domingo, 17 de marzo de 2013
Venezuela
lunes, 13 de febrero de 2012
Suposiciones que matan

NOTA: Este material es parte de mi columna semanal Nada por sentado publicada todos los lunes por el Diario de Los Andes: www.diariodelosandes.com.
Cuando escribo esta columna avanzaba el proceso de votación de las primarias. Indistintamente de quienes hayan sido escogidos en este proceso (candidato presidencial, candidatos a gobernadores o aspirantes a alcaldes) me parece importante referirme al acto en sí mismo, como positiva expresión de ejercicio democrático y, lo que es más importante, como comprobación de que muchas veces se suele partir de algunos supuestos – de escenarios inexistentes – para justificar la no participación o para participar pero con el hacha en la mano.
A ver: no soy amigo de la expresión “piensa mal y acertarás”. Se que en el terreno político puede tomarse como un acto de suma candidez una postura de creer que el otro no buscará la forma de hacerme daño, pero el punto es que peores resultados puede traer la decisión de ponerme una armadura, buscar las armas y salir pegando gritos de guerra en un escenario donde todo está en calma.
“Hemos acordado ayudarnos mutuamente a sufrir”, afirma Don Miguel Ruiz en sus Cuatro Acuerdos, el muy comentado libro que refleja la sabiduría de los antiguos Toltecas. Como nos tomamos cada palabra en serio – las que vienen del “agresor” y del que obra como “igual político” – terminamos haciendo un terrible gasto de energía emocional luchando contra situaciones imaginarias, tal como Don Quijote y sus molinos de viento.
En el Tercer Acuerdo de la sabiduría tolteca – titulado No hagas Suposiciones - se plantea más claramente lo que intentamos decir. Veamos la cita: “Tendemos a hacer suposiciones sobre todo. El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que
suponemos es cierto. Juraríamos que es real. Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan –nos lo tomamos personalmente -, y después, los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras. Este es el motivo por el cual siempre que hacemos suposiciones, nos buscamos problemas. Hacemos una suposición, comprendernos las cosas mal, nos lo tomamos personalmente y acabamos haciendo un gran drama de nada”.
Aunque es posible que en el proceso de ayer se hayan producido incontables situaciones que de alguna manera enturbiaron la marcha de las elecciones, buscar un excusa para sostener nuestras suposiciones, no nos lleva y ni llevará, como país, a ningún lado.
En lo personal noté que en varios centros de votación – acá en Mérida -los efectivos militares y de la Milicia Bolivariana se comportaron de forma seria, respetuosa e institucional. Lo digo y escribo porque en el contexto que me tocó moverme ayer eso fue lo que vi.
Todo el material suministrado por el CNE estaba en orden y los equipos funcionaban adecuadamente. Lo visto fue apreciado por todos los que acudieron a votar. En ese contexto estaban demás las suposiciones de saboteo, de amedrentamiento de falta de apoyo o cualquier historia de desventura. Repito: la percepción del proceso debe corresponderse con lo que realmente se notó en cada contexto, pero estimo que en muchos casos la elección primaria se produjo dentro de un ambiente de civilidad y colaboración institucional.
Remato este comentario aludiendo nuevamente a las palabras extraídas de los Cuatro Acuerdos que contienen el llamado a reflexionar sobre una conducta marcadamente obsesiva sobre “lo mal que nos va a ir” cuando el escenario puede ser otro. Esta es la cita: “Concédete un momento para considerar la verdad de esta afirmación: Toda la cuestión del dominio entre los seres humanos gira alrededor de las suposiciones y el tomarse las cosas personalmente. Todo nuestro sueño del Infierno se basa en ello”.
martes, 31 de enero de 2012
Dejar hacer, dejar pasar
NOTA: Este material es parte de mi columna semanal Nada por sentado publicada todos los lunes por el Diario de Los Andes: www.diariodelosandes.com.
¿Qué hace a una ciudad un espacio “bueno para vivir” o “grato para la vida”? La respuesta puede ser compleja y tener múltiples aristas en función del ojo de quien la mire. Es obvio que la respuesta también pudiera estar emparentada a ese listón (alto o bajo) o umbral (alto o bajo) del cual hablábamos en una columna precedente: el estándar que cada urbe quiera darse depende del grado de conformismo o no de sus habitantes.
En http://laboratorioarquitecturaperu.blogspot.com
(blog que recomiendo ampliamente) presentaron una entrevista hecha a un grupo de arquitectos holandeses. El título del post es "Una buena ciudad es mejor que una buena casa". La entrevista buscaba establecer los actuales enfoques de la arquitectura en el llamado país de los tulipanes.
Ante una de las preguntas de cómo se vive la arquitectura en un país como Holanda, uno de los entrevistados respondía: “Somos afortunados. En Holanda la arquitectura es algo normal, importante. No porque se hable de ella sino porque está para usarse. Y hay mucha. Por eso hay mucho trabajo. Tenemos clientes profesionales que no buscan a sus arquitectos en las revistas. Buscan relaciones a largo plazo, calidad, servicio, atención. El ayuntamiento es clave en la arquitectura de las ciudades holandesas. Apuestan por ciudades para los ciudadanos. No por monumentos para mayor gloria de los políticos. La gente es exigente, está acostumbrada a exigir, y las leyes reflejan esa exigencia”.
En esas palabras podemos ver reflejado el punto que nos trae a cuento: “la gente es exigente, está acostumbrada a exigir”. Claro, también “las leyes reflejan esa exigencia”.
En Mérida, decíamos en la columna anterior, pareciera exhibirse un estándar que tiende a hablar de una “comunidad exigente”. No obstante mi optimista percepción debe vérselas con una cotidianidad dura y perenne en la que sobran ejemplos de una especie de lento pero seguro aniquilamiento de la calidad,el buen gusto,la estética,el ornato,la belleza…Para mí:la calidad de vida. Nos quieren quitar la expresión “vivo en una ciudad donde vale la pena vivir”.
Ejemplos, decíamos, sobran, pero recientemente vi uno que debe ser suficiente para hacer patente la cotidiana lucha que debe librar Mérida contra sus agresores los cuales, para sorpresa nuestra, somos los propios merideños acompañados de unas autoridades a las que pareciera no movérseles la fibra por esta aún hermosa ciudad.
En plena avenida 4, la Bolívar (históricamente la más importante) cada día los buhoneros van ganado espacios. Claro, en un país en el que el empleo es un problema sin resolver, es obvio que las ciudades deben dar cobijo a un ejército de personas que deben sobrevivir de alguna manera.
Ese es ya un problema mayúsculo. Pero la fotografía que acompaña esta nota (ojalá pueda apreciarse) lo que muestra es a un buhonero ocupando el espacio que hasta hace unos días pertenecía a un árbol. El árbol fue cortado (no sabemos la razón) y esta persona – el buhonero – supongo que dijo: “bueno, allí está ahora mi sitio de trabajo”, y, sin pensarlo dos veces, se instaló en “la jardinera”, convirtiéndose él con sus mercancías en una emblemática siembra de nuestras desventuras urbanas.
¿Tenemos autoridades que reflejan la exigencia por una mejor ciudad? La respuesta es NO. Y tal vez lo sea porque de a poco vamos dejando hacer, dejando pasar. En ese ablandamiento progresivo de la mano de la autoridad se van viendo ejemplos como el descrito y otros horrores que de seguro están por venir.
lunes, 19 de diciembre de 2011
Nada por sentado

Adelfo Solarte
Salud y saludos a todos
El año que nos faltaba
Allá se ve, a lo lejos, asomando su corona como un sol brillante. Como astro a las seis de la mañana, como viajero que baja la montaña.
Allá viene el 2012. Llega cargado de proyectos, ideas, planes y, por lo mismo, de esperanzas.
Tenemos razones para creer en el 2012. Como país, como estado, como ciudad, como comunidad, como familia, como individuos. Por eso acá estamos, parados al frente de nuestra casa, con las puertas abiertas, de par en par, con una fe serena y un abrazo esperando que el 2012 se instale entre nosotros.
Viene con paso ligero, luego de un largo andar. Como quien arrecia la marcha cuando ve que el destino está cerca. Como quien quiere lavarse la cara y sentarse a conversar de todo lo bueno y lo malo que encontró en el camino. El 2012 no es sólo una promesa: es también un eslabón atado a situaciones, unas duras, otras generosas, que lo trajeron hasta acá.
Por eso tal vez veamos cicatrices en su rostro de año nuevo. Marcas que de seguro nos acompañarán durante el próximo trayecto por andar. No son recordatorios para atarnos en el dolor del pasado sino para darnos fortaleza en todo lo que se abre frente a nosotros.
El 2012 trae guardada una canción. Aunque no ha llegado, desde acá se escucha su sonido. Es un año alegre como Venezuela. La música anima sus pasos y ha sido combustible para lidiar con las etapas más inciertas del viaje. Trae guardada una canción. La que nos gusta.
El 2012 trae en su maleta más cosas. Trae un papel tan blanco que encandila. Con un lápiz de punta de azabache. Está claro que debemos escribir nuestra mejor historia con tan especiales presentes. Trae guardada la posibilidad de escribir una mejor historia. La que hemos pensado.
El 2012 también trae las manos abiertas. Como un acto de ofrecimiento. Como si nos pidiera tomarlas y andar con él. No cabe duda que nos invita a no quedarnos en los primeros días de enero, quiere que lo andemos de cabo a rabo, hasta cuando sus últimas hojas de 2012 se desprendan de apoco, como en esas fotos del otoño que discurre empujado por el viento en algún lejano país. Trae guardada una invitación. La que aceptaremos.
El 2012 es el año que nos faltaba. Todos los demás ya los tuvimos entre nosotros. Para bien o para mal es el 2012 el último invitado a nuestras vidas, al que le debemos todas nuestras expectativas. No hay otros más allá. Los que llegaron antes ya se fueron. Sólo nos queda este retazo de 2011 al que, igual, dejaremos ir, unos con lágrimas, otros entre sonrisas.
No hay otro año por ahora: es el que nos toca. Por eso estamos aquí esperándolo, a punto de estrechar su mano y escuchar de cerca su corazón. Es el año que esperábamos, el que nos faltaba completar lo único que se necesita para seguir adelante…Tiempo futuro. Luego sí, luego de que el reloj marque las 12, empezaremos a vivirlo en plenitud.
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