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domingo, 1 de noviembre de 2015

La basura gana la partida


Un aspecto de la basura acumulada en la parte media del sector Los Curos. / Foto Cortesía Carlos Unshelm


Nos unimos y solidarizamos con la denuncia, reiterada y constante, que nuestro amigo Carlos Unshelm hizo recientemente sobre la evidencia de que aún la ciudad de Mérida no ha logrado estabilizar su problema en cuanto a la recolección de desechos sólidos.

Sabemos que mantener la ciudad limpia, aseada, pulcra, no es tarea fácil por varias razones pero donde destaca la falta de civismo de muchos ciudadanos a los que no les importa tirar todo tipo de desperdicio a la calle. Lo otro es que para muchos, si la basura no está en “mi casa”, pues deja de ser mi problema, por lo que al lanzar a la calle  hasta colchones y aparatos viejos, se imaginan que se libran de un problema…Sólo que lo que hacen en magnificarlo ya que en los espacios públicos la basura nos afecta a todos.


Volviendo con la denuncia de Unshelm, uno de los sectores más afectados por la inoperancia de los entes y funcionarios de gobierno, es la urbanización Los Curos. Carlos Unshelm, quien es experto en el tema del manejo de desechos, se pregunta: ¿qué hace: el gobernador, alcalde, concejales, diputados, legisladores y la comunidad..., al respecto? Pues la respuesta, triste, es que ¡No hacen nada! ya que el problema sigue presente, no disminuye sino que, por el contrario, tiende a aumentar. La ciudad se nos pierde entre la inmundicia. Hacer un esfuerzo por la limpieza debería ser una cruzada ciudadana y no sólo una responsabilidad gubernamental.

lunes, 2 de marzo de 2015

El favor completo


En los últimos días he pasado varias veces por la carretera Rafael Caldera, conocida comúnmente como “Mérida-El Vigía” y que está integrada por la famosa Variante y el sistema de túneles que hacen posible el viaje hasta la calurosa y dinámica ciudad de El Vigía, teóricamente en menos de una hora.
Debo reconocer que la vía en casi toda su extensión se encuentra en excelente estado. Además, salvo algunas luminarias, los túneles se encontraban despejados y bien mantenidos.

La nota discordante la observé en las márgenes de la vía: totalmente llenas de basura por obra y gracia de usuarios inconscientes pero también de autoridades municipales y regionales poco enteradas del tema del mantenimiento. A ver: se trata de una carretera en buen estado y hermosa en su recorrido. La basura es un mal menor pero en una vía tan intensamente usada por los turistas ese detalle no es poca cosa. Por favor alcaldes y Gobernación: hagan el favor completo.


viernes, 6 de febrero de 2015

La basura es nuestra elección





La complicada naturaleza humana tiende a ser aún más difícil de descifrar cuando la asumimos en el ámbito colectivo. Si cada cabeza es un mundo, entonces comprender a toda una población es aún más complejo.
Por ejemplo, si usted aplica una encuesta para saber sí los habitantes de Mérida creen que su ciudad está sucia, es muy seguro que ese estudio arroje altas cifras que confirman la percepción que vivimos en una ciudad alejada del ideal de limpieza. Pero si le pregunta a esas mismas personas cual es el origen de toda esa basura, apuntarán con el dedo hacia quien tienen al lado o hacia el gobierno.
Es como si los desechos tuviesen vida propia y durante las noches salieran  de las papeleras y depósitos para irse a acumular en calles, plazas, parques y avenidas.
Es suma: vivimos en una ciudad construida a la medida de nuestro comportamiento colectivo. Está comprobado que un comportamiento ciudadano en favor de la limpieza de la ciudad, que puede significar algo tan sencillo como no arrojar desperdicios en los sitios públicos, puede replicarse cuando el entorno obliga a los que ensucian a mejorar su comportamiento.  Pero, por el contrario, si todos ensucian es muy poco probable que los que aún mantienen la promesa de no ensuciar, la mantenga. Sencillamente porque la elección colectiva fue ensuciar, vivir entre la inmundicia.
Así es: si Mérida está sucia no es solamente porque nuestras autoridades hayan sido históricamente incompetentes para arreglar ese problema, sino porque la sumatoria de mentalidades contrarias a la limpieza son más que los que sí deseamos vivir en una ciudad que intente acercarse a ejemplos mundiales de pulcritud como Calgary, Kobe, Honolulú, Otawa, Helsinki o Montreal.
En el caso de la ciudad de Calgary, esa ciudad es según todos los estudios, la ciudad más limpia del mundo. Según una nota de prensa “Calgary es una ciudad ecológica con agua purificada y una excelente distribución de sus recursos. Dispone de un centro de tratamientos de aguas usadas que recicla y purifica 100 millones de litros de agua al día. El 75% de la energía de la ciudad proviene de energías renovables con un programa puntero en el ámbito de reciclaje de desechos”.
Aún con el gobierno más ineficiente en materia de recolección de desechos, si los ciudadanos asumen su sencillo rol de “no ensuciadores” la ciudad mostraría un rostro limpio y aseado. Claro que es importante que el aseo urbano limpie y asee de forma constante y eficiente, pero, repetimos, eso es solamente una parte de la historia y no precisamente la más importante de aquellas ciudades que se ubican en el sitial de más limpias del mundo.

Lo bueno es que esa elección que en Mérida ha ido ganando terreno, como es la de vivir entre calles llenas de basura, puede revertirse de forma progresiva, paciente. La educación a los niños es la base sobre la que debe construirse una mentalidad más amable para con el entorno. Pero la información hacia la ciudadanía, las campañas y la organización social, pueden enrumbarnos hacia la elección correcta. Todo ello con una presencia nítida de la autoridad y las sanciones que estructuren un entorno en favor de la limpieza.

martes, 14 de enero de 2014

Los dineros de la basura





Sería muy importante que en esta nueva etapa de la Alcaldía de Libertador, con Carlos García al frente, se  generara mayor claridad – a  partir  de informaciones precisas  y constantes   - sobre los mecanismos de recaudación para  sostener y mantener el servicio de aseo urbano.

Planteo esto porque donde yo vivo, un conjunto residencial con 400 apartamentos, es notoria la desinformación de los vecinos, incluso de los que  hacemos parte de alguna Junta de Condominio, sobre la forma de cancelar el servicio, el monto, las deudas atrasadas, los sitios de pago y los mecanismos  especiales que deben activarse para hacer fácil y rápido el proceso de ponerse al día al respecto. Para que funcione el servicio de aseo, hacen falta recursos.  

domingo, 2 de diciembre de 2012

Luz sobre la basura






El anuncio de crear una empresa que se encargue del barrido, recolección y disposición final de los desechos sólidos de la ciudad de Mérida es una buena noticia en medio del desespero ciudadano desde que la basura se convirtiera en el nuevo emblema de esta hermosa urbe. Llevamos medio año en esta crisis y hasta ahora, a más de los operativos especiales y la buena voluntad que expresan los distintos sectores, nadie había propuesto una estructura que asuma un trabajo que no puede ser atendido con operativos porque los desechos son un tema de todos los días. Por lo tanto, saludamos la iniciativa del candidato Alexis Ramírez y deseamos que la propuesta vaya más allá y se convierta en un ejemplo para el país de manejo serio y eficiente de la basura. Lea AQUÍ la noticia completa.

martes, 30 de octubre de 2012

La bacteria





El 90 por ciento de las bacterias no han sido descritas. No se conocen. No es de extrañar entonces que la bacteria que ataca en estos momentos a la ciudad haya pasado desapercibida para la  microbiología y más específicamente para el ojo de los bacteriólogos más competentes, que en Mérida los hay y muchos.
Esta bacteria se ha desarrollado y ha proliferado hasta el rincón más apartado del municipio Libertador. Y la basura la ha expuesto, le ha brindado la oportunidad de manifestarse. Debo explicar – ya que no soy médico ni científico de los que van de batas con probeta en mano – que la bacteria, nuestra bacteria, no vive en la basura, ni es en los desperdicios donde se produce. Claro que el basurero sobre el que nos ha puesto a caminar a diario la incompetencia de ciertos funcionarios públicos (que por lo visto tienen la nariz tapada) es un caldo de cultivo para millones de bacterias que aprovechan este territorio liberado para la inmundicia – o sea, Mérida – para darse la gran vida. En pocas palabras, si yo fuera una bacteria, me encantaría vivir en Mérida.
Pero esas son bacterias comunes y corrientes, vulgares más bien. La bacteria a la que yo me refiero posee otras cualidades y es por ello que, como dije, no surge de la basura aunque sea el desastre de la basura la que le ha permitido mostrarse.
Nuestra bacteria se reproduce democráticamente entre los habitantes, llevándolos a pensar que la basura que vemos por toneladas es parte de un decorado normal de la ciudad. Es decir, esta bacteria no ataca nuestro cuerpo físico sino la capacidad mental, el raciocinio, la forma de ver las cosas. De allí su extrema peligrosidad porque crea la percepción de que todo está bien: que vivimos en una Mérida perfecta, con calles inmaculadas, aceras y paredes limpias. ¿Cómo podemos explicar que los habitantes de Mérida llevemos cinco meses conviviendo con miles de kilos de basura en aceras, calles, plazas, parques, hospitales, casas, comercios y escuelas, y no hayamos reaccionado con la contundencia de solicitar, por ejemplo, un revocatorio del mandato para todos aquellos que nos llevaron a este desastre? ¿Cómo explicar que cuando vamos manejando y nos asomamos por la ventanilla saludamos alegres a ese poco de turistas que van por la acera, cuando en realidad lo que hay allí son bolsas negras en fila india? ¿Quién puede darle una explicación al hecho de que nuestros niños, en las mañanas, lleguen dando saltitos de felicidad a sus aulas de clases y digan que jugaron a brincar “muchas cosas” por el camino?… Sí: bolsas con desperdicios descompuestos, cajas y hasta animales muertos.
La explicación a esta pesadilla de la basura es que algo nos ha llevado a aceptar la convivencia con semejante cuadro de desvergüenza municipal y gubernamental. La explicación de porque una pequeña ciudad como Mérida, de una escala o tamaño manejables, que genera mucha basura pero en un área totalmente manejable para cualquier empresa medianamente eficiente (o para un gobierno medianamente eficiente) es que hay una cosa, por allí, que, un mal día, nos cambió la percepción de que vivir entre la basura no es lo correcto ni es lo que nos merecemos. ¿Ya adivinó? Así es: la bacteria, nuestra bacteria, la no descubierta pero la culpable de que tengamos una cosa al frente y veamos otra. No veo otra explicación. Si usted tiene otra, es hora de mostrarla. Tal vez sabiendo lo que nos pasa, podamos encontrar el tratamiento.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Ojalá fuese sólo la basura





Difiero de aquellos que piensan que el problema de Mérida, en esta hora menguada que vive la ciudad, está limitado a la recolección de desechos sólidos. Más claro aún: no es el presente un problema de recoger o no la basura.
Los desechos amontonados y regados por aceras, calles, plazas, avenidas, esquinas y rincones, no son otra cosa que la punta del iceberg de un problema que no sólo revela la incompetencia de las autoridades políticas de la ciudad (el alcalde y los concejales) sino que también devela la inmisericorde actitud anticiudadana de muchos de los que habitamos esta pedazo de los andes.
Lo anterior no es un intento por minimizar la gravedad del problema de recolección. Si usted deja un día a la ciudad de Mérida sin servicio de recolección de desechos, al final de ese día se habrán sumado en los pipotes, toneles, cestas y contenedores 150 mil kilos de basura. ¿Se acuerda usted de aquellos aviones grandes de Avensa y Servivensa que aterrizaban en Mérida en tiempos mejores para el aeropuerto? Esos aparatos pesaban 80 mil kilos cada uno (es decir 80 toneladas). Pues bien, cada día los que habitamos la ciudad generamos con nuestras actividades el equivalente en peso a dos de esas enormes aeronaves. No hay que ser pues un Albert Einstein e inventar una ecuación especial para saber que en poco más de una semana hay la impresionante cifra de un millón y medio de kilos de basura varados en nuestra cotidianidad.
Así pues, recoger la basura es un tema prioritario pero, insisto, no es más que la expresión de otros asuntos previos no resueltos.
Por ejemplo, ayer domingo recorrí la calle 26, Campo Elías, y más allá de la basura acumulada en bolsas, era evidente que la otra basura, la del papelito, el vaso de plástico, la servilleta, el envoltorio de la chuchería, las colillas de cigarrillos, los periódicos viejos, las botellas y bolsas plásticas, competían en importancia con el problema, hijo de la no recolección. Había tanta basura regada – evidencia de ciudadanos inconscientes – como basura almacenada en la frustrante espera de un camión que la recogiera.
Recordemos una cosa: cuando salimos de viaje y visitamos algunos de esos países que algunos llaman desarrollados, de seguro la impresión que nos acompañará siempre será la de haber estado en un lugar limpio, aseado, ordenado, pulcro. Humanamente eso nos impresiona.
Pero cuando llegamos a nuestra casa, la ciudad de Mérida, algunos pasamos a “modo cerdo urbano” y pareciera que vamos llenando nuestro entorno de basura ¿Para sentirnos a gusto?
Puede que se compren camiones y recojan nuevamente la basura pero, de fondo, seguirá existiendo una colectiva generación de desechos cuya única posibilidad de cura es que admitamos que cada uno de nosotros puede ser el paño con el que Mérida se limpia la cara o bien, la mancha que la desfigura.

domingo, 29 de abril de 2012

Historias de la guerra de la basura


Escenario: Ciudad de Mérida, capital del estado del mismo nombre, zona sur-occidental de Venezuela, región andina, por sobre los mil 600 metros de altitud.

Primer desperdicio:
Un grupo de personas recorren la avenida 4 con carteles que exigen “Una ciudad más limpia”. No faltan las pancartas con imágenes del planeta Tierra atragantado de basura y de árboles esqueléticos.
La marcha, eufórica, invoca frases ambientalistas, pide conciencia colectiva para “salvar a Mérida de la basura”. Los manifestantes apuntan sus dedos a los ciudadanos parados en las aceras como si fueran prisioneros de guerra, listos para ser llevados al paredón por su pésimo comportamiento cívico.
Dos horas después la marcha termina frente a la Plaza Bolívar. Los manifestantes, acalorados, toman agua mineral, helados y refrescos. Tras de sí dejan una alfombra de papeles con consignas, botellas y otros desperdicios. Una barrendera los ve irse satisfechos. Ella toma su escoba y suspira hondo mientras recoge toda la basura dejada en nombre del ambiente. Ella, silenciosa, es la verdadera ecologista…Sólo que nadie se enteró.

Segundo desperdicio:

Tres altos ejecutivos dirimen cómo encarar el fuerte reto. Se rascan la cabeza, caminan por la espaciosa oficina, se asoman por las paredes de vidrio y observan las calles de Madrid. Toman café y repiten el ritual de rascarse la cabeza y otear el horizonte.
La puerta se abre de repente. Entra un hombre de rostro áspero y actitud de impaciencia. Lleva dos asistentes que toman notas hasta de la temperatura.
El tipo se sienta en su butaca. Los tres ejecutivos se miran entre sí y uno de ellos carraspea antes de tomar, nervioso, la palabra.
-       Hombre, que el problema es complicado. A ver: se trata de unos dineros que son de la alcaldía pero que son manejados por una empresa eléctrica que, políticamente, no se la lleva bien con la alcaldía. Entonces al no recibir los recursos por pago del servicio de aseo, la alcaldía no nos cumple y ya no queda un solo camión en buen estado. Bueno, también está el tema de los dólares para la compra de repuestos, la lentitud de algunos funcionarios municipales y las huelgas de los trabajadores.
El jefe mira a sus asistentes. Todos se sienten confundidos, abrumados. Tras una breve pausa, parece tomar una decisión:
-       Tomemos el contrato de Londres: son 14 millones de personas en esa ciudad y también millones de toneladas de desechos. Pero es preferible manejar eso que los tira y encoje políticos en esa ciudad de 300 mil habitantes. Asunto resuelto… Secretaria: haga la llamada a Mérida.

Tercer desperdicio:
Una extraña nave sobrevuela lentamente la colosal acumulación de basura. Por las coordenadas, la configuración de las altas montañas (ahora llenas de bolsas plásticas donde antes hubo nieve y lagunas) y los carcomidos restos de unas especie de guayas sobre uno de los bordes de la montaña, no cabe duda que el sitio no puede ser otro. Un hombre flaco y casi transparente se asoma por una ventanilla.
-       Por fin la hemos encontrado. Pasaron varios siglos pero ya dimos con el lugar. No fue fácil porque la basura no dejó un resquicio sin tapar. Pero gracias a nuestros adelantos tecnológicos hemos podido terminar este esfuerzo de búsqueda.
La nave, modelo XT1, del año 2477, envía con beneplácito la información a la base central. El mensaje es escueto: “Confirmada localización de Mérida bajo mil metros de desechos. No hay signos vitales”.

lunes, 12 de marzo de 2012

Otra más del aseo urbano


El viernes en la noche, alrededor de las 7:00, subí por los Próceres a llevar a un amigo hacia el sector de La Milagrosa. Por allí nos encontramos una cola que hablaba de un accidente o una situación irregular. En la cola de carros, que no se movió por casi 10 minutos, saltaban las especualaciones. Al final, alguien informó sobre lo que acontecía: el camión de la basura estaba recogiendo los desechos a esa hora, EN PLENA HORA PICO. Tras sortear el retraso, cuando iba de vuelta a mi apartamento una nueva cola en la avenida Cardenal Quintero nuevamente me paró en seco. Esta vez no tuve que adivinar qué pasaba...Otra unidad del aseo recogía la basura por el sector a una hora totalmente inconveniente para el tránsito. Es decir, en la ciudad pasamos de la ausencia de recolección oportuna de la basura a una recolección que en ciertos puntos trastoca el tránsito. No hay que ser muy inteligente para saber que en zonas de alto tránsito la recolección debe hacerse o muy temprano en la mañana o cuando ya la hora pico del tránsito ha pasado.

domingo, 4 de marzo de 2012

La basura se pasea


Las alcaldías que hacen uso del vertedero ubicado en el municipio Sucre (entre las que se cuenta la de Rangel) siguen con su ofensa a la salud de los merideños. El camión de la imagen circulaba el pasado miércoles 29 de febrero en horas de la mañana por la avenida Andrés Bello.
Con la basura expuesta, malos olores y una recolectora presentando un estado de mantenimiento lamentable, es evidente que a nuestras autoridades no les importan detalles como estos. Creo que a los ciudadanos este espectáculo si nos duele, sobre todo cuando tales camiones circulan orondos por una avenida muy transitada y sin recordar que estamos en una ciudad turística. A ver quien responde.

domingo, 26 de febrero de 2012

El desaseo del aseo

Una cosa es la crisis de la recolección de la basura que enfrenta la ciudad de Mérida y otra la revelación de problemas de fondo que indican la desvaloración del servicio, incluso para la propia empresa Urbaser. La fotografía que acompaña esta breve nota muestra uno de los desvencijados camiones del aseo, que circulaba recientemente por una transitada avenida Las Américas. Esa unidad iba destilando aguas pestilentes y la basura adornadaba la carrocería… ¿Hasta dónde hemos llegado?

domingo, 8 de enero de 2012

Empezar por lo sencillo


Basura, basura y más basura. Cualquiera que se pasee por nuestras ciudades se encontrará con un panorama poco agradable ante la vista y el olfato. En algunas comunidades argentinas decidieron empezar por acciones sencillas como, por ejemplo, dividir la basura entre desechos secos y húmedos para ir avanzando en acciones de selección. También aplican planes especiales de recolección de desechos poco comunes antes de que vayan a parar a las calles. Aquí está en el anlace a esta experiencia.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Reciclar: no todo es color de rosas

Un interesante reportaje publicado por el Diario El País, de España, titulado El reciclado se cumple en casa, revela que al vertedero de Madrid va a parar cerca del 70 por ciento de los desechos ( un porcentaje alto para los objetivos ambientalistas de la urbe) y que en buena medida hay una tendencia, incluso de los propios organismos públicos, a mezclar sus desechos. Es decir, en vez de separar el papel, el vidrio, plástico y aluminio, en ciertos recintos lo que se hace es mezclar todo en un solo sitio (sí, tal cual hacemos por acá). Algunos han cuestinado ese informe donde queda mal parada la municipalidad pero, en fin, más allá de los errores de cálculo, lo importante es saber que cuando se habla del reciclaje y otras perácticas sustentables, es menester la disciplina, la constancia y las sanciones para que la acticvidad recicladora tenga éxito. Eso vale aquí y del otro lado del Atlántico.