domingo, 14 de octubre de 2012
El Gobernador que yo quiero
domingo, 30 de septiembre de 2012
Los Cuatro Acuerdos… Electorales
Los cuatro acuerdos del Doctor Ruiz pretenden ser una guía para conducirnos sin sufrimientos en nuestro tránsito por la vida.
Nuestros cuatro acuerdos electorales no tienen, ni remotamente, tan ambiciosa meta, pero creo oportuno manifestarlos en vísperas de un nuevo momento electoral que implica la movilización multitudinaria de distintas visiones de país pero, confío en lo más profundo, todas movidas por la creencia de que podemos vivir mejor no sólo en términos materiales sino también desde la perspectiva espiritual, mental y afectiva. Es decir, también el propósito debe ser, sin más, alcanzar un país alejado de los factores que pueden activar el sufrimiento en sus distintas acepciones.
El primer acuerdo: votar. Ese debe ser el primer acto natural de quienes participamos en democracia. El 7 de octubre implica levantarse temprano y acudir al centro de votación que nos corresponda y, civilizadamente, esperar nuestro turno de ejercer el voto por aquel que consideremos interpreta nuestra aspiración de vivir mejor. Pese a que no pronunciemos ni una sola palabra, votar, plasmar nuestro voto, implica un poderoso verbo, un discurso de lo que pensamos y deseamos. Por tanto, quien vota, más allá de los resultados, debe sertir que hizo su parte, colocó su ladrillo en la pared. Es un acto democráticamente liberador.
El segundo acuerdo: confiar. Si usted va a votar es porque confía en la posibilidad de que su voto se concrete tal cual lo ha expresado. Votar conlleva a depositar un mínimo de confianza en el proceso comicial. Además, no sólo las propias autoridades lo han dicho sino también las partes políticas que acuden al acto y algunos analistas internacionales serios: todo indica que el sistema electoral es capaz de producir resultados confiables. O lo que es lo mismo: la opción ganadora se corresponderá con la voluntad popular, más allá de cualquier elemento perturbador que se genere que, no obstante, no llegaría a empañar el resultado final.
Tercer acuerdo: respetar. Tal vez sea el acuerdo electoral que más cueste concretar. Una vez conocidos los resultados, tanto ganadores como no ganadores deben exhibir su total capacidad cívica y madures democrática. Es el momento cuando se mide el talante pacífico y de respeto al otro, expresado por aquellos que han estado durante meses debatiendo y promocionando a sus candidatos. Respetar es más duro para aquel que no ha obtenido la victoria. Pero si hemos votado, hemos confiado, debemos comprender que el resultado es una expresión de una mayoría cuya decisión merece nuestro aval como partes actuantes en el juego democrático.
Cuarto acuerdo: trabajar. Aquellos que resultaron ganadores como opción política, me refiero a los ciudadanos que votaron por el candidato que sencillamente obtuvo más votos, tendrán al día siguiente de las elecciones el mismo el mismo país que habitan los que no pudieron alcanzar la mayoría. Eso implica hermandad, vecindad, unión entre iguales. La celebración, el festejo, al igual que la tristeza e incluso la rabia, son compresibles emociones humanas pero deben tener su momento, su proporción. Luego, pasada la página de la historia electoral, cada quien tiene una sola opción: trabajar para vivir y para construir aquello que justifica nuestra transito por el mundo: su felicidad, la de los suyos, la de un país mejor. Los que ganaron ciertamente lo harán con el ánimo y la esperanza de tiempos mejores. Los que perdieron siempre tendrán la opción de soñar pero, al igual que a los otros, les toca trabajar para alcanzar lo que desean.
Son cuatro a cuerdos sencillos pero cuya aplicación permite transitar una nueva etapa en paz y respeto, tal como se supone es el signo de los venezolanos. Votar, confiar, respetar y luego trabajar...Ese debe ser el acuerdo.
domingo, 18 de marzo de 2012
Agua que no has de beber…
Lo malo de un año electoral, donde el agujero negro de las elecciones presidenciales de octubre parece chuparse todo lo que gravite en su entorno, es que es casi imposible dar una opinión libre de dedos acusadores que surgen a tu alrededor, desde los distintos bandos en pugna política. La cosa llega a tal punto que un asunto tan trivial como decidir si es más sabroso el mantecado o el chocolate puede ser observado por el rabillo del ojo entre comentarios y voces bajas que terminan sentenciando la elección o bien por “apátrida y vendida al imperio” o bien por “comunista y antidemocrática”.
De allí que no es de extrañar que un tema más visible y de importancia capital para el ambiente, la salud y el desarrollo, como es el referido a la contaminación por derrames petroleros - o de otras sustancias – no haya podido zafarse por estos días de la controversia entre oficialistas y opositores que llevan el tema a un punto tal de banalización, que desaprovecha la discusión y el debate para llegar a posibles conclusiones con las que, de seguro, pudiéramos tomar algunas decisiones de provecho.
El tema sobre los efectos de las operaciones petroleras sobre el entorno natural se destapó el 4 de febrero con la ruptura de una tubería que durante 20 horas esparció crudo sobre el río Guarapiche, en el estado de Monagas, accidente que según los medios dejó sin agua corriente a cerca de un millón de personas, sobre todo a los de la capital de ese estado oriental, la ciudad de Maturín.
Poco después el río Guanipa, en el vecino estado Anzoátegui, fue escenario de otro derrame que el ministro de Petróleo y Minería, Rafael Ramírez, advirtió que pudo ser "provocado".
Situaciones de derrame en el río Catatumbo, en el estado Zulia y en otros puntos del sur del lago de Maracaibo, llevaron a Pdvsa a activar nuevos planes de acción y contingencia.
Lo que hubiese sido una ocasión para centrarnos en el tema ambiental y establecer responsabilidades pero también orientaciones ciudadanas sobre el cuidado, protección y uso prudente del recurso agua, devino en un triste espectáculo de acusaciones de todo calibre que han tenido en la expulsión de las filas del Psuv del gobernador del estado Monagas, José Gregorio Briceño, su punto más candente, tanto que el propio Presidente Hugo Chávez, con todo y su enfermedad, no ha dudado en poner sobre el tapete la “traición” del referido gobernador quien, vaya usted a saber, es señalado de usar el tema del agua para afectar la solidez de las filas del Psuv e intentar torpedear la gestión de gobierno.
Por supuesto que salta a la vista el oportunismo de algunas figuras emblemáticas de la oposición quienes, en una inocultable acción mediática al unísono, han denunciado problemas en el manejo de Pdvsa y la presunta incapacidad gubernamental para resolver los derrames en estados donde la oposición gobierna.
Tras el severo contratiempo sufrido en la central nuclear de Fukushima (luego del tsunami provocado por el terremoto de marzo de 2011, al norte de Japón) una encuesta publicada en ese país ayer domingo reveló que “cuatro de cinco japoneses desea que el país inicie el proceso de abandono de la energía nuclear para dejarla completamente”. Los japoneses han debatido el tema abiertamente – incluso desde la perspectiva política – y parecen tener algunas posiciones a partir de una información técnica sobre lo acontecido.
En nuestro caso… ¿Dónde está la información técnica?...Esa que habla de litros de petróleo derramado, de área afectada, de procedimientos a utilizar para la limpieza, del número de especies animales en peligro, de la real calidad del agua… Lo que vemos y escuchamos son frases que para el ciudadano no tienen mayor relevancia: “sabotaje”, “campaña mediática”, “traidores”, por un lado e “incapaces”, “falsos”, “mentirosos”, por el otro. No sé hasta qué punto estará contaminada realmente el agua que bebemos. De lo que si no tengo duda es de la contaminación politiquera de los temas fundamentales para los venezolanos. Esa sí es agua que no has de beber.

