martes, 6 de mayo de 2014
Más soldados para la cultura ciudadana
Seré breve. Leí un interesante artículo en el blog COMO EN BOTICA, del estimado profesor Humberto Ruiz, quien como todos saben ha sido, entre otros cargos, Vicerrector Académico de la Universidad de Los Andes. En su escrito nos habla el profe Humberto de ciertos movimientos de tropas por los lados de la Alcaldía de Libertador, más específicamente en su Consejo Municipal. No son tropas para la guerra sino para ayudar a construir Cultura Ciudadana, asunto que, a lo mejor, implicará no pocas batallas, muchas bajas y duros momentos. Mérida es el escenario y el destino de esa intención. En su artículo Ruiz nos cuenta de su incorporación como un comando más que se suma a ese propósito fundamental para hablar de verdadero sentido de ciudad. No digo más. Aquí está el escrito de Humberto Ruiz sobre Cultura Ciudadana.
domingo, 4 de mayo de 2014
Patrimonio y protesta
Sé que cuando estalla la
rabia de la sociedad, las solicitudes que apuntan a evitar el daño a los bienes
públicos, a los servicios e incluso a la propiedad privada, son tomadas como necedades
e incluso se llega a ver tal oposición en
contra de destruir el mobiliario urbano como una sospechosa petición,
tal vez hecha por alguien opuesto al reclamo popular.
Pero algunos deben pasar
el mal rato de ser los aguafiestas de la anarquía. Yo me cuento entre esos que
no justifican que para solicitar un aumento de sueldo haya que quemar la
empresa que te da el trabajo. O que
para pedir mejoras en el transporte no
se nos ocurra otra brillante idea que quemar un autobús. O que para exigirle a Corpoelec
mejor atención a la calidad del servicio eléctrico tengamos que tumbar unos
postes del alumbrado.
Claro, a veces las
solicitudes no son tan puntuales. Cuando
se pide, por ejemplo, un cambio en la actitud indolente de un gobierno poco
eficiente como el que tenemos, parece
que cualquier cosa a la mano sirve para presionar. Y sin mucho que perder,
algunos se lanzan a la destrucción sin sentido, tal como ocurrió por parte de
algunos manifestantes poco enterados de que el daño que se le hace a la ciudad,
en cualquiera de sus servicios o elementos urbanos, es un daño que tendrá que
sufrir no la autoridad a la que se intenta denunciar o reclamar, sino otro
semejante, otra persona, a cuya calidad de vida le habremos, injustamente, restados puntos.
Lo planteado nos lleva al
reciente escenario que vivió Mérida en
los meses de febrero, marzo y abril. El
reclamo - justo en lo que a mí concierne
- tomó
caminos de una inédita violencia urbana, de la cual fue víctima la infraestructura de
servicios, la cual, es evidente, no se recuperará
de un día para otro.
Semáforos, paradas,
postes del alumbrado, estaciones y
unidades del sistema trolebús,
señalización, teléfonos, papeleras, árboles, alcantarillas, bocas de
visita, aceras, transformadores y otras
estructuras del sistema eléctrico, busetas,
supermercados, tiendas de comida rápida, centros comerciales, fueron, entre otras, las
víctimas de una ola de destrucción
que, por lo que he percibido de la
opinión de muchos ciudadanos, no era
necesaria, ni tuvo efecto alguno sobre los cambios políticos solicitados.
No hablo aquí de otras situaciones
- el tipo y
estilo de protesta - para no
desviar la atención puntual sobre el
daño al patrimonio de la ciudad.
En definitiva, la
protesta no tiene reparo en usar lo que
está a la mano para hacer que la petición ante
el gobierno surta efecto: y si
eso incluye los bienes públicos, pues
parece que la ecuación es simple o simplista: ¡a por ellos!
No obstante esa
predica, no está demás insistir en la
necesidad de reclamar más pero con el menor daño a lo que es de todos… ¿Es eso posible? Bueno,
la verdad no tengo la respuesta ahora,
pero sí sé que la creatividad de los venezolanos
da para mucho, así que ojalá la próxima protesta sea encauzada en formas de
acción de las que los demás no se sientan atacados, sin razón ni medida
¿Un alivio en las estadísticas?
En una interesante nota periodística elaborada la semana pasada por el colega periodista Jordin Morales - del portal de Noticias ¡Extra! – se informaba que durante el pasado
mes de abril en el estado Mérida hubo 39 decesos atribuibles a distintas causas, entre las que sobresalen los
accidentes viales, los homicidios,
suicidios y otros hechos violentos.
Debo decir que en
principio me sobresaltó esa cantidad ya que llegué a pensar que esas 39 fatalidades correspondían sólo a homicidios.
Sin embargo, la precisión de la nota
dejó en claro que en Mérida son más peligrosas las calles no tanto por la
inseguridad que generan los antisociales sino por los conductores (de motos y
carros) que se desplazan por nuestras calles y avenidas. En concreto, de
los 39 decesos, 18, es decir casi la mitad, fueron por accidentes viales.
Lo esperanzador - si cabe el término - de la nota es que las
cifras reflejadas apuntan a la baja, al menos para el caso merideño. En enero
del 2012, por ejemplo, 20 merideños
fueron víctimas de homicidio.
Además en 2013 ocurrieron
en Mérida 60 muertes, “lo que se traduce en una disminución del 53,8 por ciento
de personas fallecidas en la entidad con relación al mismo mes del año 2014”, según destacó en su nota el periodista Morales.
Por supuesto, aunque la situación en Mérida aún no alcancen cotas críticas, estos datos locales deben verse en el contexto nacional en el que el año pasado (2013) murieron casi 25 mil venezolanos, una cifra escandalosa e impresionante, aún en países en guerra. Datos sobre esa realidad nacional pueden verse en esta nota de Infobae.
jueves, 17 de abril de 2014
Padre Cándido Contreras: ¡Hay que abrirle espacios al lenguaje del perdón!
Formando ciudadanía
Es pertinente recordar que el presente trabajo forma parte de una serie de artículos elaborados por el Grupo de Investigación sobre el Espacio Público (Gisep) de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Los Andes, en el marco del Proyecto “Revalorización de la identidad del merideño a partir de su cultura, espacios y vida ciudadana” que emprende en conjunto con la Empresa Venezolana de Teleféricos C.A. (Ventel), a propósito de las actividades culturales a realizar durante la conmemoración de la Semana Mayor 2014. El objetivo de dicha iniciativa busca contribuir a la formación de ciudadanía a través del enriquecimiento de la vida urbana de la ciudad de Mérida, mediante el desarrollo de actividades culturales y turísticas en sus espacios públicos
Entregar la vida para una causa noble. Eso
fue lo que Jesucristo hizo por la humanidad en un gesto absoluto de desprendimiento basado en
el perdón. Desde ese episodio, que se recuerda
en la ritualidad de cada Viernes Santo, el Padre Cándido Contreras, uno de los
más destacados guías espirituales
merideños, se refiere a la conveniencia de usar la inspiración de la vida,
pasión, muerte y resurrección de Cristo para buscar el bien común por encima
del individual.
Vamos
a estar claros: la misión no es nada fácil…
No es acercarse al otro (cosa ya de por sí cuesta arriba si tomamos en cuenta
que el individualismo nos ha marchitado también la humanidad) sino acercarse al
“otro diferente”.
El
Padre Cándido Contreras, quien se desempeña en una de las comunidades que él
considera “más bonitas” de
Mérida, en este caso la parroquia Santiago Apóstol de La Punta, estima que de eso va la obra, el gesto concreto, de darle paso al perdón: llegar al otro,
pero no al amigo o a aquel que
nos acompaña a la parranda, sino a ese “otro
diferente”, al que piensa distinto. Esa es una de las misiones, una que guarda
gran valor.
Y vaya
que en Venezuela, y en Mérida de forma especial, tenemos el escenario ideal
para hacer del perdón un mecanismo de convivencia. Además, allí se asoma la Semana
Santa, tiempo en el que si bien son comunes las
actividades mundanas relacionadas con el ocio y el disfrute de unos días de descanso, no es
menos cierto que ese puñado de días se nos presenta como una inmejorable
ocasión de practicar la introspección, la reflexión, que nos impulse a evaluar la catadura de la
que estamos hechos en el sentido de la ciudadanía.
El para qué de la Semana Santa
Recuerda
el Padre Cándido que el tiempo religioso de la Semana Santa es “para
reflexionar sobre los últimos momentos de Cristo en la Tierra”. Explica que la Semana Santa significa adentrarse en valores
como la solidaridad, el compartir….
“Entregar la vida por una causa noble partiendo de la experiencia de Cristo quien da la vida por
nosotros aún no siendo buenos con él”.
También
estima el párroco de la Parroquia Santiago de La Punta que los cristianos católicos “debemos renovar nuestros compromisos más
allá de la politiquería hacia la autentica política que significa buscar el
bien común por encima del bien individual”.
Gesto cristiano
Sobre
el valor de la Semana Santa, el Padre Cándido considera que
se debe analizar con detenimiento el conjunto de acontecimientos que
convergieron en la muerte de Jesús, una
muerte que para el sacerdote fue un asesinato urdido por el poder político, el
militar y el religioso de la época.
“Él
(Cristo) sabía con mucho dolor la jugada de muerte que le harían. Pero en vez
de agredir al otro, en vez de atacarlo, de dañarlo, aguanta y con su gesto
declara que sólo el perdón nos puede reconciliar”, comenta Contreras.
Estima
este guía espiritual que en este momento tan conflictivo para el
país “el lenguaje del perdón tiene, de alguna manera, que abrirse
espacios, sobre todo de quienes nos decimos cristianos católicos”.
Considera
además el Padre Cándido que responder al
mal con el mal no nos aporta nada
y, aún peor, sólo nos depara un mal mayor. “Ante la agresión del otro, responder con agresión, sea ésta
una piedra o una pistola, no nos lleva a
nada. O existe el diálogo y la capacidad de dialogar o no
construimos una nueva sociedad”, sentencia el Padre Cándido.
Que no hablen las armas
Una famosa cita
nos aclara que “Cuando hablan las armas es porque el ser humano ha perdido toda su esperanza”.
Por
ello, el Padre Cándido Contreras considera que
“ahora le estamos dando la
palabra no a la voz humana sino a la violencia, que no es un gesto humano”.
Ante
ese escenario de violencia, tras
violencia, estamos perdiendo la
capacidad humana de ver al
otro como un semejante, como un compañero de
camino. “Cuando se levanta un
arma o una piedra para imponer
mi punto de vista,
eso significa que no tengo la razón, no tengo la verdad ya que no soy capaz
de hablar con el otro porque eso implicaría exponerme a la verdad del otro. Gandhi decía que, por lo dicho,
la violencia es el lenguaje de quien no
tiene la razón”. /CNP: 8965 /AS
Empresas privadas: aliadas de los monumentos
He leído con atención la nota que sigue más abajo en la que se informa de un plan de rescate de los colores originales del famosísimo Coliseo de Roma. Si bien la información es bienvenida por todo aquel que valore el legado cultural indistintamente su ubicación en el mundo, más llamativa debe resultar la forma cómo se ha logrado avanzar en esta iniciativa: una empresa privada, Tod´s - dedicada a la ¿venta de calzado pero que también invierte en el campo de la moda como industria - ha puesto 25 millones de euros para hacer posible este regalo para la humanidad.
Ya sabíamos de cómo muchos de los principales estadios de Europa y Estados Unidos son mantenidos por empresas privadas, ni que decir del propio sostenimiento de los equipos. En el campo del patrimonio, esta iniciativa italiana puede inspirar a que en ciudades como Mérida - que tiene mucho que rescatar y pocos recursos públicos - se logren convenios, alianzas o proyectos conjuntos con alguna empresa privada, interesada en el rescate de un icono cultural, arquitectónico, turístico merideño. La nota sigue a continuación:.
Vuelven los colores de hace dos mil años al Coliseo, probablemente el monumento más famoso del mundo. Las obras de restauración, que comenzaron en septiembre pasado y durarán cinco años, comienzan a desvelar el antiguo, y ahora completamente nuevo, color del travertino, la piedra natural característica de Roma desde el siglo I a.C., habitualmente utilizada en las construcciones. El color original en el Anfiteatro Flavio es de un tono claro y variado, que va desde la miel a ocre amarillo y castaño, con el resultado de una coloración oro, sorprendente, publica abc.es.
El arquitecto Gisella Capponi, directora de los trabajos de restauración del Coliseo, explica al Corriere della Sera que se trata de un color que «lo definiría con la tonalidad de ámbar, derivada de la pátina del tiempo, rigurosamente preservada durante las operaciones de limpieza, fruto del oxalato de calcio que se forma naturalmente con el paso de los años. La cubierta de negro debida al tráfico y la contaminación desaparecerá por completo».
Solo se utiliza agua
Para la limpieza no se utiliza agentes químicos o agresivos, sino simplemente agua que se proyecta con más o menos intensidad a distancia de pocos centímetros. «No hemos utilizado los chorros de arena, instrumentos más potentes y adecuados en otros casos. Aquí el agua se debe utilizar con precaución, ya que debe disolver las impurezas, pero no raspar la superficie o dañar la preciosa pátina del tiempo», precisa el arquitecto Capponi.
El mundo se sorprenderá
Ante los primeros resultados de esta restauración, sus responsables muestran una gran emoción: «El mundo se sorprenderá al descubrir el verdadero color. Estoy segura de que cuando el andamio será desmantelado antes del verano, el Coliseo será capaz de sorprender incluso a nosotros que estamos habituados a convivir con el monumento», afirma Rossella Rea, directora del Coliseo.
Las tareas para la limpieza externa del Anfiteatro Flavio continuarán durante dos años. Después se realizará un Centro de Servicios y los trabajos se concluirán con otras obras en los subterráneos y galerías. En total, cinco años. La restauración ha sido financiada con 25 millones de euros por Tod’s, grupo de calzado y moda.
martes, 15 de abril de 2014
La Semana Santa es un sólido patrimonio merideño
Por la vida ciudadana
El presente trabajo forma parte de una serie de artículos elaborados por el Grupo de Investigación sobre el Espacio Público (Gisep) de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Los Andes, en el marco del Proyecto “Revalorización de la identidad del merideño a partir de su cultura, espacios y vida ciudadana” que emprende en conjunto con la Empresa Venezolana de Teleféricos C.A. (Ventel), a propósito de las actividades culturales a realizar durante la conmemoración de la Semana Mayor 2014. El objetivo de dicha iniciativa busca contribuir a la formación de ciudadanía a través del enriquecimiento de la vida urbana de la ciudad de Mérida, mediante el desarrollo de actividades culturales y turísticas en sus espacios públicos.
De las dos visiones en las que suele
repartirse el interés por los días Santos
(una mundana, la otra espiritual)
Mérida termina siendo escogida por quienes prefieren el acercamiento a los símbolos cristianos,
expresados mediante ceremonias y actos culturales de profundo contenido popular. Religión y turismo se
fusionan y potencian lo mejor de una Mérida que cambia de voz y se expresa a través del sonoro repiquetear de
las campanas de sus templos.
La historia de la religiosidad merideña que se vive en el período de la
Semana Mayor, el más prominente por cierto del calendario católico a nivel
mundial, da cuenta de una riqueza de manifestaciones culturales que buscan
mantenerse en el imaginario popular, a pesar de los embates de la ciudad
contemporánea en la vida de la gente. En efecto, sus valores, tradiciones y
costumbres se vinculan a una memoria histórica que ha sido transmitida de
generación en generación, convirtiéndose en un patrimonio cultural que ha
trascendido como uno de sus elementos identitarios más reconocido por la
sociedad merideña y los visitantes.
Gracias a la acuciosa pluma del genio merideño, Don Tulio Febres Cordero,
ya para comienzos del siglo XX, muchas familias se movilizaban hacia esa Mérida
plácida y de hermosos paisajes, para visitar sus numerosos templos y asistir a
los actos religiosos. Desde el punto de vista social constituye sin duda un
conjunto de vivencias que evidencian interacción de personas y grupos, lo cual
tiene un efecto cultural, nutrido por rituales simbólicos religiosos y formas
diversas que van de la mano de esta
fecha cristiana.
La antesala de la Semana
Mayor
Una vez finalizada la celebración de los carnavales, la preparación de
los actos de la Semana Mayor se inicia en el tiempo católico conocido como la
Cuaresma, época de penitencia y ayuno. La vida se revestía de silencio y paz y
hasta cuidaba de su vestimenta como parte de la costumbre asociada a la
conmemoración del sacrificio de Cristo. Estas costumbres cambiaron a la llegada
de la modernidad. Con debida antelación, muchas familias mantienen la costumbre
piadosa elaborar los adornos florales con elementos de iluminación que
engalanarían el paso de las procesiones con especial esmero. Por otra parte, la
planificación y desarrollo del programa litúrgico ha estado a cargo de las
autoridades de la iglesia con la participación de cristianos y el apoyo de
organizaciones públicas y privadas. Este conjunto de prácticas, representaciones
y motivaciones populares induce a una emocionalidad colectiva que se entiende
como propia.
Procesiones y cofradías
El ritual social fundamental de la Semana Mayor lo constituyen sin duda
las procesiones. Según algunos textos que narran la historia de la Semana
Santa, las mismas fueron concebidas como homenajes de carácter público a Jesús
de Nazaret, María y Juan el Apóstol, principalmente. Practicadas desde tiempos
muy antiguos, el pueblo busca compartir a través de esta expresión colectiva,
sentimientos asociados a la piedad y el perdón, así como la exaltación del
sacrificio a favor del bien común, mediante la recreación de escenas de la
pasión y muerte de Cristo.
De acuerdo a la investigación de la profesora Eligia Calderón y del propio
Febres Cordero, las procesiones se apropiaban de los espacios públicos
siguiendo un orden y número de pasos: el Domingo de Ramos salía de la Iglesia
de El Espejo; el Lunes Santo partía de la Iglesia Nuestra Señora de Belén de
Mérida; el Martes y Miércoles Santos partían del Templo de San Francisco; el
Jueves Santo, iniciaba su recorrido en la Iglesia San Miguel del Llano; el
Santo Sepulcro, la Dolorosa y San Juan salían el Viernes Santo del extinto
Convento de las Clarisas cerca del mediodía y pasadas las nueve de la noche se
llevaban a la Catedral. El Sábado Santo se conmemora a Jesús en el sepulcro y
se celebra la Vigilia Pascual a partir de las seis de la tarde. Este ritual
constituye para muchos la noche santa más importante del año por su contenido simbólico
basado en la esperanza de la venida de Jesús. El Domingo de Resurrección,
conocido también como la Pascua Florida, recuerda uno de los hitos
fundamentales de la religión cristiana y determina el calendario de otras
fiestas católicas tales como la Ascensión del Señor y Pentecostés.
Vale destacar que a partir del Domingo de Ramos la Catedral acogía a un
pueblo que concurría en forma numerosa a las ceremonias, sin distingo social de
ninguna naturaleza. Sin embargo, la mayor participación de las familias en los
actos litúrgicos se apreciaba el Miércoles Santo, cuya procesión alcanzaba
hasta cuatro cuadras. Por otra parte es necesario comentar que la ocurrencia
del terremoto el Jueves Santo en el año 1812, mermó la asistencia de las
familias al acto conocido como el Lavatorio, por el temor a que se repitiera el
sismo.
Con respecto a las Cofradías y otros grupos asociados a las mismas, las
mismas se conformaron en torno a la socialización de la devoción cristiana y el
servicio a los más necesitados, contribuyendo en gran medida a la
popularización de los actos de la Semana Santa, en tanto fiesta participativa y
popular inspirada en el Nazareno, símbolo de libertad a través de la
conversión. Desde el punto de vista cultural el arte barroco se expresa en la belleza
de tallas e imágenes, así como de la ornamentación preparada por los cofrades
para las procesiones. En el Estado Mérida son muy estimadas las labores que
emprenden la Cofradía Hermandad de Rocieros de Corazón con sede en la Parroquia
Universitaria, Los Vasallos de la Virgen
de la Candelaria en La Parroquia y las Cofradías del Santísimo Sacramento en
Guaraque y de Nuestra Señora de Regla en Tovar, entre otros.
La religión: puntal del
turismo
En el mundo entero cobra mayor fuerza el interés de la gente en conocer
los referentes que identifican y dan rostro a las tradiciones de los
pueblos, en tanto conjunto de prácticas y saberes compartidos, valores
artísticos y religiosos, relaciones y convivencia que construyen eso que se
llama la comunidad. De lo anterior
se desprende la sostenibilidad de
tradiciones culturales y religiosas vinculadas a la Semana Santa es de enorme
trascendencia social, además del altísimo impacto que genera en la actividad
turística como elemento sustantivo del anhelado desarrollo urbano sustentable
para la ciudad de Mérida. / Sabel González / AS/ CNP: 8965
Procesiones, cofradías, rituales. Mérida
ofrece expresiones de profunda devoción.
Desde que la ciudad inició su camino
como modesta urbe entre grandes
montañas, ha otorgado un gran peso a la
celebración de la Semana Mayor.
domingo, 30 de marzo de 2014
El universo de las colas
En algún momento de nuestra historia
reciente, las colas se convirtieron en parte del paisaje. Me refiero a las colas humanas frente a los
supermercados, abastos y farmacias o, incluso, detrás de un camión desde donde
se despacha uno o varios productos de la lista de los más buscados, como la
leche completa en polvo, el azúcar, el aceite, el papel higiénico y la margarina,
por nombrar unos pocos.
Uno camina por la calle y, quiéralo o no,
termina siempre pasando al lado de una cola imponente. Y es que pese a que ya
estemos acostumbrados a ver colas por doquier, siempre nos sorprende su
dimensión, lo absurdo de su tamaño. El
asunto es que las colas – en función de su morfología - representan, ni más ni menos, la medida
exacta de nuestras desventuras económicas, sobre todo desde la perspectiva de
un abastecimiento que habla de mesas vacías, angustia y desazón.
Por lo tanto, las colas nuestras de cada
día, han generado un micromundo – su propio
sistema planetario - en el
que los ciudadanos gravitan en post de cumplir el obligado ritual de
hacerse con uno o varios productos que necesitan.
Por eso, comprender lo que llamaremos la
tipología de las colas, que nos remite también a la “personalidad de la cola”,
resulta importante en el intento de salir bien parados de nuestra incursión en
el supermercado o en el abasto de los
chinos.
Vamos a lo básico: las colas pueden ser
largas o cortas. Pero, ¡ojo!: una cola
“corta” puede ser una denominación engañosa a la luz de las actuales circunstancias. Si una cola llegó a tener un
día 500 personas, el hecho de que otro
día tenga 250 la hará ver como que, en efecto, es una cola “corta”, aunque sólo
de ver la extensión de la fila nos den ganas de regresarnos.
Por lo anterior, sería mejor categorizar
las colas como largas y “menos largas”. Otro dato a tener en cuenta es que
algunas colas - cual parientes
mitológicos de la Hidra de Lerna o de Medusa – muestran una discreta extensión pero tal evidencia
obedece a que de su cabeza surgen 3 ó 4
colas fundadas al calor del caos que suele
producirse en la puerta de acceso al comercio. En algún momento cada cola
tendrá vida propia y reclamará prioridad sobre las demás, indistintamente que haya surgido de la informalidad o de la viveza de un grupito. Pero así suele ser
la personalidad de algunas colas.
Por cierto, lo de la personalidad no es un dato irrelevante.
Más bien aquellas personas que por necesidad u obligación se han hecho
expertas en colas - tal es el caso de
muchas doñitas amas de casa – se refieren a éstas de forma curiosamente humana. Así, una señora conocida, que luego de 4 horas
había logrado comprar harina en Yuan Lin, me habló de la enorme cola como si
describiera a una amiga: “Pues sí, ella es larga, no te lo
voy a negar, pero se mueve bien”. Otro amigo, muy poco dado a
hacer colas, me advirtió sobre lo que ocurría en una ocasión en
Farmatodo del centro: “Ni se te ocurra hacer esa cola. Esa bicha no se mueve y
además es violenta”.
Por lo dicho, me atrevo a decir aquí,
científicamente - y perdonen la presunción - que la personalidad de una cola es directamente
proporcional al tiempo que hayamos pasado en ellas. Una persona experta, con amplia experiencia en colas, no se
amilanará porque vea 650 personas paradas
bajo el sol inclemente a la espera de un
tarro de mayonesa. Por el contrario, un
novato en colas, se lamentará si la fila le hace perder una
hora de su tiempo.
Nuestra relación con las colas es de un
grado tan especializado que incluso
existen colas de la nada (algo así como
la materia oscura que los científicos
saben que existe en el espacio pero de la que no pueden mostrar mayores evidencias). ¿Cómo es
esto? Sencillo: en el supermercado
Ciudad de Mérida, hace unos días, había unas 30 personas, más o menos, en cola, pero dentro del local comercial no
había ninguno de los productos más buscados.
Un señor me explicó la extraña
situación: “Sí, sabemos que no hay nada
pero estamos parados aquí para cuando llegue lo
que tenga que llegar”. Es decir,
las colas son a veces un acto de fe.
Además, las colas están llegando a un grado
tal de protagonismo que, no lo vamos a
negar, cuando alguien ve una cola es
porque, como diría una vecina “algo
bueno llegó”. Y aunque el sentimiento anti cola nos embargue, la fuerza de
gravedad de las mismas cada vez va
atrapando a más gente, personas que poco pueden
hacer para luchar contra esa fuerza de atracción que nos obliga a estar parados
allí, respondiendo a las reiteradas
preguntas: ¿Epa, y esa cola es para qué?,
a lo que nosotros responderemos:
“Para lo que ella decida”.
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