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lunes, 12 de enero de 2015

Rumores de enero



Por dos razones, no me agrada escribir sobre temas vinculados a la política: los argumentos, en estos terrenos, pueden estirarse como chicles hasta abarcar cualquier propuesta, por descabellada que esta sea, y, por otro lado, porque considero que en los tiempos que corren, más allá de este servidor, hay mejores mentes, con más amplitud de criterios y mayor base de análisis,  para aportar algunas reflexiones en el ámbito de las consideraciones políticas.
Pero me motiva, en este momento concreto, la llegada de un mes de enero donde soplan, con la misma intensidad que los vientos vespertinos, los rumores, supuestos y escenarios en los que, una vez más, se asoman salidas violentas a la crisis de abastecimiento que estamos sufriendo los venezolanos y que, en lo que a mí respecta, sólo es posible superar con un decidido plan de inversiones que alienten la productividad en todos los órdenes de la economía. Eso pasa por desarmar el modelo importador (que parece sostenerse sobre un robusto andamiaje de corruptelas) por otro en el que la inversión privada y la pública apunten hacia lo que parece hoy en día una utopía: autoabastecernos de los productos básicos.
En estos primeros días de enero surgen las voces que alientan el tránsito por caminos por los que ya los venezolanos hemos deambulado y de los que hemos regresado con las manos vacías y el corazón y el alma llenos de cicatrices.
En un artículo que amablemente me hizo llegar el profesor Fortunato González, éste intenta desalentar las iniciativas de aquellos que ven en un uniforme militar la salida a la crisis que nos golpea cotidianamente. Aprovecho para remarcar que si bien, como apunté, esta crisis tiene como expresión máxima la imposibilidad de asegurarnos el sustento regular mediante el acceso a bienes básicos, su radio de acción es decididamente más amplio, abracando no sólo la economía, sino generando distorsiones sociales como una mayor criminalidad y violencia, un desestimulo social a partir de la pérdida progresiva de la iniciativa y, cosa terrible, un terreno regado y preparado para el surgimiento de mafias, corrupción, mercados negros y todo un inframundo en el que el propio Estado y el gobierno de turno, toman partido.
Volviendo sobre el artículo de González (quien además de ex alcalde es el director del Cieprol-ULA) me sumo a sus consideraciones sobre las alternativas que un demócrata debe aupar, aún en los peores escenarios. En este caso, la vía electoral es, aunque suene estrafalario en un contexto institucional en contra, el camino que debe marcar las apuestas por salir de la situación que nos afecta.
La organización social, la protesta pacífica, el abordaje de los espacios públicos con propuestas claras, viables y coherentes, los debates, la conquista “del otro pensar político” a partir de la evidencia y exposición de lo que no está bien y de lo que debe mejorar y, finalmente, la nitidez de los caminos para llegar a ser mejores, deben ser los escenarios que ocupen el tiempo de aquellos que no estamos conformes con lo que se ve en las calles.

El rumor como elemento de inquietud y zozobra, las propuestas de violencia y, aún peor, el ir tras los pasos de botas militares con circunstanciales afinidades políticas, no son, en lo personal, invitaciones creíbles. Sin embargo, cada quien es libre de apoyar los cambios que mejor crea y tomar las sendas que considere históricamente convenientes. En cualquier caso, entre todos debemos asumir la responsabilidad de construir un mejor país o, en su defecto, lamentárnos una vez más de los errores cometidos.

domingo, 14 de octubre de 2012

El Gobernador que yo quiero





El gobernador que yo quiero, ese o esa que uno dibuja en su mente con mucho de esperanza, debe entender a Mérida. A ver: que entienda a Mérida no necesariamente significa que sea de Mérida (es decir que haya nacido aquí). La partida de nacimiento no debería ser el primer requisito. Entiendo aquello de la querencia por el lar natal, pero hay suficientes ejemplos en nuestra historia que indican que el amor por la tierra no nace precisamente del acta del bautismo, como el amor entre parejas no nace del acta de matrimonio. Ser merideño es profesar amor por esta tierra a partir de los actos y claro está, de los sueños. Obras son amores, así que quien ama hace. Eso es importante.
El gobernador que yo quiero, y vuelvo con lo de entender a Mérida, tiene que tener el don de la paciencia con las solicitudes de su pueblo. Son tantas y tantas promesas acumuladas e incumplidas la mayoría, que quien llegue a la silla de la Gobernación, debe saber escuchar a sabiendas que cuando uno de nosotros, su pueblo, solicité esto o aquello para su comunidad, lo hará empujando las palabras con el corazón, como si fuese la última oportunidad para decir. Paciencia con los deseos de la gente. Y respeto: escuchar para saber dónde y cómo actuar. Atrás que queden las promesas inviables, aunque duela decirlo. Por eso el gobernador que yo quiero debe tener la capacidad para plantarse firme en torno a lo posible. Eso sí: ningún poder, por central que este sea, por la afinidad política que se tenga, puede sacarlo de sus compromisos.
Ese gobernador que yo quiero debe ver el verdor de nuestras montañas y tiene que tener oído para, aún estando en la ciudad, escuchar todos los ríos. Quiero decir que debe ser un gobernador ganado para dar la gran batalla por la defensa de nuestro ambiente y su preservación. Sí así lo hace, estará, de paso, solidificando las bases de nuestro turismo. Y es que la gente viene aquí, en gran medida, por nuestro deslumbrante entorno. Por las nevadas, el frío, la neblina, el olor a pino e incluso por la ardilla que aún se asoma saltarina por los árboles de la plaza Bolívar. Un gobernador “verde”, pero no de envidia, sino de naturaleza.
No necesariamente debe ser un gobernador de toga y birrete pero debe proteger como un caballero medieval a  la ULA y a todo el sistema universitario que nos identifica. Debe ser un padre para los bachis, un amigo para los científicos e investigadores, un aliado de los profesores y un apoyo para las autoridades. Debe convertir las ideas de la ULA en realidades al servicio del pueblo. Sólo debe abrir su mente, espantar a los improvisadores y darle voz a los que saben.
¿Puedo pedir más?.. Bien, el gobernador que yo quiero debe tocar la tierra y debe ponerse el sombrero a las 5 en punto de la madrugada. Debe sorber unas cucharadas de caliente pizca y echarse al hombro el saco que contiene las mejores aspiraciones de los nuestros agricultores. Debe celebrar cuando se da la cosecha y compartir la angustia de nuestros hombres y mujeres del páramo, del Mocotíes o de la Panamericana cuando la tierra nos deja con la mesa vacía.
El gobernador que yo quiero debe subirse a un escenario con nuestros teatreros, debe aplaudir a nuestras orquestas, admirar la obra de nuestros artistas.
El gobernador que yo quiero debe salir temprano y recorrer sin guardaespaldas las avenidas aún desiertas de la ciudad. Debe dolerse con la basura en las aceras, debe molestarse con las paredes sucias y el árbol caído. Debe contrariarse porque hay postes sin electricidad y huecos en las calles, tubos sin agua, casas sin luz. Debe sentir miedo cuando sale tarde y debe atravesar el peligro de las calles tomadas por la delincuencia.
El gobernador que yo quiero… ¿Se parece al gobernador que tú quieres?

domingo, 8 de julio de 2012

Desmesura electoral



Además de exagerada, abrumadora, impertinente, antiestética, destructiva y arbitraria, la forma como se expresan las campañas electorales en Mérida es innecesaria.
Lo es porque a estas alturas del siglo XXI existen soportes tecnológicos para hacer que la oferta electoral que quiera expresar un candidato (a) determinado,  llegue a todos sin causar daño al patrimonio de la ciudad.
Partamos de una primera aclaratoria: todo candidato o candidata que aspire a un cargo público necesita informar a sus posibles electores sobre sus propuestas e ideas de gobierno. Eso ocurre aquí y en cualquier lugar del planeta, culturalmente distinto al nuestro.
Pero para evitar que la intención informativa y propagandística  de los aspirantes a cargos no termine en abusos contra los espacios públicos, en algunos países se imponen normas sencillas. Por ejemplo, resaltan dos aspectos de la propaganda callejera:
.- Qué sea proporcionada
.- Qué sea de fácil remoción (se prohíben carteles que usan algún tipo de pegamento y el uso de aerosoles).
Curitiba, la famosa ciudad ecológica de Brasil, es un ejemplo. En otras ciudades como muestra la imagen, se permite la propaganda pero esta va en carteles que no se adhieren a paredes o postes ni a ninguna estructura. Retirarlos es fácil.
En nuestro caso, los partidos y sus candidatos optan por formas primitivas de anunciarse.
Sorprende que en la era del Twitter, del Facebook, de Youtube, de los correos electrónicos, blogs, mensajes de textos, televisión, radio, cine, prensa escrita, revistas, vallas de gran formato, pantallas televisivas en esquinas, entre un sin fin de alternativas, los partidos terminen con una lata de aerosol dañando de forma severa paredes de escuelas, edificios históricos, hospitales, o la pared de nuestra propia casa. Cuando no es la pintura, optan por carteles pegados de tal manera que quitarlos requiere horas y esfuerzo, pintura y arreglos que alguien tiene que pagar…  Sí: usted paga por vía privada o bien porque los fondos públicos se usan para limpiar “la gracia” del abuso electorero.
La verdad es que en el caso de Mérida esta práctica promocional (de brochas, aerosoles y carteles impertinentes)  está tan arraigada entre nosotros que cuando se va a elegir a la Novia del Sol, o sea la reina de las Ferias del Sol, las señoritas inundan la ciudad con igual furia destructiva que los ya conocidos políticos. La única diferencia es que siempre será mejor ver a una linda mujer sonriente que a un candidato haciendo su mejor esfuerzo por agradarnos.
¿Es posible, entonces, lograr que las campañas se desarrollen sin que tal episodio nos salga caro a los merideños?.. Por supuesto que sí. Hace falta no sólo ampararse en la norma del CNE sino aplicar en el caso municipal, vigilancia y sanción a quien pretenda destruir la ciudad, para poder decirnos que con su gobierno “la ciudad estará mejor”. Es un verdadero contrasentido.
Por eso, apoyamos en las redes sociales los esfuerzos de personas y organizaciones que hacen esfuerzos por criticar razonadamente esta desmesura propagandística. Esa manera de vender la imagen y las propuestas está pasada de moda.
El siguiente video nos muestra que este problema de las campañas electorales abusivas no es sólo un mal merideño o venezolano. La llamada Ciudad Imperial, Cusco, en Perú - antigua capital del imperio Inca - pese a su valor histórico no se salva de las ganas de promoción de ciertos candidatos.



Adicionalmente, es bueno recordar que en Venezuela existe un Ley Orgánica de Procesos Electorales, que pese a su desconocimiento generalizado sigue vigente. Les  sugiero la lectura de los artículos 75 y 76. Puede leer la  Ley haciendo clic aquí.

miércoles, 4 de julio de 2012

Política de basurero



Mérida es escenario de una de las más curiosas guerras políticas- electorales que recuerde esta parte de los Andes: la guerra de la basura urbana.
Básicamente, los merideños observan como se escenifca un teatro  donde cada actor busca achacarle la responsabilidad del mal manejo de los desechos al contrincante político. Por supuesto, en este tema se mezclan factores como: mala gerencia pública, odios ideológicos, problemas históricos vinculados a la disposición final de los desechos, entre otros.
¿De qué manera  se reflejara esta caótica situación en la permanencia del actual alcalde de Mérida, Léster Rodríguez?. Otra cosa: ¿Tiene este desagradable juego con la basura algún impacto en la continuidad del Municipio Libertador en torno a ser un espacio preferentemente dominado por la oposición?...Usted tiene la respuesta.

lunes, 13 de febrero de 2012

Suposiciones que matan



NOTA: Este material es parte de mi columna semanal Nada por sentado publicada todos los lunes por el Diario de Los Andes: www.diariodelosandes.com.

Cuando escribo esta columna avanzaba el proceso de votación de las primarias. Indistintamente de quienes hayan sido escogidos en este proceso (candidato presidencial, candidatos a gobernadores o aspirantes a alcaldes) me parece importante referirme al acto en sí mismo, como positiva expresión de ejercicio democrático y, lo que es más importante, como comprobación de que muchas veces se suele partir de algunos supuestos – de escenarios inexistentes – para justificar la no participación o para participar pero con el hacha en la mano.

A ver: no soy amigo de la expresión “piensa mal y acertarás”. Se que en el terreno político puede tomarse como un acto de suma candidez una postura de creer que el otro no buscará la forma de hacerme daño, pero el punto es que peores resultados puede traer la decisión de ponerme una armadura, buscar las armas y salir pegando gritos de guerra en un escenario donde todo está en calma.

“Hemos acordado ayudarnos mutuamente a sufrir”, afirma Don Miguel Ruiz en sus Cuatro Acuerdos, el muy comentado libro que refleja la sabiduría de los antiguos Toltecas. Como nos tomamos cada palabra en serio – las que vienen del “agresor” y del que obra como “igual político” – terminamos haciendo un terrible gasto de energía emocional luchando contra situaciones imaginarias, tal como Don Quijote y sus molinos de viento.

En el Tercer Acuerdo de la sabiduría tolteca – titulado No hagas Suposiciones - se plantea más claramente lo que intentamos decir. Veamos la cita: “Tendemos a hacer suposiciones sobre todo. El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que

suponemos es cierto. Juraríamos que es real. Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan –nos lo tomamos personalmente -, y después, los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras. Este es el motivo por el cual siempre que hacemos suposiciones, nos buscamos problemas. Hacemos una suposición, comprendernos las cosas mal, nos lo tomamos personalmente y acabamos haciendo un gran drama de nada”.

Aunque es posible que en el proceso de ayer se hayan producido incontables situaciones que de alguna manera enturbiaron la marcha de las elecciones, buscar un excusa para sostener nuestras suposiciones, no nos lleva y ni llevará, como país, a ningún lado.

En lo personal noté que en varios centros de votación – acá en Mérida -los efectivos militares y de la Milicia Bolivariana se comportaron de forma seria, respetuosa e institucional. Lo digo y escribo porque en el contexto que me tocó moverme ayer eso fue lo que vi.

Todo el material suministrado por el CNE estaba en orden y los equipos funcionaban adecuadamente. Lo visto fue apreciado por todos los que acudieron a votar. En ese contexto estaban demás las suposiciones de saboteo, de amedrentamiento de falta de apoyo o cualquier historia de desventura. Repito: la percepción del proceso debe corresponderse con lo que realmente se notó en cada contexto, pero estimo que en muchos casos la elección primaria se produjo dentro de un ambiente de civilidad y colaboración institucional.

Remato este comentario aludiendo nuevamente a las palabras extraídas de los Cuatro Acuerdos que contienen el llamado a reflexionar sobre una conducta marcadamente obsesiva sobre “lo mal que nos va a ir” cuando el escenario puede ser otro. Esta es la cita: “Concédete un momento para considerar la verdad de esta afirmación: Toda la cuestión del dominio entre los seres humanos gira alrededor de las suposiciones y el tomarse las cosas personalmente. Todo nuestro sueño del Infierno se basa en ello”.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Nada por sentado



Adelfo Solarte

Salud y saludos a todos

Algo bueno tiene que quedar

El punto es este: no es sensato apostar al fracaso de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) sólo por el hecho de que haya sido el Presidente Chávez uno de sus artífices. Sería ésta una posición poco racional, calcada de mentes cerradas, asumida por quienes creen tener el control absoluto de la razón. Es como no visitar Colombia porque nos caiga mal el Presidente Santos.

Eso si partimos de que la figura de Chávez es un elemento controversial en cada paso que da Venezuela en el concierto internacional. Pero, recordemos, un importante sector del país comulga de distintas maneras con las ideas del Presidente, con lo cual mal podemos suponer que su presencia en el parto de la Celac sea tenida como negativa por todos los venezolanos.

También es cierto que no pocos consideran que con este nuevo organismo Chávez no sólo busca un presunto baño de popularidad democrática a los ojos del mundo, sino alguna otra acción oculta bajo la manga. Vaya usted a saber.

Sin embargo, cualquier sospecha, cualquier duda, tiene que medirse en función de la trascendencia en la constitución de un ente de total sentido latinoamericanista, condición que no se la da Chávez – aunque sea éste quien más la pregone – sino la suma de voluntades de 33 países, un número que eleva a la Celac a la altura de los principales organismo internacionales, en el orbe.

Evitar no sólo el pesimismo sino incluso el ataque sin fundamento y desproporcionado hacia la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y su presencia en el concierto mundial, es una postura que toma en cuenta, por ejemplo, que la comunidad está integrada por seres pesantes, cada cual con sus intereses, pero no por una manada de ovejas o eunucos siendo arriados por Chávez. Pensar así equivale a irrespetar la inteligencia ajena.

Además, detalles políticos como el que, por ejemplo, la presidencia pro tempore de la Celac haya sido puesta en manos de Chile, habla de un ente con posibilidades de asumir con altura las fuertes diferencias y divergencias políticas de los estados que le dan forma.

Este dato no es para despreciar. Revisando el diario chileno La Tercera, uno de los más importantes medios impresos de Latinoamérica y no precisamente un medio al servicio de Chávez, en un artículo afirma que si bien el presidente de Chile Sebastián Piñera “había mantenido una tensa relación con Chávez, ambos dejaron de lado sus diferencias para fortalecer el rol de la Celac. En mayo de 2010 -en una cumbre Unasur en Argentina- concretaron un pacto de no agresión para no perjudicar al bloque”.

Es decir, se entiende que las diferencias políticas existen y no van a desaparecer de la noche a la mañana porque exista un nuevo ente de integración, pero también se deriva del caso chileno que hay naciones que sin estar alineadas al que pudiera llamarse “grupo de amigos de Chávez” (que por cierto, no son pocos), se suman a la idea de una Celac fuerte y efectiva en sus propuestas.

La Celac quedó constituida, según la Declaración de Caracas, como una organización que debe avanzar en el proceso de integración política, económica, social y cultural. El plan de acción 2012 apunta que deberá fortalecer las capacidades para evitar crisis internas y el impacto de las externas; consolidar la integración económica; incrementar la cooperación; crear una preferencia arancelaria latinoamericana y caribeña; buscar vías para erradicar el hambre y la pobreza, y crear una estrategia energética regional. En fin, apostemos al triunfo de un ente que debería superar nuestras divergencias domesticas.


DE LAS PORTADAS

La ULA es un cohete

Una excelente noticia, del mundo de la ciencia y la tecnología, nos capturó esta semana. Así decía: “Tres cohetes tipo sonda de combustible sólido elaborados por los investigadores del Centro de Estudios Espaciales de la Universidad de Los Andes, CIAE-ULA con el apoyo del equipo de expertos del Centro de Investigación y Desarrollo Aeronáutico, CIDAE, de la Aviación Militar Bolivariana, AMB, fueron lanzados a la atmósfera el pasado 26 de noviembre con el fin de realizar importantes mediciones científicas. Como un día memorable para la ULA y el país, catalogó la experiencia el coordinador del Proyecto Cohete Sonda ULA del CIAE, Vicente Marcano, junto a su equipo de trabajo”. Celebramos el logro y lo compartimos con nuestros lectores.


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domingo, 13 de noviembre de 2011

Nada por sentado



Adelfo Solarte

Salud y saludos a todos

Casas muertas

No me refiero a la extraordinaria novela surgida de la pluma de Miguel Otero Silva y en la que quedó retratada la muerte de un próspero pueblo venezolano. Presto el nombre de “casas muertas” para indicar lo que – es mi percepción – ocurre en mente de muchos venezolanos en torno a la posibilidad de llegar a concretar el sueño de tener vivienda propia, un techo que los cobije, la casa de sus sueños.

Porque, vamos a estar claros, poseer vivienda en una aspiración tan genéticamente humana, como lo puede ser el nido para un pájaro. Este ancestral deseo de pisar “tierra propia”, está atado a la idea de seguridad, protección, de refugio.

Por lo anterior, no es extraño suponer que sea la vivienda uno de los temas al cual todo gobernante que se precie de tal, dedique sus mayores atenciones, sobre todo en países como el nuestro, en el que una buena parte de la población presiente que se irá de este mundo sin haber alcanzado esa satisfacción primaria y justamente (de justicia) humana como lo es el hogar propio.

La imagen de la casa muerta como opción, como posibilidad, irrumpe en el imaginario del pueblo cuando el discurso oficial choca con la realidad que circunda el día a día de la gente.

Por ejemplo, pese a que el gobierno ha hecho esfuerzo por activar planes, misiones, estrategias, dirigidas a armar megas proyectos para la construcción de viviendas, el asunto no ha pasado, hasta ahora, de un deseo inacabado, que empieza a revelar a muchos ciudadanos que la posibilidad de que esa intención gubernamental prospere parece estar detenida por la corrupción, la ineficiencia u otras trabas de difícil superación.

Esa constatación de que hay “fuerzas” que se imponen a la estrategia nacional de construcción de viviendas, ha sido aludida por el propio Presidente Hugo Chávez Frías en no pocas ocasiones. Considera el Presidente que esa deuda no ha sido saldada con el pueblo, habiéndose tenido el tiempo suficiente como para, al menos, haber puesto en marcha una acción coherente de construcción.

Porque para solucionar el problema de la falta de vivienda lo único que puede hacerse en construir viviendas, aspiración políticamente no alcanzada no sólo por este gobierno, sino por sus predecesores.

Pero…¿Existe la posibilidad de dotar de vivienda a la gente – sobre todo la más humilde – sin pasar por la acción de construir nuevas casas, nuevos apartamentos…? Da la impresión, en este sentido, que existen sectores en el gobierno que estiman que hay en el país un número de viviendas ya construidas que, sumadas, pueden apuntalar la idea de darle techo al que no lo tiene.

Suponiendo que este deseo de buscar y ubicar viviendas ya construidas sea movido por la más profunda preocupación humana de hacer del poder un instrumento de justicia social, la estrategia comienza a mostrar signos de inalcanzable empresa, ante la reacción natural de los propietarios de esos inmuebles, que ven ahora al gobierno como una especie de Robin Hood de inaceptable presencia en una sociedad regida por leyes y por la existencia (se supone) del derecho a la propiedad privada.

Claro que deben haber miles de apartamentos sólo dedicados por sus dueños a la opción vacacional; otros que han sido convertidos en posadas, hoteles y otras alternativas de la industria turística; miles son alquilados por dueños que poseen varios inmuebles con ese destino, ciertamente mercantil pero no por ello ilegal. Qué existe injusticia en todo esto… ¡Pues claro! Pero la fórmula para saldar la deuda o al menos hacer que el sueño habitacional aterrice parece basarse más en la eficiente acción de construcción de nuevos inmuebles, que en la dura tarea de arrancar esos techos ya construidos y ponerlos encima – en el mejor de los casos – de quien los necesita.


DE LAS PORTADAS

Cultura navideña

Los venezolanos somos amantes del adorno, de las luces. Lo somos porque eso nos refiere a alegría. Por ejemplo, en cada pueblo de la geografía merideña, llegado el momento de las fiestas en homenaje al santo o la virgen del lugar, las calles y casas se acicalan para presentar la mejor imagen ante propios y visitantes. Así somos.

Ahora que viene diciembre, los habitantes de la ciudad de Mérida aspiran un gesto creativo de la alcaldía y de la gobernación, para hacer de Mérida un lugar agradable y vestido de fiesta para el fin de año. Aunque, pensándolo bien, con que arreglen las luces de las calles y avenidas, mucho harían por lograr esa deseada imagen de festividad.


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lunes, 7 de noviembre de 2011

Nada por sentado



Adelfo Solarte

Salud y saludos a todos

En este aún fresco mes de noviembre, los vientos navideños nos empiezan a llegar desde lo lejos. Pudiera pensarse que vienen cargados de paz y amor, pero lo cierto es que junto a esos sentimientos, vienen palabras cargadas de rencor, envidia, maldad.

Todo se lo debemos, en gran medida, a un ambiente preelectoral en donde no suelen existir amistades realmente sinceras. De allí que, ante el poder de las palabras que se nos vienen encima, he querido reproducir parte del Primer Acuerdo (de los Cuatro en total) escritos por el doctor Miguel Ruiz a partir de la sabiduría tolteca. Por favor, léalo y reflexiónelo:

Sé impecable con tus palabras

“El Primer Acuerdo es el más importante y también el más difícil de cumplir. Es tan importante que sólo

con él ya serás capaz de alcanzar el nivel de existencia que yo denomino «el Cielo en la Tierra».

El Primer Acuerdo consiste en ser impecable con tus palabras. Parece muy simple, pero es sumamente

poderoso.

¿Por qué tus palabras? Porque constituyen el poder que tienes para crear. Son un don que proviene

directamente de Dios. En la Biblia, el Evangelio de San Juan empieza diciendo: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». Mediante las palabras expresas tu poder creativo; lo revelas todo. Independientemente de la lengua que hables, tu intención se pone de manifiesto a través de las palabras. Lo que sueñas, lo que sientes y lo que realmente eres, lo muestras por medio de las palabras.

No son sólo sonidos o símbolos escritos; son una fuerza. Constituyen el poder que tienes para expresar y comunicar, para pensar y, en consecuencia, para crear los acontecimientos de tu vida. Puedes hablar.

¿Qué otro animal del planeta puede hacerlo? Las palabras son la herramienta más poderosa que tienes como ser humano, el instrumento de la magia. Pero son como una espada de doble filo: pueden crear el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea. Uno de los filos es el uso erróneo de las palabras, que crea un Infierno en vida. El otro es la impecabilidad de las palabras, que sólo engendrará belleza, amor y el Cielo en la Tierra.

Según cómo las utilices, las palabras te liberarán o te esclavizarán aún más de lo que imaginas. Toda la

magia que posees se basa en tus palabras. Son pura magia, y si las utilizas mal, se convierten en magia negra.

Esta magia es tan poderosa, que una sola palabra puede cambiar una vida o destruir a millones de personas. Hace años, en Alemania, mediante el uso de las palabras, un hombre manipuló a un país entero de gente muy inteligente. Los llevó a una guerra mundial sólo con el poder de sus palabras. Convenció a otros para que cometieran los más atroces actos de violencia. Activó el miedo de la gente, y de pronto, como una gran explosión, empezaron las matanzas y el mundo estalló en guerra. En todo el planeta los seres humanos

han destruido a otros seres humanos porque tenían miedo. Las palabras de Hitler, que se basaban en

creencias y acuerdos generados por el miedo, serán recordadas durante siglos. La mente humana es como un campo fértil en el que continuamente se están plantando semillas. Las semillas son opiniones, ideas y conceptos. Tú plantas una semilla, un pensamiento, y éste crece. Las palabras son como semillas, ¡y la mente humana es muy fértil! El único problema es que, con demasiada

frecuencia, es fértil para las semillas del miedo. Todas las mentes humanas son fértiles, pero sólo para la clase de semilla para la que están preparadas. Lo importante es descubrir para qué clase de semillas es fértil nuestra mente, y prepararla para recibir las semillas del amor”.


DE LAS PORTADAS

Paredes golpeadas

Sorprende que habiendo tanto medio moderno para hacer contacto con la gente, los políticos – tanto de la oposición como del gobierno – insistan en rayar las paredes y destruir lo poco que queda en pie en cuanto a ornato público.

Postes, teléfonos públicos, paredes, papeleras, aceras, nada se salva del vendaval electoral que apenas empieza a mostrar sus primeros dientes.

No quiero pensar qué será del país cuando las presidenciales se coloquen como tema único de nuestras vidas. Tal vez terminemos, todos, con un cartel en la espalda.


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