domingo, 2 de agosto de 2015

Una mano al Parque Albarregas


La colega Manuela Solé nos hizo llegar una inspiradora nota de prensa en la que se comenta el proceso de recuperación que, de a poco, se viene ejecutando en el “espacio natural más importante de la ciudad de Mérida: el Parque Metropolitano Albarregas”.

Según la nota informativa del Minea, “se ha constituido una comisión entre organismos gubernamentales y colectivos sociales que se proponen recuperar el parque para el disfrute de todos”.

Específicamente participan en este esfuerzo: la Guardia Nacional Bolivariana, Inparques, Cormetur, el Frente Francisco Miranda, el Instituto de la Juventud de Mérida (Injuvem), Misión Árbol, Movimiento Ecologista Venezolano (Meven), Proyecto Génesis y el propio Ministerio del Poder Popular para Ecosocialismo y Aguas (Minea).

Celebramos este esfuerzo e invitamos a cualquier organización que quiera apoyar esta iniciativa a acudir a la sede del Minea (al lado de Inparques, detrás de la cancha Las Américas), y anotarse porque vendrán nuevas acciones de recuperación.


¡Ya pasaron los sesenta días!



El pasado 30 de abril el muy prudente diario El Universal, publicó la siguiente información: “El ministro para la Alimentación, Félix Osorio, señaló que en un plazo menor a 60 días el problema del desabastecimiento de productos de primera necesidad estará resuelto”.

"Estaremos resolviendo la situación en un plazo menor a 60 días. El diálogo está abierto con el sector privado", afirmó en una entrevista en el canal del Estado, donde agregó que existe disposición al diálogo con el sector privado, en especial para resolver la escasez.

El 30 de junio terminó ese plazo autoimpuesto por el ministro Osorio. A la fecha van 80 días desde su anuncio.

Supongo que en el mundo en el que habita el alto funcionario el problema del desabastecimiento ha quedado en el pasado y ya es posible comprar lo que uno desea con sólo salir al abasto de la esquina. Pero mientras, en nuestro mundo, que por cierto es el real, los sesenta días sólo sirvieron para que el problema del desabastecimiento se agravara aún más.


A veces uno no sabe si sentir rabia o lástima por quienes son capaces de mentir de forma tan descarada ante el pueblo. Un mea culpa no le vendría mal al gobierno.

Hagamos el intento ¡Como equipo!




El deporte, sin proponérselo, termina convirtiéndose muchas veces en el mejor escenario para observar el desenvolvimiento de algunas máximas que pueblan el mundo político, social y económico, sentencias que pueden ser observables como quien manipula con bata blanca y tapa boca, los tubos de ensayo en un tranquilo laboratorio.
Por ejemplo, allí está comprobada, sobre el gramado,  la máxima de que un solo hombre, un genio, la gran figura, no lo puede hacer todo porque sobre el terreno las infinitas variables obligan a trabajar en equipo, más allá de la seguridad, el respaldo, el ánimo y la inspiración que aporta tener un ídolo sobre la cancha. En este sentido la selección de fútbol de Argentina, sin duda alguna una de las mejores del mundo, ya ha comprobado que tener en sus filas el genio de Lionel Messi – el mejor jugador del planeta -  no garantiza en lo absoluto que los partidos estén ganados. Aún más, a estas alturas, luego de varias desilusiones, han establecido que tampoco se puede poner a todo el equipo a trabajar en función de un solo hombre, en este caso Messi, ya que no sólo se produce un sacrificio innecesarios de las posibilidades con otros nombres, sino que la ultradependencia hacia lo que pueda hacer o no la bota milagrosa de un gran jugador se paga caro si, por ejemplo, el otro equipo decide anular cada jugada de nuestro único hombre, el salvador.
En su oportunidad,  la selección nacional de béisbol, demostró que la suma de varias estrellas tampoco garantiza saborear las miles del triunfo, y mucho menos levantar, al final, la copa de campeones a nombre de Venezuela.
En efecto, la “Vinotinto del béisbol” visitó en marzo de 2013 a Puerto Rico plagada de figuras de la talla de Pablo Sandoval, Miguel Cabrera, Carlos Zambrano, entre otros. El diario Panorama resumió en un párrafo, con gran desilusión, el potencial que llevó Venezuela al Clásico Mundial de Béisbol pero que no bastó para brindarle la alegría del triunfo a nuestro país: “un triple coronado, tres premios al Jugador Más Valioso, tres Guantes de Oro, 11 participantes del Juego de Estrellas de Grandes Ligas y dos autores de juegos sin hits no bastaron para que Venezuela se despidiera del Clásico Mundial de Béisbol en apenas dos encuentros”.
Es decir: no se trata de tener un gran ídolo en tu equipo, aquel que concretará todas nuestras aspiraciones, así como tampoco parece ser garantía la suma de muchos ídolos en el mismo equipo.

Para decirlo de forma más clara y llana: no se trata de ídolos. Se trata del equipo, del conjunto, de la suma de las partes. Y es lo que muchas veces nos cuesta entender. De allí nuestra tendencia, no venezolana, más bien humana, a poner toda la carga sobre los hombros de un solo hombre o mujer, con la esperanza de que mientras nosotros andamos en lo que andamos, aquel ser se las ingenie para responder por todos los demás. Si lo logra aplaudimos. Si falla, lo criticamos. En el deporte  tal estrategia se paga con la derrota, con la desilusión de no tener entre las manos el título de campeones. En política, esa visión mesiánica, que apuntala al salvador, tiene las mismas consecuencias que en el deporte. El equipo no avanza. Eventualmente se puede producir la genialidad, pero la apuesta es demasiado alta. La garantía del equipo ensamblado, donde el todo es más que la suma de las partes, será siempre la vía más racional para alcanzar el éxito, siempre anhelado. Incluso, si no levantamos la copa de campeones, queda la sensación de que cada quien hizo realmente lo que debía, y ese sentimiento tiene el mismo sabor de la victoria. No digo más: el equipo es Venezuela y nosotros no somos Messi, ni Sandoval, ni Cabrera, pero somos la pieza necesaria para que el conjunto avance.

lunes, 13 de julio de 2015

De porcentajes y olvidos



No quiero ser aguafiestas. Pero hay que advertir a los optimistas que cuando un alto funcionario del gobierno ha venido a Mérida a inspeccionar una obra y, en medio del fervor, lanza una fecha de terminación, este anuncio casi nunca se cumple y los merideños quedamos suspendidos en el espacio, esperando explicaciones serias y claras de lo que pasó.
Ya ha ocurrido varias veces con el Teleférico y con el propio Trolebús. Parece que a los ministros, viceministros y hasta al mismísimo Presidente se le suelen dar reportes que no necesariamente se ajustan al estado real de las obras.
La semana pasada, por ejemplo, vino a Mérida el ministro para Transporte Terrestre y Obras Públicas, Haiman El Troudi, quien informó en su cuenta en twitter, @HaimanVZLA que las obras de Trolebús Mérida (Tromerca), “alcanzan el 98% de avance en infraestructura vial”.

Además dijo que “en pocas semanas el Trolebús llegará al centro de Mérida y agregó que sólo falta instalar el componente electromecánico: Resta completar estaciones, colocar el tendido eléctrico del trolebús y los componentes electromecánicos del sistema”, expresó El Troudi
Entiendo que el Ministro desea, como todos por en esta hermosa ciudad, ver funcionado al trolebús. Pero sería bueno revisar en su real dimensión que significa para el ministro y para los responsables del trolebús, la expresión “en pocas semanas”, una frase que puede suponer un tiempo más extenso al que el sentido común puede acoger.
Porque “pocas semanas” deben ser eso…¡pocas semanas! Y en un sentido de mínima racionalidad, tendríamos que acertar que no deben ser más de 8 semanas (dos meses), porque de lo contrario la expresión más responsable hubiese sido “en pocos meses”. Nadie dice que llegará en pocos minutos a una reunión si la suma de esos minutos da 180 o más, ya que aunque hablemos de minutos estaremos abarcando varias horas.
Dejemos a un lado esta confusión de minutos, horas, semanas y meses y demos crédito a las autoridades. Confiamos en que esta etapa del trole los trabajamos, como ha quedado demostrado en la práctica, seguirán fluyendo de buena manera.
Existen, eso sí, varias obras (como la propia estación Los Conquistadores, el gimnasio vertical de La Plaza de Toros, entre otras) que cuando estaban muy cerca de ser concluidas, entraron en un letargo que nos dejó a todos sin explicación. Si nos parecen exageradas estas advertencias, pregúntele usted al  Centro de Convenciones que fue de su vida poco antes de ser terminado.
Lo que queremos es dejar claro que los anuncios deben tomar en cuenta que hay gente atenta, pendiente, vigilante, algunos ejerciendo eso que el propio gobierno ha dado en llamar la contraloría social. Esto no es otra cosa que un conjunto de observadores de los trabajos, quienes, con todo el derecho, más adelante pueden exigir explicaciones por retrasos que surgen como decretados por oscuras manos, oscuros intereses, oscuras mentes…

A mediados de septiembre el trolebús, en esta etapa, debe estar terminado. Si no es así, entones estaremos confirmando que para ciertos funcionarios, la escala del tiempo es otra y que por lo tanto, en una hora se puede, llegar de Mérida a Caracas…. ¡Por tierra!

Bienvenidas las vacaciones



Aunque la crisis nos mantenga cuadrando, calculadora en mano, los números para intentar ganarle al menos una a la inflación, a la especulación y a la falta de oferta y producción - que está detrás de ambos males - estoy convencido que en medio de tantos problemas, los venezolanos sacaremos tiempo para tomar algunos días de vacaciones. Además, los chamos no son precisamente aliados de quedarse en casa durante el largo asueto y aspiran al menos una semana de vacaciones, con todo lo que ello supone para el malogrado bolsillo.

Mis suposiciones de que la crisis no frenará del todo el afán venezolano por las carreteras y los paseos, se basa en una imagen que advertí este pasado fin de semana en el aeropuerto de Maiquetía, principal centro de tráfico aéreo del país, en el que los vuelos salían hasta el tope pese al brutal aumento que han registrado los pasajes. 

Sencillamente, a los venezolanos nos gusta viajar y parece que no hay crisis que los detenga. ¿O habrá otra explicación para los vuelos saturados?


martes, 16 de junio de 2015

Cambio Climático y GRD buscan espacio en la agenda pública

En opinión del especialista Jesús Peña – ingeniero forestal y comunicador social -,  el clima representa para los gestores del riesgo de desastre una variable primordial, puesto que al menos un 85 por ciento de los desastres en el mundo están directamente relacionados con las condiciones climáticas e hidrometeorológicas.

Los efectos del cambio climático inciden en las acciones de gestión de riesgos, fundamentalmente en los espacios locales.

Nilsa Gulfo

Desde hace rato los organismos internacionales   han puesto la vista en las condiciones climáticas y sus consecuencias en las actividades productivas y sociales del planeta. 
Los debates en este sentido, giran en torno a la imposibilidad de muchos gobiernos- sobre todo de América Latina- de hacer frente a las pérdidas humanas y económicas cuando fenómenos hidrometeorológicos como lluvias extremas, huracanes, deslaves y otros desastres, se hacen presentes.
A decir de un estudioso del tema como lo es el Ingeniero Forestal y Comunicador Social Jesús Peña, el clima representa para los gestores del riesgo de desastre, una variable primordial, puesto que al menos un 85 por ciento de los desastres en el mundo están directamente relacionados con las condiciones climáticas e hidrometeorológicas.
“Desde el punto de vista económico y social, muchas de las actividades productivas y sociales son altamente dependientes del clima. La agricultura, la hidroelectricidad, el abastecimiento de agua potable, la pesca y ganadería, entre otros, son algunos ejemplos”,  recalcó.
Explicó Peña que con el cambio climático y sus nuevas amenazas se supone que el nivel de riesgo puede aumentar, lo que hace aún más imperativa una gestión del riesgo que cumpla su meta fundamental y, a la vez, busque mejoras importantes en los procesos de gestión y gobernanza del riesgo en comparación con lo logrado históricamente.
Asegura que en cuanto a sus orígenes, ambas estrategias, la gestión del riesgo de desastres  y la adaptación al cambio climático, nacen de forma separada, aunque persiguen fines genéricos comunes como el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza. No obstante, en su opinión, los gobiernos deben tener en cuenta ambas variables cuando de planificación se trate.

En busca de un lugar en agenda

De acuerdo a la opinión de Jesús Peña, quien además es periodista con una maestría en Planificación y Ordenamiento del Territorio (ULA), los gobiernos locales están en la obligación de incluir en la agenda pública la Gestión de Riesgos y el Cambio Climático como variables fundamentales que permitan asegurar condiciones para un desarrollo con visión de sostenibilidad.
“Por un lado –dijo-  tomar en cuenta el cambio climático, significa tener en consideración el patrón de recurrencia, intensidad o incidencia de eventos climáticos que pueden estar en un rango que abarca desde los eventos extremos hasta los de menor intensidad, pero siempre con la potencialidad de generar efectos negativos en la sociedad, como la ocurrencia de desastres”.
Agregó que, por otro lado, está la  gestión que implica intervenciones en los procesos de desarrollo para reducir las causas que generan la exposición, las amenazas y la vulnerabilidad, además de  la promoción de procesos de respuesta y reconstrucción complementarios a las decisiones de desarrollo y seguridad./ NG /  CNP:  6779.







En lo local está la clave


Jesús Peña, ingeniero y periodista,  recalcó la necesidad de que sean los gobiernos locales los que asuman el compromiso de vincular tanto la gestión del riesgo ante desastres como el cambio climático, pues son ellos los que están más cercanos a las comunidades que están amenazadas y propensas a sufrir los efectos  de los desastres hidrometeorológicos.

YA NOS PASÓ / El desastre nuclear de Tokaimura



Las crisis nucleares se incluyen en el área de Desastres Tecnológicos.


El accidente nuclear de la plata de tratamiento de combustible (uranio) - ubicada en Tokaimura (Japón),  a 120km del nordeste de Tokio, en la Prefactura de Ibaraki- tuvo lugar el 30 de septiembre de 1999, en el edificio de conversión de esas instalaciones.

Específicamente en la mañana del 30 de septiembre de 1999, cuando el volumen alcanzó los 40 litros, equivalentes a 16 kilogramos de uranio, muy superior a la cantidad inicialmente limitada, se alcanzó la masa crítica necesaria para que se iniciara una reacción de fisión nuclear en cadena auto-mantenida, acompañada de la emisión de neutrones y radiación gamma.

El accidente afectó directamente a los tres operarios que preparaban la muestra, que tuvieron que ser hospitalizados, dos de ellos en condiciones críticas, y que murieron uno a las 12 semanas y otro, transcurridos 7 meses.
Además, 56 trabajadores más de la planta se vieron expuestos a la radiación, de los cuales, al menos 21 personas recibieron dosis importantes y tuvieron que estar bajo evaluación médica.

En un radio de 200 metros alrededor de la instalación, fue restringido el acceso, y de forma adicional, las autoridades japonesas establecieron medidas de evacuación de 161 personas, de las zonas situadas a una distancia de 350 metros de la planta.

Como medida preventiva, las 310.000 personas que vivían a 10 km fueron avisadas para que no salieran de sus hogares, hasta que la situación estuviera bajo control, durando su confinamiento 18 horas.


Ya nos pasó…Nos puede volver a pasar.