merideños.

Presumimos que tanto Alexis Ramírez como Carlos García desean el bien para Mérida y los merideños. Si ese es el punto de partida común… ¿Por qué no construir la ciudad entre todos?

domingo, 5 de octubre de 2014

El rancho es una afrenta



Esta historia ya la había contado, lo sé, pero al observar el resurgimiento de algunos procesos de “ranchizificación” en Mérida y Ejido, creo que vale la pena tener estas referencias en cuenta. Siga leyendo.
De los ya lejanos años 80 nos llegan los recuerdos infantiles de los inmensos ranchos que simbolizaban el estatus  de sus opulentos propietarios, en los famosos pero interminables melodramas norteamericanos como Dallas, Falcon Crest o Dinastía.
Entonces me inquietaba que algo tan ostentoso como los ranchos propiedad de los magnates petroleros texanos, pudieran llamarse igual que los ranchos a los que nosotros estamos acostumbrados en nuestra realidad venezolana y que son, por decir lo menos, la manifestación más patética de lo que debería ser una vivienda.
El “rancho” de la serie de televisión Falcon Crest era una mansión, con decenas de cuartos, habitaciones cuyo uso era sólo conocido por sus dueños, piscinas, grandes jardines y sobre todo infinitas entradas en los que había que recorrer una calle interna flanqueada por altas palmeras que se mecían con el viento.
Nuestros ranchos eran (y siguen siendo) lo opuesto: cuatro “paredes” de cualquier material de desecho, una puerta, piso de tierra, todo decorado con una profunda desesperanza.
Cuando niño, un amigo del colegio se negaba a que yo lo visitara para ir a hacer las tareas en su casa. El siempre me visitaba y al final de la jornada casi como un fastidio yo terminaba preguntándole cuándo podría visitarlo, una propuesta que más que por curiosidad la hacía por el sólo hecho de lograr la aventura infantil de ir a un lugar distinto a mi casa. Pero Emilio, que sí se llamaba mi amigo, esquivaba la conversación y se incomodaba.
Un día, sin que él lo supiera, fui a visitarlo, con la excusa de un trabajo escolar. Él vivía en el mismo barrio y yo sabía la dirección por algunas referencias. Pregunté a algunos vecinos y me señalaron una estructura que no tenía forma de casa, mucho menos de hogar. Era un rancho.
Me acerqué y grité el nombre de Emilio. De aquella precaria caja de latón oxidado y destartalado salió mi amigo, sorprendido y junto a él varios de sus hermanos más pequeños se asomaron curiosos. Se quedó parado allí con cara de disgusto pero, sobre todo, con una enorme vergüenza reflejada en sus ojos. Allí supe que el rancho era más que varias hojas de latón unidas en un vano intento de esculpir un hogar: era la negación de los sueños, la imposibilidad de tener un poco de privacidad, una ofensa a la dignidad, una marca excluyente, un castigo injusto.
A estas alturas sé que el diccionario le ofrece a la palabra rancho, dentro de sus muchas acepciones, la de choza pobre, descripción que se ajusta en parte a nuestros ranchos y no tanto a la que se usa allá en el norte.

Pero el rancho, nuestros ranchos, significan más. Esos ranchos que se asoman en distintas partes de la ciudad y del estado Mérida, son un peso. Una vergüenza como la que intentaba ocultar mi amigo Emilio. Por eso, erradicar los ranchos debe ser una cruzada de todos, con el gobierno como principal responsable a la cabeza. Una cruzada para acabar con la negación a la dignidad humana.

domingo, 29 de junio de 2014

De las plazas refundadas



A mediados del año 1991 (o sea, hace poco más de dos décadas) leí un trabajo periodístico que indicaba que Mérida era la ciudad de Venezuela con mayor cantidad de plazas y parques.
La verdad era que un paneo, un otear sobre la Mérida de inicios de los 90, revelaba que era del todo cierta esa información sobre la gran cantidad de espacios públicos disponibles. Plazas por aquí, parques por allá.
En son de broma, en una oportunidad el ex alcalde Fortunato González afirmó que Mérida era también la ciudad con más estatuas y bustos del país, y que llegado el momento cada uno de nosotros (¿por qué no?) tendría su propio legado en cemento, para no decir bronce u otro mineral más codiciado.
Así, una plaza dedicada al fútbol (allí, junto a Glorias Patrias) con un balón coronando el pedestal, hasta un inquieto Charlot pedestre – como todo Charlot - allá en la avenida 1, hasta un avión militar, un tanque, una trucha, heroínas y héroes, escritores, artistas y hasta un Orlando Paredes, especie de gurú local de la belleza o también el “Osmel Sousa merideño”, todos tienen aquí en Mérida su espacio para el homenaje, su plaza, su busto.
Pero bien, el tema de la cantidad de espacio público disponible es crucial en los registros modernos más exigentes para determinar puntajes sobre calidad de vida. Para decirlo más claro: a más espacios públicos, mejor calidad de vida. No es la única variable, se entiende, pero sí es una que con el correr de las décadas y la presión demográfica sobre las ciudades, se vuelve más determinante.
El caso es que nuestra cantidad puede ser motivo de orgullo pero la calidad de esos espacios, sobre todo en lo referente al mantenimiento y conservación, es una prueba que dudosamente podríamos pasar.
Hay plazas, incluso, que fueron tragadas por el olvido gubernamental. Por ejemplo, el Paseo Luciano Noguera Mora, que comunicaba a la avenida Andrés Bello con la entrada a la urbanización Belenzate, usando las riberas del río Albarregas: éste espacio desapareció por falta de mantenimiento.
Eventualmente una administración en la alcaldía corta el monte, recoge la basura de esos espacios olvidados y es como si, cual hallazgo arqueológico, hubiesen dado con una plaza perdida de una civilización remota. Entonces, con toda pompa, “inauguran” la nueva plaza, tal vez con nuevos bustos u otros motivos. Pero no es más que un espacio que ya estaba allí, sólo que la refundación, por lo visto, aporta mucho para el prestigio de la gestión del gobierno local o regional.
Dada la situación de precariedad de algunas plazas, cualquiera agradecería el  “rescate”, más allá de que un operativo de limpieza, iluminación, arreglo y pintura sea catalogado de inauguración. Eso es lo de menos: lo importante sería que realmente existiera un proyecto completo que monitoree de norte a sur y de este a oeste, todos los espacios públicos que existen en la ciudad y se le mantenga en condiciones de uso, para que puedan ser sumados, computados, a los metros cuadrados que requiere Mérida para su desarrollo humano.
Valga agradecer al sistema de transporte masivo Trolebús (puntualmente a Tromerca) el mantenimiento de áreas verdes pertenecientes a esta red. Sabemos que muchos consideran que el Trole no mejoró los espacios públicos sino que, por el contrario, los afectó, los disminuyó. Eso es un tema para la discusión pero debe reconocerse que el servicio al menos aplica una política de mantenimiento que permite disfrutar de cierta estética visual en las área verdes, cosa que se agradece en una ciudad en la que, como hemos apuntado, la basura, el monte, los escombros y la desidia gubernamental y en cierta forma ciudadana, atentan contra esa tradición de espacios verdes por la cual Mérida se ha hecho famosa.

Ahora que el Parque Beethoven va a ser objeto de remodelación y mejoras, una revisión de todos los espacios verdes sería un gran aporte para la Mérida turística.

domingo, 17 de noviembre de 2013

La fuente de La Vuelta





Es impresionante lo que una fuente puede lograr como elemento urbano.
En varias ciudades del mundo las fuentes son de los espacios más concurridos y visitados.
Por ejemplo, la Fontana di Trevi es un símbolo de Roma y por lo mismo está anotada en la mayoría de los recorridos de los turistas.
Otra fuente icónica es la llamada fuente Buckingham, aunque no está en Inglaterra sino en Chicago, en Estados Unidos.
Una fuente impresionante es la del Rey Fahd,  situada en Arabia Saudí, la  cual, por cierto, es considerada la fuente con el chorro de agua más alto de todo el mundo, ya que alcanza los 300 metros de altura.

Los merideños disfrutamos desde hace unas semanas de la fuente de la redoma 5 Águilas Blancas, en la Vuelta de Lola, ubicada en la entrada norte de Mérida. Su columna de agua, que se eleva 25 metros, es todo un espectáculo y ya se ha ganado la atención de los turistas. Ojalá la mantengamos, la cuidemos y mejoremos. 

Si quieres leer más sobre el tema, acá te dejo el siguiente enlace para que conozca más sobre las FUENTES

domingo, 4 de agosto de 2013

Atienden a Lola



Leímos esta nota hace unos días  y la compartimos con ustedes por lo positiva: “La entrada norte de la capital merideña, en el popular sector de La Vuelta de Lola vive un proceso de remodelación, específicamente en la redoma que recuerda a las legendarias Cinco Águilas Blancas  y le dan la bienvenida a turistas y merideños quienes ingresan a la ciudad de Mérida a través de la Carretera Trasandina”.
Según la nota de prensa de Corpoandes el arreglo tiene  ya una importante cantidad de recursos (sobre el millón 200 mil bolívares) que garantizan que “las esculturas estarán acompañadas por una fuente que contendrá  un diverso juego de luces que recibirá a propios y a visitantes”. Dan fecha de entrega: “se estima que la obra esté terminada para la segunda quincena de agosto, adornando aún más los ya hermosos paisajes de la ciudad de Mérida”. Que así sea.


domingo, 30 de junio de 2013

Seguimos los anuncios




Ahora, transcribo parte de una nota de prensa emanada de la propia Oficina de Comunicación Institucional (OCI) y que por lo tanto le da carácter oficial a los anuncios sobre el teleférico.
Allí, en las siguientes líneas se dejan claramente establecidas dos fechas, o al menos dos momentos: el inicio de una fase de pruebas este año y la apertura del teleférico “al público” antes de finalizar el 2014. Aunque las fechas se siguen extendiendo sin razón ni medida, al menos hagamos registro de los anuncios para cuando llegue el momento de fiscalizar como ciudadanos. La nota dice así:
“El gobernador de Mérida, Alexis Ramírez, resalta como prioridad en los planes turísticos para la entidad, el inicio de la fase de prueba del Sistema Teleférico durante el mes de septiembre de este año, con el propósito de abrir sus operaciones al público el segundo semestre de 2014, y brindar así la posibilidad a propios y visitantes de disfrutar las maravillas naturales de la Sierra Nevada”.

domingo, 9 de junio de 2013

No le perdamos pista al aeropuerto






Como periodista – y más como ciudadano merideño – me ha tocado comprobar que sobre el aeropuerto Alberto Carnevali hay dos visiones claras, pero encontradas. Están aquellos ciudadanos que consideran que este aeropuerto merideño no debe volverse a abrir por su peligrosa ubicación (lo que entraña un grave riesgo en sus operaciones)  y porque en el espacio que ocupa pueden ubicarse varios servicios que requiere la ciudad como interconexiones viales - por ejemplo entre la avenida 16 de septiembre y la Urdaneta -  construcción de parques, teatros, ciclo vías, centros culturales, áreas comerciales, entre otros.
En algunos casos los que apoyan esta interesante propuesta dejan abierta la posibilidad de que se construya un helipuerto, para usarlo en casos de gran emergencia. Esa, pues, es una de las visiones sobre el aeropuerto.
La otra mirada, en la que por cierto yo me anoto, plantea que el aeropuerto debe seguir operando y, más aún, incrementar su actividad. Las razones básicas de esta tesis tienen que ver con el desarrollo del turismo, con la existencia de tecnologías que permiten controlar el riesgo de operaciones a niveles seguros y porque las condiciones geográficas de nuestro estado apuntan a la presencia de aeropuertos que puedan suplir el cierre intempestivo de vías terrestres, aspecto ya comprobado por los propios merideños.
No podría aventurarme a decir cual de las dos visiones tiene más seguidores, pero lo que sí está claro es que al menos para las autoridades gubernamentales, la opción de reapertura del aeropuerto es la que mayor peso ha ganado.
Claro, esa operatividad aeroportuaria tiene que vérselas con anuncios que paradójicamente quedan “en el aire”, o sea promesas que van y vienen y que nunca llegan a aterrizar.
Esas promesas incumplidas del gobierno regional y nacional han alimentado un robusto escepticismo que no necesariamente nace de una postura antigubernamental sino que ha sido una respuesta natural de una comunidad ante la burla. Me explico:  no es que se apueste a que los planes del gobierno salgan mal, sino que una pesada burocracia, la politiquería, los anuncios alegres, una poca efectiva y consecuente acción gubernamental para con el aeropuerto, han llevado a retrasos tras retrasos, todos comprobables en cualquier revisión somera de nuestra historia local reciente.
Los que apostamos a un renacimiento de las operaciones aéreas para Mérida – sin descuidar la alternativa de El Vigía – debemos, sin embargo, tomar con la mayor esperanza los anuncios que en caliente acaban de hacer no sólo Hebert García, ministro del Poder Popular para el Transporte Acuático y Aéreo, sino también el vicepresidente de la república, Jorge Arreaza y el Gobernador Alexis Ramírez sobre que en agosto, es decir en 2 meses, estará operativo el aeropuerto merideño.
A este nuevo anuncio de reapertura se sumaron el presidente de Conviasa, César Martínez,  el representante de Lamia, Ricardo Bastardo y uno de los propietarios de Avior Airlines, Jorge Añez. Ante tanta palabra optimista los merideños no debemos perderle la pista a esta importante noticia. Como en los anuncios del sonido interno de los aeropuertos estaremos atentos al último llamado.
Una nota periodística sobre esta informaciión puede leerse en El Nacional