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domingo, 11 de octubre de 2015

OPINIÓN / No somos enterradores de Mérida

Mérida y su amalgama de iglesias y edificios. Fotografía tomada desde la Av.3 / Foto: Adelfo Solarte


Mérida llegó a sus 457 años. Los recibe de pie. Como una ciudad que de alguna manera ha logrado mantener el cordón umbilical que la ata a sus códigos identitarios.

Mantiene, en medio del desconcierto urbano de los nuevos tiempos,  rastros de su génesis que se logran visualizar, opacados tal vez, pero presentes con la suficiente fuerza como para justificar los esfuerzos por rescatarlos y tomarlos como guía de la ciudad futura.

Mérida no se ha estancado. Me ha tocado visitar algunas ciudades del país que en la última década han tenido dificultades para reinterpretarse.

Claro, no todo cambio es para bien, pero una ciudad, que es la suma de la vida humana, no puede quedarse como agua de estaque, sino como agua de río, que fluye y va enfrentando los retos del camino, con caídas, piedras, lluvias, obstáculos, pero que fluye y busca el destino que es el de seguir hacia adelante.
En ese sentido nuestra Mérida, es escenario de transformaciones. Aunque criticadas por muchos, obras como el Trolebús, la radical renovación del Teleférico de Mérida (ahora Mukumbarí), los nuevos bulevares,  los esfuerzos privados que a cuentas gotas se asoman en el perfil de la ciudad, todo ello reporta cambios físicos que hacen de la ciudad una entidad viva, por lo mismo compleja. No hay una ciudad única. La misma ciudad reporta sentimientos encontrados. Es parte de su ser.

Aún más dramáticos son los cambios humanos. ¿Será que se ha perdido la merideñidad? Y para saber si se ha perdido o no… ¿Qué es eso de la merideñidad?

Dicen los que investigan los fenómenos urbano-merideños, que en esa merideñidad hay elementos que no debemos dejar perder como, por ejemplo, el respeto, la caballerosidad, la cordialidad, un marcado sentido religioso, una pasión por las tradiciones construidas durante siglos, una inclinación hacia el saber, la academia, las luces. Son virtudes conjugadas en plural, de acento colectivo. Y por ellas hay que luchar porque, integradas a los cambios físicos de la ciudad, constituyen (o más bien restituyen) la posibilidad de ver una ciudad cambiada pero con una personalidad definida.

Pero debemos insistir en la ciudad que cambia, que se transforma, que crece, que no es estática. Podríamos decir que en esto de ver a la ciudad hay dos bandos: los que consideran los cambios como un daño en sí mismo a las virtudes urbanas, y los que estiman que la ciudad puede cambiar pero lo que no puede es traicionar su identidad. Pudiera hablarse incluso de un sector menos apegado a las tradiciones, ese que considera que la ciudad es un hecho de la gente que la hace y que si ese conjunto humano se da una ciudad sin alma, esa es la ciudad que tendrán.

Y es que, insistimos, no existe una ciudad. Puedo decir mi ciudad y en esa expresión recoger mis puntos de vista, los que pueden ser diametralmente opuestos a los de aquel que está a mi lado. Hay una “mi ciudad”, pero que depende de “nuestra ciudad”.

En todo caso, vuelvo, en la Mérida que veo como “mi ciudad” hay suficiente fortaleza como para justificar la lucha por hacerla mejor. Incluso, y esto puede sonar a paradoja, aquellos más acérrimos que intentan encontrar un camino para volver a la Mérida bucólica de décadas atrás, hay la convicción de lo rescatable. Es decir,  nadie salva a un cadáver. Se salva, o se hace el intento, a aquello que aún sigue vivo.


No somos, pues, enterradores de Mérida. Somos parte de los que escuchan su respiración e intentamos descubrir en su semblante una sonrisa vital. /Adelfo Solarte

domingo, 16 de febrero de 2014

La tentación de la censura





Si se era estudiante de periodismo por allá en 1989 también se era ávido lector del diario El Nacional y, por qué no decirlo, admirador de aquellos quienes como un equipo profesionalmente consciente de su responsabilidad, dejaron plasmada para la historia una de las mejores páginas del trabajo periodístico venezolano en el papel y la tinta de aquel diario.
Elizabeth Araujo, Roberto Giusti, Fabricio Ojeda, Régulo Párraga, Francisco Solórzano (Frasso), entre muchos otros, respondieron a la urgente necesidad de saber, de enterarse, de contar, de narrar lo que se vivió y sufrió en la Venezuela en aquellos aciagos días de represión y muerte, el 27 y 28 de febrero de 1989 y días sucesivos.
Tan crucial fue el trabajo periodístico desplegado por los reporteros de aquel diario El Nacional que semejante esfuerzo por mostrar ese retrato textual y fotográfico de lo sucedido en Venezuela en tiempos del paquetazo de Carlos Andrés Pérez, quedó registrado en un libro  que debería ser fundamental para todo el que se desempeñe como periodista: El día que bajaron de los cerros, una antología de crónicas e  imágenes paridas  por periodistas, al calor de la poblada de 1989.
De la contundencia socio política de los acontecimientos de aquel febrero de 1989  no queda  el menor rastro de dudas. En una intervención recordando la fecha, publicada en el diario Correo del Orinoco en febrero de 2010, el  presidente Hugo Chávez, calificó  al Caracazo como “la chispa que encendió el motor de la Revolución Bolivariana”.
Pero si bien el evento, el acontecimiento mismo, fue el combustible que movió la nave en la que se embarcaron los nuevos procesos sociales, su registro por parte de los medios de información también fue determinante.
Eran, estamos claros,  otros tiempos donde no había celulares, ni existía Internet como herramienta. Estamos hablando de 25 años atrás o para que suene más histórico, un cuarto  de  siglo en el pasado. Imperaban la televisión y la radio pero eran los medios impresos los refugios de la mayoría de los más comprometidos periodistas. Tal vez de allí la vitalidad  social de medios como El Nacional de aquellos años  y la incómoda cobertura que representó para el gobierno de turno (el de Carlos Andrés Pérez) el trabajo comprometido de los periodistas.
Es importante mencionar también que no sólo para el gobierno que lideró en su momento Hugo Chávez – cuyo legado político es el sostén del actual mandato  constitucional de Nicolás Maduro -  sino para una buena parte de las principales figuras que ostentan  el poder político dentro  del gobierno, la cobertura de los  acontecimientos vinculados al  Caracazo de 1989, representan un patrimonio de la historia nacional, de su memoria.
Por ejemplo, el año pasado la Asamblea Nacional organizó el foro “El Caracazo, un verdadero grito de rebelión”. Los  organizadores afirmaban  que  ese foro formaba parte de “las jornadas de reflexión y rescate de la memoria histórica sobre las víctimas de los gobiernos del llamado Pacto de Punto Fijo”.
En el sitio web de la emisora Alba Ciudad 96.3 FM, de Caracas, que apoya al actual  gobierno, se publicó  el año pasado una recopilación de imágenes del  extraordinario fotógrafo Francisco Solórzano bajo el título “El 27 deFebrero, captado por el reportero gráfico Francisco Frasso Solórzano”, material en el que hay un párrafo que reza  lo siguiente:
“Estas imágenes históricas sólo nos dan una lejana idea de lo que fue el 27 de Febrero de 1989 (y los días subsiguientes) para el pueblo venezolano. Miles de personas se lanzaron a la calle tras ejecutarse un duro paquete de políticas económicas a instancias del Fondo Monetario Internacional, que se materializaron en escasez y aumentos desproporcionados de alimentos y servicios públicos. El pueblo no aguantó más, y el gobierno de Carlos Andrés Pérez respondió con una represión nunca antes vista, que dejó miles de muertos”.
¿Hacia dónde nos lleva estas referencias de 1989?: hacia la constatación de que más allá del primario impulso de quien ostenta el poder de prohibir, censurar, frenar la cobertura, la imagen, el registro, el trabajo de los medios, la acción periodística, debe imperar la sensatez de dejar que el flujo de la información siga su curso, sin más límites de lo que pueda establecer la responsabilidad ética, pero también jurídica, de quien difunda.
Es obvio que lo anterior entraña un gran riesgo político o puede interpretarse como el harakiri que pondrá fin al control del poder.
No obstante, la historia, constatada por los que ahora les toca el ejercicio del gobierno, indica que es preferible juzgar los excesos de la información a posteriori – que para eso sobran leyes - que frenar su ejercicio al calor de los acontecimientos. O lo que es lo mismo, es preferible ver las crudas imágenes de 1989, surgidas del a Dios gracias oportuno lente de Frasso; o leer las humanas pero a su vez estremecedoras historia de aquellas crónicas periodistas que nos contaron el Caracazo, que lamentarnos como sociedad por su ausencia.
Los únicos que se frotan las manos con el silencio son los culpables. Por ello, partiendo de la premisa de que este gobierno actúa con respeto e integridad frente a su pueblo, incluso ante a aquellos que reclaman, protestan y adversan, no debería haber, en lo absoluto, razones para sacar del aire un canal, presionar medios o decidir que imágenes o cuáles no podemos ver los venezolanos. En suma, la libertad de información es un reflejo del grado de fortaleza con la que se mira y aprecia el propio gobierno. Es una prueba de democracia. (La imagen usada en  esta  nota es   autoría de  Francisco  Solórzano  "Frasso"  / Febrero 1989 )




lunes, 13 de febrero de 2012

Suposiciones que matan



NOTA: Este material es parte de mi columna semanal Nada por sentado publicada todos los lunes por el Diario de Los Andes: www.diariodelosandes.com.

Cuando escribo esta columna avanzaba el proceso de votación de las primarias. Indistintamente de quienes hayan sido escogidos en este proceso (candidato presidencial, candidatos a gobernadores o aspirantes a alcaldes) me parece importante referirme al acto en sí mismo, como positiva expresión de ejercicio democrático y, lo que es más importante, como comprobación de que muchas veces se suele partir de algunos supuestos – de escenarios inexistentes – para justificar la no participación o para participar pero con el hacha en la mano.

A ver: no soy amigo de la expresión “piensa mal y acertarás”. Se que en el terreno político puede tomarse como un acto de suma candidez una postura de creer que el otro no buscará la forma de hacerme daño, pero el punto es que peores resultados puede traer la decisión de ponerme una armadura, buscar las armas y salir pegando gritos de guerra en un escenario donde todo está en calma.

“Hemos acordado ayudarnos mutuamente a sufrir”, afirma Don Miguel Ruiz en sus Cuatro Acuerdos, el muy comentado libro que refleja la sabiduría de los antiguos Toltecas. Como nos tomamos cada palabra en serio – las que vienen del “agresor” y del que obra como “igual político” – terminamos haciendo un terrible gasto de energía emocional luchando contra situaciones imaginarias, tal como Don Quijote y sus molinos de viento.

En el Tercer Acuerdo de la sabiduría tolteca – titulado No hagas Suposiciones - se plantea más claramente lo que intentamos decir. Veamos la cita: “Tendemos a hacer suposiciones sobre todo. El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que

suponemos es cierto. Juraríamos que es real. Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan –nos lo tomamos personalmente -, y después, los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras. Este es el motivo por el cual siempre que hacemos suposiciones, nos buscamos problemas. Hacemos una suposición, comprendernos las cosas mal, nos lo tomamos personalmente y acabamos haciendo un gran drama de nada”.

Aunque es posible que en el proceso de ayer se hayan producido incontables situaciones que de alguna manera enturbiaron la marcha de las elecciones, buscar un excusa para sostener nuestras suposiciones, no nos lleva y ni llevará, como país, a ningún lado.

En lo personal noté que en varios centros de votación – acá en Mérida -los efectivos militares y de la Milicia Bolivariana se comportaron de forma seria, respetuosa e institucional. Lo digo y escribo porque en el contexto que me tocó moverme ayer eso fue lo que vi.

Todo el material suministrado por el CNE estaba en orden y los equipos funcionaban adecuadamente. Lo visto fue apreciado por todos los que acudieron a votar. En ese contexto estaban demás las suposiciones de saboteo, de amedrentamiento de falta de apoyo o cualquier historia de desventura. Repito: la percepción del proceso debe corresponderse con lo que realmente se notó en cada contexto, pero estimo que en muchos casos la elección primaria se produjo dentro de un ambiente de civilidad y colaboración institucional.

Remato este comentario aludiendo nuevamente a las palabras extraídas de los Cuatro Acuerdos que contienen el llamado a reflexionar sobre una conducta marcadamente obsesiva sobre “lo mal que nos va a ir” cuando el escenario puede ser otro. Esta es la cita: “Concédete un momento para considerar la verdad de esta afirmación: Toda la cuestión del dominio entre los seres humanos gira alrededor de las suposiciones y el tomarse las cosas personalmente. Todo nuestro sueño del Infierno se basa en ello”.

domingo, 8 de enero de 2012

Nada por sentado





Adelfo Solarte

Salud y saludos a todos


El limpio cielo de enero

Esto se cuenta de nuestros campesinos: dicen que el primero de enero, con el regusto del miche todavía en la boca y la cabeza zarandeada por la parranda de año nuevo, se asomaban por la ventaba de sus cuartos. Con los ojos entreabiertos, de seguro encandilados por el intenso sol de enero, nuestros campesinos tomaban nota de lo que veían. Cielos despejados o no, nubes blancas, bajas o arremolinadas allá en las alturas. El brillo del azul, el viento, el frío…En fin: notaban incluso si volaban los pájaros y si una que otra gota los sorprendía.
Así lo hacían el día 2 de enero, así como el 3, el 4…Hasta el 12 de enero.
Una vez cumplido el ritual de ver los 12 amaneceres, nuestros campesinos se sentían ya en capacidad de vaticinar cómo serían los meses que estaban por venir. Cada día, cada amanecer y su situación atmosférica, le daban los datos esenciales para trasladar lo que veían a todo un mes. Es decir, el estado del tiempo que observaban cada mañana, les indicaba cómo se suponía iba a ser el mes al cual ese día representaba.
De esta manera, el primero de enero representaría al mes de enero. El 2 de enero representaba a febrero y el 3 de enero a marzo. Así sucesivamente hasta llegar al 12 de enero que vislumbraba cómo sería el mes de diciembre de ese año.
Nuestros campesinos estaban convecinos de que esa técnica, llamada “Las pintas de enero” era precisa y que, por ende, les permitía, de alguna manera, prever incluso cómo se debían manejar las decisiones previas a las siembras y los cultivos.
He leído que “Las pintas de enero” es una tradición incluso del campesinado latinoamericano ya que en Nicaragua, México, Guatemala, Colombia y Perú, por ejemplo, los habitantes del campo, sobre todo los de mayor edad, suelen recurrir a la observación de los primeros días del año para augurar el estado del tiempo durante todo el año que se inicia.
Más allá de lo curioso, folklórico o simpático que pueda sonar el tema de “Las pintas de enero”, está claro que por su pervivencia en el tiempo y por su arraigo en buena parte del continente, el asunto sigue inspirando a muchos campesinos en torno a lo que proyecta el año.
Yo me apoyo en una gran verdad para establecer mis propias predicciones no tanto del tiempo – ya de por sí impredecible por tantos factores humanos que lo alteran – sino de nuestras posibilidades como ciudad, como estado, como país… Como humanidad.
Este enero de 2012 he visto mañanas diáfanas. He visto, en estos nueve primeros días, el “azul bruñido” que vio Mariano Picón iluminando el cielo. Un viento leve y un frío escondido entre la intensa claridad. He visto hermosos amaneceres y pienso que si debemos refugiarnos en algún pronóstico, debemos escoger el mejor.
Este 2012 – más allá de lo sólo electoral – será un buen año para Mérida ciudad, para Mérida estado y para todo el país. Lo será siempre y cuando no nos quedemos a mirar por la ventana sino nos atrevamos a abrir la puerta de nuestras iniciativas y a caminar ese campo que se nos muestra iluminado. Lo será si así lo queremos.



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martes, 13 de diciembre de 2011

Nada por sentado


Adelfo Solarte

La punta del obelisco

Manejaba por la avenida 8, en el centro de la ciudad. Subía rumbo a Belén y cuando pasaba frente al Cementerio de El Espejo noté algo que me llamó mucho la atención, al punto que detuve el carro unos segundos para verificar que realmente lo que veía era lo que veía.

No se trababa de una aparición, por cierto. Se trataba del obelisco ubicado allí en la plaza de El Espejo frente a la capilla y al cementerio del mismo nombre.

El asunto era que la placita había sido arreglada. Digamos que recibió una dosis de cariño (creo que de parte de Cormetur). Lo curioso es que el obelisco estaba pintado de impecable blanco. Bueno, en realidad no todo. Cuando faltaba algo así como dos metros para llegar a la punta el obelisco, éste quedó sin pintura. Sucio y mohoso, esos dos metros de estructura, la punta del obelisco, no fue pintada.

¿Por qué?... ¿Se les acabaría la pintura?, ¿Lo dejarían para luego?, ¿Van a colocar allí algún ornamento nuevo?

Días después pasé y el obelisco seguía mostrando su punta sin pintar. Comprobé que así se quedaría, que quien lo pintaba, o su supervisor, decidió que no importaba dejarlo a medio camino.

Me causó cierta tristeza comprobar que en muchos casos, no estamos dispuestos a buscar la excelencia de las cosas, a cuidar los detalles. Cuando viajamos a otras ciudades, a otros países, tal vez los que nos llama más la atención - y con lo que venimos echando el cuento - es la limpieza, el ornato, el orden… El buen vivir. Para mí esos son los detalles.

Dice Miguel Ruiz en su famoso libro Los Cuatro Acuerdos – en realidad una interpretación de la filosofía de los toltecas – que siempre debemos hacer el máximo esfuerzo. Escribe lo siguiente en el acuerdo número cuatro: “Haz siempre tu mejor esfuerzo. Bajo cualquier circunstancia, haz siempre tu máximo esfuerzo, ni más ni menos. Pero piensa que eso va a variar de un momento a otro. Todas las cosas están vivas y cambian continuamente, de modo que, en ocasiones, lo máximo que podrás hacer tendrá una gran calidad, y en otras no será tan bueno.

Cuando te despiertas renovado y lleno de vigor por la mañana, tu rendimiento es mejor que por la noche cuando estás agotado. Lo máximo que puedas hacer será distinto cuando estés sano que cuando estés enfermo, o cuando estés sobrio que cuando hayas bebido. Tu rendimiento dependerá de que te sientas de maravilla y feliz o disgustado, enfadado o celoso. En tus estados de ánimo diarios, lo máximo que podrás hacer cambiará de un momento a otro, de una hora a otra, de un día a otro. (…) Independientemente del resultado, sigue haciendo siempre tu máximo esfuerzo, ni más ni menos. (…) Limítate a hacer tu máximo esfuerzo, en cualquier circunstancia de tu vida. No importa si estás enfermo o cansado, si siempre haces tu máximo esfuerzo, no te juzgarás a ti mismo en modo alguno. Y si no te juzgas, no te harás reproches, ni te culparás ni te castigarás en absoluto. Si haces siempre tu máximo esfuerzo, romperás el fuerte hechizo al que estás sometido”.

Con respecto al obelisco, estoy seguro que allí no se hizo el mayor esfuerzo, tal vez porque no se consideró necesario. ¿Quién va a notar que faltó por pintar la punta del obelisco, por Dios?...Pero se nota, como se notan los detalles que sumados nos hacen un mejor o un peor país, una mejor o una peor ciudad, mejores o peores personas.




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lunes, 5 de diciembre de 2011

Nada por sentado



Adelfo Solarte

Salud y saludos a todos

Algo bueno tiene que quedar

El punto es este: no es sensato apostar al fracaso de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) sólo por el hecho de que haya sido el Presidente Chávez uno de sus artífices. Sería ésta una posición poco racional, calcada de mentes cerradas, asumida por quienes creen tener el control absoluto de la razón. Es como no visitar Colombia porque nos caiga mal el Presidente Santos.

Eso si partimos de que la figura de Chávez es un elemento controversial en cada paso que da Venezuela en el concierto internacional. Pero, recordemos, un importante sector del país comulga de distintas maneras con las ideas del Presidente, con lo cual mal podemos suponer que su presencia en el parto de la Celac sea tenida como negativa por todos los venezolanos.

También es cierto que no pocos consideran que con este nuevo organismo Chávez no sólo busca un presunto baño de popularidad democrática a los ojos del mundo, sino alguna otra acción oculta bajo la manga. Vaya usted a saber.

Sin embargo, cualquier sospecha, cualquier duda, tiene que medirse en función de la trascendencia en la constitución de un ente de total sentido latinoamericanista, condición que no se la da Chávez – aunque sea éste quien más la pregone – sino la suma de voluntades de 33 países, un número que eleva a la Celac a la altura de los principales organismo internacionales, en el orbe.

Evitar no sólo el pesimismo sino incluso el ataque sin fundamento y desproporcionado hacia la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y su presencia en el concierto mundial, es una postura que toma en cuenta, por ejemplo, que la comunidad está integrada por seres pesantes, cada cual con sus intereses, pero no por una manada de ovejas o eunucos siendo arriados por Chávez. Pensar así equivale a irrespetar la inteligencia ajena.

Además, detalles políticos como el que, por ejemplo, la presidencia pro tempore de la Celac haya sido puesta en manos de Chile, habla de un ente con posibilidades de asumir con altura las fuertes diferencias y divergencias políticas de los estados que le dan forma.

Este dato no es para despreciar. Revisando el diario chileno La Tercera, uno de los más importantes medios impresos de Latinoamérica y no precisamente un medio al servicio de Chávez, en un artículo afirma que si bien el presidente de Chile Sebastián Piñera “había mantenido una tensa relación con Chávez, ambos dejaron de lado sus diferencias para fortalecer el rol de la Celac. En mayo de 2010 -en una cumbre Unasur en Argentina- concretaron un pacto de no agresión para no perjudicar al bloque”.

Es decir, se entiende que las diferencias políticas existen y no van a desaparecer de la noche a la mañana porque exista un nuevo ente de integración, pero también se deriva del caso chileno que hay naciones que sin estar alineadas al que pudiera llamarse “grupo de amigos de Chávez” (que por cierto, no son pocos), se suman a la idea de una Celac fuerte y efectiva en sus propuestas.

La Celac quedó constituida, según la Declaración de Caracas, como una organización que debe avanzar en el proceso de integración política, económica, social y cultural. El plan de acción 2012 apunta que deberá fortalecer las capacidades para evitar crisis internas y el impacto de las externas; consolidar la integración económica; incrementar la cooperación; crear una preferencia arancelaria latinoamericana y caribeña; buscar vías para erradicar el hambre y la pobreza, y crear una estrategia energética regional. En fin, apostemos al triunfo de un ente que debería superar nuestras divergencias domesticas.


DE LAS PORTADAS

La ULA es un cohete

Una excelente noticia, del mundo de la ciencia y la tecnología, nos capturó esta semana. Así decía: “Tres cohetes tipo sonda de combustible sólido elaborados por los investigadores del Centro de Estudios Espaciales de la Universidad de Los Andes, CIAE-ULA con el apoyo del equipo de expertos del Centro de Investigación y Desarrollo Aeronáutico, CIDAE, de la Aviación Militar Bolivariana, AMB, fueron lanzados a la atmósfera el pasado 26 de noviembre con el fin de realizar importantes mediciones científicas. Como un día memorable para la ULA y el país, catalogó la experiencia el coordinador del Proyecto Cohete Sonda ULA del CIAE, Vicente Marcano, junto a su equipo de trabajo”. Celebramos el logro y lo compartimos con nuestros lectores.


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domingo, 13 de noviembre de 2011

Nada por sentado



Adelfo Solarte

Salud y saludos a todos

Casas muertas

No me refiero a la extraordinaria novela surgida de la pluma de Miguel Otero Silva y en la que quedó retratada la muerte de un próspero pueblo venezolano. Presto el nombre de “casas muertas” para indicar lo que – es mi percepción – ocurre en mente de muchos venezolanos en torno a la posibilidad de llegar a concretar el sueño de tener vivienda propia, un techo que los cobije, la casa de sus sueños.

Porque, vamos a estar claros, poseer vivienda en una aspiración tan genéticamente humana, como lo puede ser el nido para un pájaro. Este ancestral deseo de pisar “tierra propia”, está atado a la idea de seguridad, protección, de refugio.

Por lo anterior, no es extraño suponer que sea la vivienda uno de los temas al cual todo gobernante que se precie de tal, dedique sus mayores atenciones, sobre todo en países como el nuestro, en el que una buena parte de la población presiente que se irá de este mundo sin haber alcanzado esa satisfacción primaria y justamente (de justicia) humana como lo es el hogar propio.

La imagen de la casa muerta como opción, como posibilidad, irrumpe en el imaginario del pueblo cuando el discurso oficial choca con la realidad que circunda el día a día de la gente.

Por ejemplo, pese a que el gobierno ha hecho esfuerzo por activar planes, misiones, estrategias, dirigidas a armar megas proyectos para la construcción de viviendas, el asunto no ha pasado, hasta ahora, de un deseo inacabado, que empieza a revelar a muchos ciudadanos que la posibilidad de que esa intención gubernamental prospere parece estar detenida por la corrupción, la ineficiencia u otras trabas de difícil superación.

Esa constatación de que hay “fuerzas” que se imponen a la estrategia nacional de construcción de viviendas, ha sido aludida por el propio Presidente Hugo Chávez Frías en no pocas ocasiones. Considera el Presidente que esa deuda no ha sido saldada con el pueblo, habiéndose tenido el tiempo suficiente como para, al menos, haber puesto en marcha una acción coherente de construcción.

Porque para solucionar el problema de la falta de vivienda lo único que puede hacerse en construir viviendas, aspiración políticamente no alcanzada no sólo por este gobierno, sino por sus predecesores.

Pero…¿Existe la posibilidad de dotar de vivienda a la gente – sobre todo la más humilde – sin pasar por la acción de construir nuevas casas, nuevos apartamentos…? Da la impresión, en este sentido, que existen sectores en el gobierno que estiman que hay en el país un número de viviendas ya construidas que, sumadas, pueden apuntalar la idea de darle techo al que no lo tiene.

Suponiendo que este deseo de buscar y ubicar viviendas ya construidas sea movido por la más profunda preocupación humana de hacer del poder un instrumento de justicia social, la estrategia comienza a mostrar signos de inalcanzable empresa, ante la reacción natural de los propietarios de esos inmuebles, que ven ahora al gobierno como una especie de Robin Hood de inaceptable presencia en una sociedad regida por leyes y por la existencia (se supone) del derecho a la propiedad privada.

Claro que deben haber miles de apartamentos sólo dedicados por sus dueños a la opción vacacional; otros que han sido convertidos en posadas, hoteles y otras alternativas de la industria turística; miles son alquilados por dueños que poseen varios inmuebles con ese destino, ciertamente mercantil pero no por ello ilegal. Qué existe injusticia en todo esto… ¡Pues claro! Pero la fórmula para saldar la deuda o al menos hacer que el sueño habitacional aterrice parece basarse más en la eficiente acción de construcción de nuevos inmuebles, que en la dura tarea de arrancar esos techos ya construidos y ponerlos encima – en el mejor de los casos – de quien los necesita.


DE LAS PORTADAS

Cultura navideña

Los venezolanos somos amantes del adorno, de las luces. Lo somos porque eso nos refiere a alegría. Por ejemplo, en cada pueblo de la geografía merideña, llegado el momento de las fiestas en homenaje al santo o la virgen del lugar, las calles y casas se acicalan para presentar la mejor imagen ante propios y visitantes. Así somos.

Ahora que viene diciembre, los habitantes de la ciudad de Mérida aspiran un gesto creativo de la alcaldía y de la gobernación, para hacer de Mérida un lugar agradable y vestido de fiesta para el fin de año. Aunque, pensándolo bien, con que arreglen las luces de las calles y avenidas, mucho harían por lograr esa deseada imagen de festividad.


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domingo, 30 de octubre de 2011

Nada por sentado



Adelfo Solarte

Salud y saludos a todos

La humanidad en video

Dado que ahora existe una cámara grabando todo lo que pase frente a su lente en los lugares y momentos más insospechados, y existiendo la tecnología para procesar y “subir” todo ese material a Internet, la humanidad se ha convertido por obra y gracia de la informática en espectadora de sus venturas y desventuras.

De allí que en portales tan abrumadores en cuanto a acceso e información contenida – como es, por ejemplo, YouTube - abunden videos de peleas, encuentros románticos, robos, acciones heroicas, accidentes viales, milagros de vida, entre un catálogo inagotable de situaciones en las que los protagonistas somos los seres humanos.

Uno de los más dramáticos y a la vez polémicos videos presentados en la Web fue el de una niña china de nombre Yueyue, arrollada dos veces en una solitaria calle, y quien fuese reiteradamente ignorada por 18 transeúntes que en un lapso de varios minutos pasaron junto al cuerpo moribundo de la pequeña, como si caminaran al lado de una papelera. La niña Yueyue murió tras días de agonía. El asunto transcendió a la discusión “mundial” cuando el video de la cámara de seguridad pasó a los medios y a Internet.

A partir de la exposición de lo que puede ser considerado una evidencia de “frialdad colectiva”, llovieron muchos cuestionamientos en contra de la sociedad china. En realidad estas acusaciones, muchas de un claro corte xenófobo, hacían injustas generalizaciones sobre el comportamiento de los ciudadanos del gigantesco país asiático. Otros llegaron a poner en duda “la humanidad de los seres humanos”.

Más adelante otro caso, el de la muerte por arrollamiento de otro niño chino, de nombre Xiong Maoke, de cinco años, le echó aún más leña al fuego de la discusión sobre los ejemplos de insensibilidad humana en suelo asiático. Por cierto, esta última historia ha sido calificada como falsa por las autoridades chinas, quienes afirman que se han corrido versiones mal intencionadas sobre este segundo caso.

El tema es que uno ingresa a los foros o a las ahora famosas secciones de opinión de los portales en Internet y encuentra a una humanidad impactada y asqueada de actos claramente cuestionables de otras personas.

Son válidas las críticas que se hacen de semejantes muestras de deshumanización que sufre la sociedad moderna. Pero este vendaval de señalamientos parecen esconder, a su vez, la otra parte cruda de la historia: no estamos, por lo visto, dispuestos a aceptar nuestras muestras locales, particulares e íntimas de desamor, de indolencia, de falta de solidaridad.

Que mientras que Yueyue y Xiong Maoke morían no sólo atropellados por el peso de las ruedas sino por las toneladas de indiferencia de parte de algunos de sus vecinos, otras muertes, otras angustias, otros dolores cercanos nos acosan. Lo único es que no hubo una cámara encendida para grabarlas y mostrar nuestra propia indiferencia.


DE LAS PORTADAS

DLA: querer hacer las cosas

Hoy lunes 31 de octubre usted tendrá en sus manos la edición especial que marca un nuevo aniversario del Diario de Los Andes. Pero más allá del detalle de poner hoy el acento en una región de gran interés productivo – como lo El Vigía y la zona Panamericana - , es el mismo Diario de Los Andes quien se nos presenta como un ejemplo mismo de “querer hacer las cosas”. Ocurre que cuando se tienen todos los recursos, el emprender iniciativas parece un asunto más de sencilla decisión que de una extrema convicción y determinación. Por el contrario, el Diario de Los Andes – lo digo porque durante tres años estuve en la dirección de este medio – es una empresa cuyos recursos son restringidos pero cuya determinación a seguir adelante termina por asombrarnos. En ese sentido, uno busca explicaciones y se pregunta ¿Qué energía permite que se puedan vencer tantos obstáculos de forma reiterada? ¿Qué hace que el Diario de Los Andes quiera hacer las cosas? La primera respuesta que me alumbra es la presencia de un gran hombre, que guía e inspira: Eladio Muchacho Unda. Su presencia es para muchos elemento suficiente para saber que es necesario seguir adelante. Lo otro: un gran equipo humano que lucha contra los obstáculos y al final termina sonriendo. ¡Feliz aniversario!


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domingo, 23 de octubre de 2011

Nada por sentado

LA VIDA DE LOS OTROS

Esta semana un video transmitido por distintos sitios de Internet y sobre todo mediante el uso de las redes sociales, causó millones de comentarios de todo tenor. El tema de fondo fue la condición humana y cómo vemos y digerimos distintas situaciones en las que se pierde la vida de otro.

El video y las fotos más vistas y reiteradamente comentadas fueron las de la muerte Muamar Gadafi. Aunque aún a estas alturas existen distintas explicaciones sobre el fallecimiento del malogrado líder libio, todo apunta a una ejecución tras ser golpeado, masacrado y humillado por las tropas opositoras que lo apresaron.

Está claro que la vida de Gadafi no parece ser la de un adalid de los derechos humanos. O lo que es lo mismo: en nuestro caso, es imposible quemarse las manos por la defensa de la integridad moral y ética del ahora extinto coronel libio. Sin embargo ¿Quién puede lazar la primera piedra en cuestión de moralidad?

El caso es que en el fondo los que ahora se hacen del poder en Libia, debieron esmerarse por ser ejemplo de respeto a la condición humana ya que ese tema había sido – y sigue siendo – el esgrimido para justificar la necesidad de sacar a Gadafi del poder. Si es así ¿Cómo puede llegar el nuevo gobierno a construir credibilidad sobre democracia, respeto y otros conceptos fundamentales sobre la base de un linchamiento tan notorio como el de Gadafi? Todo lleva a pensar que si al coronel se le sometió a semejante escarnio y ejecución ¿Qué puede pasar con figuras menos notorias del anterior régimen?

Con razón la portavoz de la ONU, Rupert Colville, subrayó que existen por lo menos cinco versiones y dos videos conflictivos tomados por teléfonos celulares. En uno se le muestra vivo y en el otro muerto. Colville destacó que para que Libia se convierta en una democracia y responda a las aspiraciones de su pueblo, “los derechos humanos tienen que ser el pilar de toda política y acción”.

Pese a este deseo, lo que hemos estado viendo en pantalla desde que se iniciaron los acontecimientos en Libia, no parece corroborar la intención de un régimen menos arrogante y cruel que el de Gadafi.

Otra cosa: para un verdadero demócrata, para un defensor de los derechos humanos fundamentales, no hay opción posible ni justificación para los excesos. Decir que a Gadafi debían ejecutarlo de la manera como lo hicieron porque en su vida fue una mala persona, equivale a reproducir el mismo mal lo cual nos haría merecedores del mismo destino por aquellos que no nos apoyan… ¿Se imaginan ustedes el ancho río de sangre que se desataría? “El perdón es la venganza de los buenos”, dice un refrán. De los buenos pero también de los justos y de los que obran de acción y no de palabra.

DE LAS PORTADAS

Un día sin barrer

Todos celebran de Mérida, de la ciudad de Mérida, su entorno natural…Y cómo no hacerlo si tenemos las más altas montañas que puedan ver ojos de venezolano, macizos que se erigen ante nosotros. Nevadas espectaculares que se admiran desde la ventana de nuestro cuarto con un café en la mano. Además de eso, una brisa fría y amiga que nos invita a salir a caminar…En fin. Nuestros alrededores son una bendición.

Pero en la propia ciudad, donde la naturaleza tuvo que dar obligado paso al desarrollo urbano, las cosas no andan muy bien. Sobre todo por nuestra manía de hablar más de lo que hacemos como ciudadanos. Un ejemplo es que la gente se queja de la basura en las calles y reclama cuando Urbaser, por ejemplo, no cumple con su trabajo de limpiar calles, aceras y otros espacios comunes. Pero el problema no es Urbaser sino la gente que arroja la basura. Con un solo día que tuviésemos sin servicio de recolección de desechos nos veríamos ahogados por nuestra poca solidaridad para con el ornato de la ciudad.

Así pues, celebramos nuestro entorno natural pero destruimos el que compartimos cada día. Debemos cambiar.


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