domingo, 7 de diciembre de 2014
El paseo de la basura
domingo, 17 de noviembre de 2013
En el 2014… ¿Seguirá reinando la basura?
domingo, 20 de octubre de 2013
Mérida: 10 metas y muchos obstáculos
domingo, 13 de octubre de 2013
Operativos adictivos
domingo, 29 de septiembre de 2013
Una ciudad para el turismo
domingo, 21 de julio de 2013
Deudas de cemento
jueves, 9 de mayo de 2013
Pasó el 30 y no alzamos vuelo
domingo, 18 de marzo de 2012
Agua que no has de beber…
Lo malo de un año electoral, donde el agujero negro de las elecciones presidenciales de octubre parece chuparse todo lo que gravite en su entorno, es que es casi imposible dar una opinión libre de dedos acusadores que surgen a tu alrededor, desde los distintos bandos en pugna política. La cosa llega a tal punto que un asunto tan trivial como decidir si es más sabroso el mantecado o el chocolate puede ser observado por el rabillo del ojo entre comentarios y voces bajas que terminan sentenciando la elección o bien por “apátrida y vendida al imperio” o bien por “comunista y antidemocrática”.
De allí que no es de extrañar que un tema más visible y de importancia capital para el ambiente, la salud y el desarrollo, como es el referido a la contaminación por derrames petroleros - o de otras sustancias – no haya podido zafarse por estos días de la controversia entre oficialistas y opositores que llevan el tema a un punto tal de banalización, que desaprovecha la discusión y el debate para llegar a posibles conclusiones con las que, de seguro, pudiéramos tomar algunas decisiones de provecho.
El tema sobre los efectos de las operaciones petroleras sobre el entorno natural se destapó el 4 de febrero con la ruptura de una tubería que durante 20 horas esparció crudo sobre el río Guarapiche, en el estado de Monagas, accidente que según los medios dejó sin agua corriente a cerca de un millón de personas, sobre todo a los de la capital de ese estado oriental, la ciudad de Maturín.
Poco después el río Guanipa, en el vecino estado Anzoátegui, fue escenario de otro derrame que el ministro de Petróleo y Minería, Rafael Ramírez, advirtió que pudo ser "provocado".
Situaciones de derrame en el río Catatumbo, en el estado Zulia y en otros puntos del sur del lago de Maracaibo, llevaron a Pdvsa a activar nuevos planes de acción y contingencia.
Lo que hubiese sido una ocasión para centrarnos en el tema ambiental y establecer responsabilidades pero también orientaciones ciudadanas sobre el cuidado, protección y uso prudente del recurso agua, devino en un triste espectáculo de acusaciones de todo calibre que han tenido en la expulsión de las filas del Psuv del gobernador del estado Monagas, José Gregorio Briceño, su punto más candente, tanto que el propio Presidente Hugo Chávez, con todo y su enfermedad, no ha dudado en poner sobre el tapete la “traición” del referido gobernador quien, vaya usted a saber, es señalado de usar el tema del agua para afectar la solidez de las filas del Psuv e intentar torpedear la gestión de gobierno.
Por supuesto que salta a la vista el oportunismo de algunas figuras emblemáticas de la oposición quienes, en una inocultable acción mediática al unísono, han denunciado problemas en el manejo de Pdvsa y la presunta incapacidad gubernamental para resolver los derrames en estados donde la oposición gobierna.
Tras el severo contratiempo sufrido en la central nuclear de Fukushima (luego del tsunami provocado por el terremoto de marzo de 2011, al norte de Japón) una encuesta publicada en ese país ayer domingo reveló que “cuatro de cinco japoneses desea que el país inicie el proceso de abandono de la energía nuclear para dejarla completamente”. Los japoneses han debatido el tema abiertamente – incluso desde la perspectiva política – y parecen tener algunas posiciones a partir de una información técnica sobre lo acontecido.
En nuestro caso… ¿Dónde está la información técnica?...Esa que habla de litros de petróleo derramado, de área afectada, de procedimientos a utilizar para la limpieza, del número de especies animales en peligro, de la real calidad del agua… Lo que vemos y escuchamos son frases que para el ciudadano no tienen mayor relevancia: “sabotaje”, “campaña mediática”, “traidores”, por un lado e “incapaces”, “falsos”, “mentirosos”, por el otro. No sé hasta qué punto estará contaminada realmente el agua que bebemos. De lo que si no tengo duda es de la contaminación politiquera de los temas fundamentales para los venezolanos. Esa sí es agua que no has de beber.
domingo, 26 de febrero de 2012
Números para una mejor gestión

NOTA: Este material es parte de mi columna semanal Nada por sentado publicada todos los lunes por el Diario de Los Andes: www.diariodelosandes.com.
Una anécdota ilustra el “valor” que algunos funcionarios públicos le suelen dar a la estadística como elemento científico que guía la gestión pública.
Corría el año 2005 y me encontraba realizando una investigación para una edición especial del Diario de Los Andes sobre “La Mérida que queremos”. Se refería este trabajo a la visión que el estado Mérida tenía con respecto a su futuro y dónde poner el acento del desarrollo.
Tuve que entrevistar a buena parte de los alcaldes merideños. En esa labor periodística me sorprendió mucho que ante una pregunta elemental, varios de esos alcaldes no supieran la respuesta. ¿Cuál era la pregunta?...Sencilla: ¿Cuántos habitantes tiene su municipio? Esa misma: no preguntábamos sobre el promedio de peso de los niños varones en edad escolar, o el caudal promedio anual del río más cercano. Sólo queríamos saber ¿Cuántos habitantes tiene su municipio?
Comparo esa negligente falta de información con lo mismo que pudiera ocurrir en un hogar. Si yo no sé cuantas personas viven en mi apartamento (asunto obviamente improbable) tendría problemas al calcular la comida necesaria para el almuerzo. Para invitar a unos familiares a pasar unas vacaciones en casa, necesito saber si tengo cuartos desocupados y para ello debo saber cuántos somos en casa. Luce elemental pero es lo mismo para quien debe buscarle respuestas a su municipio: si la autoridad no sabe cuántas personas habitan el espacio que regenta (dato crucial) es poco probable que sepa otros asuntos igualmente vitales para la gestión pública como, por ejemplo, dónde se ubican estas personas, qué piensan sobre los servicios, cuáles son las verdaderas prioridades.
No cabe duda que el uso de los recursos – pocos o muchos – que maneje el municipio, dependerá de saber los datos de población y otros asuntos derivados de esas estadísticas como cuántos jóvenes pueblan un sector determinado, referencia básica para saber si debo o no construir, por ejemplo, una cancha deportiva.
En realidad el desprecio hacia la estadística seria es un mal casi ancestral en muchos órganos de gobierno. Esta ausencia de referencias exactas parece ser parte de nuestro sello cultural. Incluso cuando damos una dirección a un amigo, mostramos parte de esa forma un tanto folklórica de entender el valor de los números. “Más o menos” es una frase típicamente venezolana. ¿Es lejos o es cerca?, pregunta alguien…Y otro responde: “Más o menos cerca”. Por suerte solemos entendernos en esa dimensión informal.
Sin embargo, las políticas públicas son un tema serio porque están soportadas en decisiones que implican uso de presupuesto, casi siempre restringido.
Un buen alcalde debe llegar a su despacho y poner los números en orden y si no existen, debe ordenar su levantamiento. Sólo con esa información se puede orientar una acción de gobierno alejada de la especulación, la improvisación y el informalismo gerencial.
Viene a cuento esta reflexión porque recién el Instituto Nacional de Estadística (INE) acaba de anunciar las cifras globales del pasado censo de población y vivienda. Según el organismo, somos
27.150.095 habitantes, de acuerdo con los resultados preliminares del XIV Censo Nacional de Población y Vivienda realizado en el país.
La cifra representa una tasa anual de crecimiento de 1,6% con respecto al censo de 2001 y que de ese total de venezolanos, 50,3% son mujeres y 49,9% son hombres.
Más adelante – a finales de 2012 - el INE ha prometido dar las cifras por estado y municipio. Será un momento fundamental para que los gobiernos locales tomen nota y ajusten sus números y con ello, precisen mejor la gestión pública.





