domingo, 7 de diciembre de 2014
El paseo de la basura
domingo, 30 de marzo de 2014
El universo de las colas
lunes, 27 de enero de 2014
¡Qué bien el Saime!
domingo, 6 de octubre de 2013
Líneas aéreas: ¡qué padecer!
lunes, 12 de marzo de 2012
Otra más del aseo urbano

El viernes en la noche, alrededor de las 7:00, subí por los Próceres a llevar a un amigo hacia el sector de La Milagrosa. Por allí nos encontramos una cola que hablaba de un accidente o una situación irregular. En la cola de carros, que no se movió por casi 10 minutos, saltaban las especualaciones. Al final, alguien informó sobre lo que acontecía: el camión de la basura estaba recogiendo los desechos a esa hora, EN PLENA HORA PICO. Tras sortear el retraso, cuando iba de vuelta a mi apartamento una nueva cola en la avenida Cardenal Quintero nuevamente me paró en seco. Esta vez no tuve que adivinar qué pasaba...Otra unidad del aseo recogía la basura por el sector a una hora totalmente inconveniente para el tránsito. Es decir, en la ciudad pasamos de la ausencia de recolección oportuna de la basura a una recolección que en ciertos puntos trastoca el tránsito. No hay que ser muy inteligente para saber que en zonas de alto tránsito la recolección debe hacerse o muy temprano en la mañana o cuando ya la hora pico del tránsito ha pasado.
domingo, 4 de marzo de 2012
La basura se pasea
Las alcaldías que hacen uso del vertedero ubicado en el municipio Sucre (entre las que se cuenta la de Rangel) siguen con su ofensa a la salud de los merideños. El camión de la imagen circulaba el pasado miércoles 29 de febrero en horas de la mañana por la avenida Andrés Bello.
Con la basura expuesta, malos olores y una recolectora presentando un estado de mantenimiento lamentable, es evidente que a nuestras autoridades no les importan detalles como estos. Creo que a los ciudadanos este espectáculo si nos duele, sobre todo cuando tales camiones circulan orondos por una avenida muy transitada y sin recordar que estamos en una ciudad turística. A ver quien responde.
domingo, 26 de febrero de 2012
El desaseo del aseo
Eran teléfonos…
Si hay algo que me crea una especie de choque visual cada vez que salgo a la calle, ese algo es el estado de desaseo de los teléfonos públicos de CANTV.
La verdad no entiendo como en un pequeño aparato puede caber tanta propaganda política, tantos avisos de alquiler, tanta basura que va desde vasitos de café hasta bolsas de chucherías.
En realidad los teléfonos públicos de Cantv parecen extraños monumentos a un servicio que nadie usa. Pero en caso de que aún sean de beneficio colectivo, sería muy importante que la empresa telefónica invirtiera en limpieza y mantenimiento. Tal vez la limpieza y la atención lleven a los usuarios a valorar más estos aparatos.
lunes, 23 de enero de 2012
El estándar de Mérida

NOTA: Este material es parte de mi columna semanal Nada por sentado publicada todos los lunes por el Diario de Los Andes: www.diariodelosandes.com.
Luego de más de dos décadas viviendo en la ciudad de Mérida, puedo afirmar, en base a la experiencia, lo que fue una percepción inicial durante mis primeros meses como “ciudadano merideño”.
Aclaremos el punto: cuando, proveniente de Maracaibo, llegué a Mérida, allá en 1991, observé que estaba arribando a una ciudad con unos estándares más elevados en cuanto a calidad de vida. Debemos recordar que la Maracaibo de hace 20 años era una caótica aglomeración de más de un millón de habitantes (hoy son más de 2 millones 800 mil personas) con muy poco que ofrecer en cuanto a ornato, servicios públicos e incluso infraestructura.
Por su parte, la Mérida de hace 20 años atrás si bien precaria en cuanto a la monumentalidad de una ciudad (digamos que modesta en cuanto a sus pretensiones de urbe), era un espacio donde la belleza de los parques, la limpieza, el tránsito, el entorno natural, el clima y el trato de los habitantes, se conjugaban para enamorar a cualquier visitante.
Por eso, era sorprendente escuchar a los habitantes de Mérida quejarse de la inseguridad de Los Curos, calificando el lugar como “zona roja” cuando lo que uno veía – como recién llegado a la ciudad – era una agradable comunidad con uno que otro malandro pero muy lejos de las bandas y la violencia de ciertos sectores de Maracaibo. Ni que decir de lo que pensaría un caraqueño, un valenciano, o un maracayero, por nombrar sólo algunos de lo que venían a Mérida y notaban un remanso de paz donde los propios merideños veían un desastre en cuanto a la seguridad.
Así eran también las críticas locales para con la limpieza de la ciudad: “Mérida es un desastre…Hay basura por todos lados…La alcaldía no sirve”. Y uno miraba y comparaba a Mérida con su ciudad de origen y lo que veía era una comunidad sino perfecta, al menos bastante limpia y ordenada. Con el transporte público lo mismo: “Los buses están viejos, se viaja incómodo, no pasan a la hora…”, criticaba el merideño autóctono…Y, nuevamente, uno se acordaba de los buses de su ciudad de origen y pensaba: “¡Pero bueno! ¿qué tanta crítica si aquí el transporte es muy bueno?”.
El estándar de los merideños era elevado para con la calidad de vida que aspiraban de su ciudad. Y pienso que todavía se mantienen ciertos rasgos de aquel ideal que animaba a los habitantes de Mérida, hace dos o tres décadas atrás.
Es decir, pienso que aún existen suficientes ciudadanos que exigen a las autoridades alinearse en torno a un estándar que tal vez sea uno de los más altos de ciudad venezolana alguna.
Lo digo porque apenas en diciembre pasado viajé a Maracaibo a visitar a mis padres y familiares. Pude pasear bastante por esa enorme y calurosa urbe y aunque la metrópolis ha mejorado en cuanto a infraestructura y ornato, aún es posible observar la existencia de dos o tres “maracaibos”: una, la que se asemeja a Miami, con sus comercios, vialidad, mobiliario urbano y servicios modernos y eficientes; otra, la que subsiste entre calles llenas de huecos e inseguridad brutal y otra, la que sencillamente te transporta a los barrios más inhóspitos donde no hay calles, las aguas negras circulan como ríos y donde niños desnudos y harapientos juegan entre cerros de basura.
Mérida tiene aún un tamaño, un “formato urbano” que, pese a las limitaciones para con su crecimiento, es una camisa de fuerza para evitar desbordes poblacionales que hubiese degradado aún más la calidad de vida.
Pienso que Mérida sigue exigiendo calidad de vida en una proporción que los habitantes de otras ciudades verían como exagerado. Visitantes que ven a Mérida limpia, ordenada y hermosa cuando nosotros (y en este caso hablo ya como merideño) pensamos que hace falta mucho por hacer en limpieza, seguridad, ornato, servicios, transporte y vialidad. Es un estándar que no debemos pender porque de hacerlo condenaríamos a Mérida a ser una ciudad conformista, que celebra cuando le recogen la basura o grita de alegría cuando tapan un hueco en la calle.
lunes, 3 de octubre de 2011
Nada por sentado
Adelfo Solarte
Salud y saludos a todos
Allá arriba, alguien nos cuida
Me encanta ver la serie Mayday: catástrofes aéreas, del canal National Geographic. Me gusta por la revelación del impacto que puede tener para la vida de las personas el más mínimo descuido, el detalle no atendido, el gesto errado, la tuerca no apretada a tiempo. En fin: las tragedias suelen ser la suma de varias circunstancias entre las que se cuentan, casi siempre, el factor humano. No le echemos la culpa a Dios de nuestras desgracias, ni al destino cruel.
En realidad la serie suele basarse en los desaciertos en la estructura de control de mantenimiento en algunas de las más reconocidas empresas aéreas en países industrializados, o como solemos llamarlos “desarrollados”.
Viendo cada capítulo, uno no puede sentir sino un escalofrío cuando se imagina lo que pudiera estar ocurriendo con las aeronaves comerciales en este lado del trópico. Las exhaustivas investigaciones postdesastres, que uno ve en el referido programa de televisión, revelan que pese a los altos estándares de seguridad de ciertas empresas y autoridades aeronáuticas, siempre el factor humano con sus imprecisiones suele cobrar un alto costo sobre todo cuando se cruza con algunas circunstancias técnicas, climáticas, económicas y de cualquier otra índole.
¿Qué ocurre cuando las empresas deciden ignorar esos estándares de seguridad? ¿Qué ocurre cuando no hay un gobierno eficiente que se ocupe de exigir controles precisos de supervisión de la actividad aérea? Usted y yo, y cualquier mortal con cuatro dedos de frente, lo sabe: sobrevienen los accidentes.
Y uno dice, cuando observa toda la serie de incidentes que han ocurrido en Venezuela vinculados a la actividad aérea, que más bien hay un ser supremo que nos cuida. Que dejados a la buena de la suerte, cada vez que un avión despega o aterriza, las posibilidades matemáticas, probabilísticas, de que sobrevenga un accidente son muy altas. Que sin repuestos a la mano, sin personal motivado, sin nadie que vigile, los incidentes no tardarán en convertirse en severos accidentes, donde todo el mundo se señalará buscando un culpable.
Ojo: esto no es nada nuevo. En 2009 un informe reveló que Venezuela era el país con el mayor número de incidentes aéreos en toda América. Ni Estados Unidos con decenas de miles de operaciones áreas diarias nos superaba en incidentes, léase: en accidentes que no llegan a cobrar la vida de los pasajeros y tripulantes.
Decir que más bien deberíamos estar celebrando el hecho de que no hayan tantos muertos producto del desastre mayor que significa en términos generales el mantenimiento aeronáutico nacional, sería muy conformista.
Una señora, de esas que piden dinero en los semáforos una vez me lo dijo, enfadada porque no le coloqué unas cuantas monedas en la mano: “Miré señor: recuerde que allá arriba hay un Dios que pa’ bajo mira”. Viendo lo que ocurre con nuestros aviones averiados a cada rato, ahora estoy seguro que no sólo mira “pa´ acá abajo” sino que mete la mano casi todos los días. Ojalá ese ser no se termine cansando y un mal día terminemos protagonizando un desafortunado capítulo de la serie de National Geographic.
DE LAS PORTADAS
Decíamos en una columna anterior que son muchos los proyectos viales que tiene la ciudad de Mérida. Muchos de esas iniciativas han surgido de la Universidad de Los Andes, espacio académico en cuyos anaqueles se encuentra la cura para muchos de los males urbanos que aqueja a esta bella ciudad de Mérida.
Una pregunta que atormenta a muchos merideños enterados de estos proyectos es: ¿qué impide que tales ideas y soluciones encuentren asidero en la práctica política, o, mejor, en la acción gubernamental?
De la solución de ese acertijo depende en buena medida que no surja por allí algún loco con una idea descabellada (como construir una autopista de 8 canales por la cuenca del Albarregas) o una imposición centralista, si es que algún día alguien, allá en el imperio ministerial, se acuerda de que existe Mérida y unos cuantos locos que decidimos vivir aquí.
Mi correo está a la orden:
Sígueme en Twitter: @adelfosb
lunes, 3 de noviembre de 2008
Reciclar: no todo es color de rosas
Un interesante reportaje publicado por el Diario El País, de España, titulado El reciclado se cumple en casa, revela que al vertedero de Madrid va a parar cerca del 70 por ciento de los desechos ( un porcentaje alto para los objetivos ambientalistas de la urbe) y que en buena medida hay una tendencia, incluso de los propios organismos públicos, a mezclar sus desechos. Es decir, en vez de separar el papel, el vidrio, plástico y aluminio, en ciertos recintos lo que se hace es mezclar todo en un solo sitio (sí, tal cual hacemos por acá). Algunos han cuestinado ese informe donde queda mal parada la municipalidad pero, en fin, más allá de los errores de cálculo, lo importante es saber que cuando se habla del reciclaje y otras perácticas sustentables, es menester la disciplina, la constancia y las sanciones para que la acticvidad recicladora tenga éxito. Eso vale aquí y del otro lado del Atlántico.
lunes, 19 de mayo de 2008
Gestión: La información como respeto al ciudadano

He leído con sumo interés el artículo de Víctor Artis aparecido en el diario El Universal, sobre el terrible efecto que tiene sobre la población la falta de información sobre lo que ocurre con la calidad de los servicios. Artis se refiere a los recientes apagones eléctricos en toda Venezuela y del irresponsable silencio de los encargados de explicar que fue lo que pasó. Siempre he pensado, y es ese en el fondo el motivo de este blog, que la información le puede hacer mucho bien a la gestión urbana. Una información concebida en el sentido integral de la palabra. Ya iremos ampliando sobre este tema. Por ahora haga doble clic sobre el enlace y lean las reflexiones de Artis y cualquier comentario, que todos los queremos, los dejan en la sección respectiva...¿Sale?




