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domingo, 2 de noviembre de 2014

Basura y hora pico





El viernes 31 de octubre, a las 7:00pm, subiendo por la avenida 8, una extraña cola de vehículos llegaba hasta la calle 26. Pensé en un accidente, en un operativo policial, incluso en una protesta vecinal por algún problema puntual. Pero no era nada anormal... ¿O a lo mejor sí?
Se trataba de un camión del aseo urbano que hacía su ruta de recolección de desechos, subiendo por la avenida 8 a esa hora de tarde-noche, un fin de mes, un viernes y en hora pico.

Las caras de los conductores lo resumía todo: una mezcla de rabia, desespero y resignación. Creo que todos en su sano juicio se hacían la pregunta: ¿A quién se le ocurre recoger la basura a la hora de mayor tránsito en la ciudad? No es la primera vez que este abuso ocurre y, por los vientos que soplan de esa cierta inconsciencia de las autoridades municipales y también de la Gobernación, parece que no será la última.

domingo, 1 de septiembre de 2013

No pudimos ofrecer una ciudad limpia



Pese a que a la temporada de vacaciones aún le quedan al menos un par de semanas para terminar, tras haber transcurrido los meses de julio y agosto ya tenemos un retrato de cómo funcionó la ciudad de cara a la presencia de los turistas, en cuanto a los servicios y otras atenciones.
Lo primero que destaca es que, una vez más, miles de visitantes escogieron a Mérida para pasar algunos días de vacaciones, gesto que siempre debemos agradecer porque gracias a esa presencia se mueve una buena parte del músculo económico local.
Lo lamentable es que nuestras debilidades para ofrecer una buena cara a los visitantes siguen siendo muy evidentes, ya que nisiquiera los aspectos más básicos de atención urbana son cubiertos.
Las calles y avenidas, parques y plazas, mostraron acumulación de basura y no se notaba un servicio diario y eficiente de recolección de desechos. Esto no debe hacerse porque seamos una ciudad turística sino por elemental función de gobierno. Pero ni eso.
La menguada Policía Vial tampoco dio la cara en muchos momentos tensos sufridos en nuestras calles y avenidas.
En el Terminal de Pasajeros una vez más se vivieron vergonzosos momentos con cientos de personas que debían amanecer para intentar conseguir algunos pasajes (aquí las empresas de transporte también tienen una buena cuota de responsabilidad por no prever una logística que permita atender los picos en cuanto al traslado de pasajeros hacia a Mérida y desde nuestro estado a otras localidades del país).
Pero volviendo al punto de la limpieza, nos preocupa que ante el advenimiento de un evento tan significativo como la Feria Internacional de Turismo, pautada para dentro de dos meses, la ciudad y sus autoridades sean incapaces de mantener un mínimo de limpieza.
Frente al Terminal, en la avenida Las Américas, uno de los primeros rostros que ven los turistas, la basura y los escombros se acumulaban aceras y zonas verdes. Las paredes rayadas eran el saludo de bienvenida.
En la avenida Cardenal Quintero empezaron a podar el monte y a limpiar. Pero llegaron a la mitad y así quedó todo. Un detalle es que lo que cortan y acumulan queda allí: nadie la recoge.

No sé: creo que hasta que no cumplamos el ABC básico para mantener la ciudad, nuestro deseo de proyectarnos como espacio para el turismo será visto como un mal chiste.

martes, 30 de octubre de 2012

La bacteria





El 90 por ciento de las bacterias no han sido descritas. No se conocen. No es de extrañar entonces que la bacteria que ataca en estos momentos a la ciudad haya pasado desapercibida para la  microbiología y más específicamente para el ojo de los bacteriólogos más competentes, que en Mérida los hay y muchos.
Esta bacteria se ha desarrollado y ha proliferado hasta el rincón más apartado del municipio Libertador. Y la basura la ha expuesto, le ha brindado la oportunidad de manifestarse. Debo explicar – ya que no soy médico ni científico de los que van de batas con probeta en mano – que la bacteria, nuestra bacteria, no vive en la basura, ni es en los desperdicios donde se produce. Claro que el basurero sobre el que nos ha puesto a caminar a diario la incompetencia de ciertos funcionarios públicos (que por lo visto tienen la nariz tapada) es un caldo de cultivo para millones de bacterias que aprovechan este territorio liberado para la inmundicia – o sea, Mérida – para darse la gran vida. En pocas palabras, si yo fuera una bacteria, me encantaría vivir en Mérida.
Pero esas son bacterias comunes y corrientes, vulgares más bien. La bacteria a la que yo me refiero posee otras cualidades y es por ello que, como dije, no surge de la basura aunque sea el desastre de la basura la que le ha permitido mostrarse.
Nuestra bacteria se reproduce democráticamente entre los habitantes, llevándolos a pensar que la basura que vemos por toneladas es parte de un decorado normal de la ciudad. Es decir, esta bacteria no ataca nuestro cuerpo físico sino la capacidad mental, el raciocinio, la forma de ver las cosas. De allí su extrema peligrosidad porque crea la percepción de que todo está bien: que vivimos en una Mérida perfecta, con calles inmaculadas, aceras y paredes limpias. ¿Cómo podemos explicar que los habitantes de Mérida llevemos cinco meses conviviendo con miles de kilos de basura en aceras, calles, plazas, parques, hospitales, casas, comercios y escuelas, y no hayamos reaccionado con la contundencia de solicitar, por ejemplo, un revocatorio del mandato para todos aquellos que nos llevaron a este desastre? ¿Cómo explicar que cuando vamos manejando y nos asomamos por la ventanilla saludamos alegres a ese poco de turistas que van por la acera, cuando en realidad lo que hay allí son bolsas negras en fila india? ¿Quién puede darle una explicación al hecho de que nuestros niños, en las mañanas, lleguen dando saltitos de felicidad a sus aulas de clases y digan que jugaron a brincar “muchas cosas” por el camino?… Sí: bolsas con desperdicios descompuestos, cajas y hasta animales muertos.
La explicación a esta pesadilla de la basura es que algo nos ha llevado a aceptar la convivencia con semejante cuadro de desvergüenza municipal y gubernamental. La explicación de porque una pequeña ciudad como Mérida, de una escala o tamaño manejables, que genera mucha basura pero en un área totalmente manejable para cualquier empresa medianamente eficiente (o para un gobierno medianamente eficiente) es que hay una cosa, por allí, que, un mal día, nos cambió la percepción de que vivir entre la basura no es lo correcto ni es lo que nos merecemos. ¿Ya adivinó? Así es: la bacteria, nuestra bacteria, la no descubierta pero la culpable de que tengamos una cosa al frente y veamos otra. No veo otra explicación. Si usted tiene otra, es hora de mostrarla. Tal vez sabiendo lo que nos pasa, podamos encontrar el tratamiento.

domingo, 4 de marzo de 2012

La basura se pasea


Las alcaldías que hacen uso del vertedero ubicado en el municipio Sucre (entre las que se cuenta la de Rangel) siguen con su ofensa a la salud de los merideños. El camión de la imagen circulaba el pasado miércoles 29 de febrero en horas de la mañana por la avenida Andrés Bello.
Con la basura expuesta, malos olores y una recolectora presentando un estado de mantenimiento lamentable, es evidente que a nuestras autoridades no les importan detalles como estos. Creo que a los ciudadanos este espectáculo si nos duele, sobre todo cuando tales camiones circulan orondos por una avenida muy transitada y sin recordar que estamos en una ciudad turística. A ver quien responde.

domingo, 26 de febrero de 2012

El desaseo del aseo

Una cosa es la crisis de la recolección de la basura que enfrenta la ciudad de Mérida y otra la revelación de problemas de fondo que indican la desvaloración del servicio, incluso para la propia empresa Urbaser. La fotografía que acompaña esta breve nota muestra uno de los desvencijados camiones del aseo, que circulaba recientemente por una transitada avenida Las Américas. Esa unidad iba destilando aguas pestilentes y la basura adornadaba la carrocería… ¿Hasta dónde hemos llegado?