domingo, 14 de octubre de 2012
El Gobernador que yo quiero
domingo, 26 de febrero de 2012
La magia de una ciudad es que piense en la gente
NOTA: Este material es parte de mi columna semanal Nada por sentado publicada todos los lunes por el Diario de Los Andes: www.diariodelosandes.com.
Para Mérida los días de febrero son días de turismo. De ver a miles de visitantes que llegan a la ciudad a pasar el carnaval o a sumarse con los citadinos a las actividades de la Feria del Sol, evento este que, como sabemos todos los que acá vivimos, provoca el apoyo de unos y el rechazo de otros.
Los visitantes, aparte del dinero que le inyectan al aparato turístico, resultan ser excelentes termómetros para medir el grado de “humanidad” de la ciudad, en tanto espacio urbano.
Me explico: los que acá vivimos, metidos como solemos estar en nuestra cotidianidad, muchas veces pecamos por críticos acérrimos de lo que tenemos, asunto que no pocas veces resulta de una tremenda injusticia para con Mérida. Otras veces alabamos un supuesto bienestar que tal vez no exista.
Claro: quien padece la vida diaria de la ciudad – o quienes la disfrutan – son los primeros llamados a considerar la verdadera dimensión de temas como el transporte, la seguridad, la limpieza, los servicios en general. Pero una mirada externa, de quien no ha cultiva afectos o rechazos, puede ser bien significativa.
En ese sentido, la ciudad de Mérida logra salir, regularmente, bien parada ante la crítica de los turistas quienes suelen resaltar en sus comentarios el transporte público bien organizado, con buenas unidades y una frecuencia efectiva. Hablan de la seguridad y del buen estado de las vías, incluso de la limpieza y el ornato en parques y espacios públicos. Esa visión, claro está, puede ser o no compartida.
Si los turistas provienen de otras ciudades venezolanas es seguro que el resultado de la percepción hacia Mérida sea – casi siempre - positivo, tomando en cuenta que, en general, la mayoría de nuestras urbes adolecen de servicios de calidad.
Sin embargo, la medida del bienestar de la ciudad, o de la disposición o configuración de los servicios en torno a un criterio positivo, radica, fundamentalmente, en cuantos detalles estén pensados en la gente. Más que las palabras, son las obras, en su medida humana, las que hablan a favor de Mérida o de cualquier otra urbe.
Un ejemplo de una sola obra que delata una visión “humana” de la ciudad (pese a la perogrullada sobre la relación “ciudad” y “humana”) es el caso de las escaleras eléctricas instaladas en un barrio pobre de la ciudad de Medellín.
Según una nota de prensa “la barriada de Las Independencias I – en Medellín - es el primer sector urbano del mundo en el que han sido instaladas unas escaleras eléctricas al aire libre como solución a los problemas de movilidad de las personas.
Las 12 mil personas que habitan la zona disfrutarán los seis tramos dobles que han reemplazado a los 350 escalones de cemento que debían recorrer a diario para sus actividades de rutina”.
La nota agrega que “en Las Independencias I, que es uno de los veinte barrios de la conflictiva Comuna 13 de Medellín, hay casos patéticos de vecinos "confinados" en sus domicilios por su edad avanzada o condiciones de discapacidad. La funcionaria dijo que son casos de personas que "no pudieron volver a salir de sus casas porque, sencillamente, no tienen forma de hacerlo".
En fin: una obra alejada de las avenidas suntuosas y llevadas a la intimidad de los habitantes de un barrio. En este caso, más de 5 millones de dólares dedicados a que la gente se sienta atendida. ¿Tenemos nosotros ejemplos de acciones que ilustren la mentalidad cívica de los que llevan las riendas de la ciudad? De eso hablaremos en una próxima columna.
Para más información sobre las escaleras de medellín les invito a revisar esta nota y video de la BBC.
lunes, 23 de enero de 2012
El estándar de Mérida

NOTA: Este material es parte de mi columna semanal Nada por sentado publicada todos los lunes por el Diario de Los Andes: www.diariodelosandes.com.
Luego de más de dos décadas viviendo en la ciudad de Mérida, puedo afirmar, en base a la experiencia, lo que fue una percepción inicial durante mis primeros meses como “ciudadano merideño”.
Aclaremos el punto: cuando, proveniente de Maracaibo, llegué a Mérida, allá en 1991, observé que estaba arribando a una ciudad con unos estándares más elevados en cuanto a calidad de vida. Debemos recordar que la Maracaibo de hace 20 años era una caótica aglomeración de más de un millón de habitantes (hoy son más de 2 millones 800 mil personas) con muy poco que ofrecer en cuanto a ornato, servicios públicos e incluso infraestructura.
Por su parte, la Mérida de hace 20 años atrás si bien precaria en cuanto a la monumentalidad de una ciudad (digamos que modesta en cuanto a sus pretensiones de urbe), era un espacio donde la belleza de los parques, la limpieza, el tránsito, el entorno natural, el clima y el trato de los habitantes, se conjugaban para enamorar a cualquier visitante.
Por eso, era sorprendente escuchar a los habitantes de Mérida quejarse de la inseguridad de Los Curos, calificando el lugar como “zona roja” cuando lo que uno veía – como recién llegado a la ciudad – era una agradable comunidad con uno que otro malandro pero muy lejos de las bandas y la violencia de ciertos sectores de Maracaibo. Ni que decir de lo que pensaría un caraqueño, un valenciano, o un maracayero, por nombrar sólo algunos de lo que venían a Mérida y notaban un remanso de paz donde los propios merideños veían un desastre en cuanto a la seguridad.
Así eran también las críticas locales para con la limpieza de la ciudad: “Mérida es un desastre…Hay basura por todos lados…La alcaldía no sirve”. Y uno miraba y comparaba a Mérida con su ciudad de origen y lo que veía era una comunidad sino perfecta, al menos bastante limpia y ordenada. Con el transporte público lo mismo: “Los buses están viejos, se viaja incómodo, no pasan a la hora…”, criticaba el merideño autóctono…Y, nuevamente, uno se acordaba de los buses de su ciudad de origen y pensaba: “¡Pero bueno! ¿qué tanta crítica si aquí el transporte es muy bueno?”.
El estándar de los merideños era elevado para con la calidad de vida que aspiraban de su ciudad. Y pienso que todavía se mantienen ciertos rasgos de aquel ideal que animaba a los habitantes de Mérida, hace dos o tres décadas atrás.
Es decir, pienso que aún existen suficientes ciudadanos que exigen a las autoridades alinearse en torno a un estándar que tal vez sea uno de los más altos de ciudad venezolana alguna.
Lo digo porque apenas en diciembre pasado viajé a Maracaibo a visitar a mis padres y familiares. Pude pasear bastante por esa enorme y calurosa urbe y aunque la metrópolis ha mejorado en cuanto a infraestructura y ornato, aún es posible observar la existencia de dos o tres “maracaibos”: una, la que se asemeja a Miami, con sus comercios, vialidad, mobiliario urbano y servicios modernos y eficientes; otra, la que subsiste entre calles llenas de huecos e inseguridad brutal y otra, la que sencillamente te transporta a los barrios más inhóspitos donde no hay calles, las aguas negras circulan como ríos y donde niños desnudos y harapientos juegan entre cerros de basura.
Mérida tiene aún un tamaño, un “formato urbano” que, pese a las limitaciones para con su crecimiento, es una camisa de fuerza para evitar desbordes poblacionales que hubiese degradado aún más la calidad de vida.
Pienso que Mérida sigue exigiendo calidad de vida en una proporción que los habitantes de otras ciudades verían como exagerado. Visitantes que ven a Mérida limpia, ordenada y hermosa cuando nosotros (y en este caso hablo ya como merideño) pensamos que hace falta mucho por hacer en limpieza, seguridad, ornato, servicios, transporte y vialidad. Es un estándar que no debemos pender porque de hacerlo condenaríamos a Mérida a ser una ciudad conformista, que celebra cuando le recogen la basura o grita de alegría cuando tapan un hueco en la calle.
sábado, 26 de abril de 2008
La Comunicación para lograr sostenibilidad
Como periodista me importa que la comunicación pase a tener un rol más protagónico en el manejo de la ciudades. La gestión, para lograr el desarrollo sostenible, por ejemplo, debe pasar por definir el papel de la comunicación. En esta presentación de manera breve, exponemos parte de tan amplio tema.
sábado, 19 de abril de 2008
La hora de la participación

Cuando los vecinos debaten
La participación ciudadana sigue siendo un anhelo en las sociedades modernas. Se ensayan mecanismos que puedan garantizar que los ciudadanos puedan decidir sobre los asuntos que los afectan. Esta nota nos presenta una experiencia en Argentina.
