lunes, 14 de julio de 2014

El teleférico: nuestro eje





Nos sumamos a aquellos quienes estiman que la reapertura del Teleférico de Mérida “Mukumbarí” – prevista teóricamente para diciembre de este año 2014 -debe servir para coordinar, en torno a ese acontecimiento, una serie de cambios estructurales en el ámbito urbano de la ciudad de Mérida (e incluso de la propia zona Metropolitana), cambios que vayan más allá del turismo y se alineen con otras áreas de la vida merideña, tales como la movilidad (el transporte público), el cuidado del ambiente, la promoción de la cultura ciudadana, el desarrollo de las artes, el ornato público, la recolección de desechos, el realce del patrimonio arquitectónico, nuevas políticas y estrategias de seguridad, el reimpulso del comercio, entre otros aspectos de igual o mayor interés para mejorar la calidad de vida.
Porque una cosa sí debe quedar muy clara, en caso de que alguien aún no lo haya notado: la creación, mantenimiento y explotación comercial de un atractivo o de una atracción turística, tal es el caso del teleférico, debe guiarse por la búsqueda o el mejoramiento de las condiciones de vida de la comunidad poseedora de ese bien.
Dicho en dos platos, lo primeros beneficiados por la presencia del teleférico deben ser los merideños, con el respeto que se merecen los usuarios que en plan de turistas y visitantes hagan uso de este sistema. Por supuesto que al decir esto, no estamos despreciando aspectos como la calidad del servicio que se debe brindar, la comodidad para los usuarios, el buen trato, la eficiencia, la seguridad, la buena atención.
Todo esto es prioritario, tomando en cuenta que mientras mejor sea el servicio que se presta, mejor serán los resultados desde el punto de vista del ejercicio comercial y, por ende, ha de suponerse la inversión en el mantenimiento del propio atractivo y en el entorno que le da sustento, en este caso la ciudad de Mérida.
Dado que hemos hecho seguimiento a las últimas declaraciones que envuelven los trabajos en torno al teleférico, consideramos que hay indicios muy positivos en torno a la preocupación que han demostrado empresas como Ventel (Venezolana de Teleféricos), la Gobernación del estado Mérida, Cormetur e incluso la propia Alcaldía de Libertador.
¿Qué indicios son esos? Para empezar los arreglos relacionados con las plazas emblemáticas de la ciudad van en el sentido correcto. Las Heroínas, Milla, Belén, Plaza Bolívar, El Llano, Glorias Patrias, La Isla, Beethoven, entre otras, están anotadas en la lista de espacios que están recibiendo arreglos y mejoras. Ojalá sea una política permanente y no coyuntural.
Por otro lado están las obras viales anunciadas por el ejecutivo regional entre las que resaltan, con mayor expectativa, el viaducto Juan Félix Sánchez, que estará ubicado en la entrada norte de la ciudad de Mérida, en este caso por los lados de la Vuelta de Lola.
Una nota de prensa emanada de la propia Gobernación, en la que el Gobernador Alexis Ramírez funge como fuente, indicaba lo siguiente sobre esta solución vial y su vinculación el Teleférico: “Este elevado – explicaba el Gobernador - se ubicará desde el Hotel Mucubaji, en la parte norte de la ciudad, sector Vuelta de Lola, hasta más abajo de las residencias La Arboleda; cuenta con 700 metros de longitud y en sus alrededores se construirá una pequeña plaza, con el nombre de Epifania Gil, la eterna compañera de Juan Félix Sánchez.
El Gobernador Ramírez precisó que este no es un nuevo proyecto, sino más bien una deuda que se tiene con los ciudadanos merideños. Además, estamos acondicionando la ciudad para recibir a los miles de turista, que traerá la futura apertura del Sistema Teleférico de Mérida, Mukumbarí”.

Claro, quedan muchos temas abiertos para el trabajo y la participación, como por ejemplo la seguridad y el mantenimiento del ornato. Pero parece que la ciudad tiene, en el Teleférico, la oportunidad de seguir avanzando en la eterna lucha por desarrollarse, crecer, mejorar.

Milla necesita seguridad





Este fin de semana fui con mi familia a visitar la siempre alegre plaza de Milla. Algunos comerciantes de la zona me comentaron que luego de las nueve de la noche el sector se ve afectado por la presencia de delincuentes quienes aprovechan el paseo de turistas y citadinos, para cometer atracos, robar vehículos o cometer toda suerte de tropelías contra los usuarios de ese espacio público.
“Queremos que, por lo menos, durante la temporada alta, la Policía del Estado Mérida se dedique a realizar patrullajes en el sector, al menos entre las 9 de la noche y las 12, mientras hayan personas en el lugar”, pidió uno de los comerciantes.

Y, la verdad sea dicha, durante las tres horas que estuvimos en la plaza – el pasado sábado observando la Superluna del 12 de julio – no vimos ni un solo policía, nisiquiera comiendo cotufas y comiéndose un helado. Allí queda eso.

martes, 8 de julio de 2014

Buhonería: problema de fondo




Cuando vemos una estampa turística que nos llega de algún lugar exótico del mundo, pareciera que la presencia de vendedores ambulantes, tarantines, improvisados mesones y otras imágenes de los mercados de pulgas, constituye una “típica” situación, lo cual justificaría que por estos lares tengamos nuestras propias expresiones de la economía informal, es decir, nuestros buhoneros.

Pero esa es una falsa imagen a lo interno. Una cosa es un mercado de pulgas con medio siglo de antigüedad perdido en un remoto país oriental, a una ciudad en la cual no hay espacio en las aceras porque los vendedores las han tomado para ofrecer cualquier producto que les permita una fuente mínima de sustento.
Además, echemos un vistazo a los productos que podemos conseguir en una típica calle del centro de Marruecos, por ejemplo, a los productos que nos ofertan los vendedores de una calle en las aceras de Mérida: por allá cueros artesanales, tejidos y orfebrería que transmite el trabajo artesanal de siglos de tradición. En lo que a nosotros respecta, nuestros vendedores se concentran en forros para celulares, cigarrillos, ropa traída de cualquier país cercano, sostenes y chucherías…
En pocas palabras: no debemos caer en el juego – muchas veces propuestos por algunos burócratas de algún ente de gobierno que buscan justificar lo injustificable – de confundir la desesperada expresión de un problema económico (como tal en buena parte de nuestra economía informal) con las imágenes de mercados artesanales que van de la mano de un escenario típico en otras latitudes.
Porque los buhoneros de nuestras ciudades son personas que buscan ganarse la vida a falta de mejores oportunidades en la estructura formal de la economía, bien sea en las empresas o instituciones de gobierno, como en el aparato económico promovido por el sector privado.
Hay que tomar en cuenta que antes de que el actual gobierno arribara al poder ya Venezuela exhibía preocupantes signos de deterioro económico. Por ejemplo, en 1999 la informalidad en el país era de un 55 por ciento, versus un 42 por ciento actual, según cifras que maneja el gobierno nacional a través del Instituto Nacional de Estadística (INE). Es decir, se ha logrado frenar el crecimiento de la informalidad e incluso se han bajado significativamente los porcentajes.
No obstante los avances,  esos casi 6 millones de venezolanos que todos los días salen a las calles a ver cómo resuelven el día (no la semana, ni el mes, sino el día, esas 12  horas que van desde que el sol alumbra hasta que cae la noche) siguen colocando los planes de reducción y control de las ventas informales en ámbitos urbanos como un ejercicio parecido al de arar en el mar.
Mérida es buen ejemplo de esas iniciativas frustradas. Desde que Fortunato González fue electo en 1989 como el primer alcalde de la ciudad de Mérida, han pasado siete alcaldes en ese lapso de 25 años de vida ciudadana que han corrido hasta estos días de 2014.
Me imagino que cada uno de estos alcaldes cuando revisó las condiciones de la ciudad concluyó que algo había que hacer con tantos buhoneros.
En la mayoría de los casos hubo una aparente bien intencionada política de “sacar a los buhoneros de las aceras”. Los planes incluían hacer un censo previo para saber cuántos buhoneros existían en total. Esa revisión además indicaba el tipo de mercadería que expendían en las calles, los años de labor en lo que los comerciantes llaman “el punto”, la situación socioeconómica de los buhoneros (edades, sexo, número de hijos, estudios realizados). Finalmente las soluciones siempre terminaban en la búsqueda de un terreno para la construcción de un espacio para los comerciantes y la solicitud de abandonar las calles para irse a sus nuevos locales. Esto último nunca se cumplía y si ocurría era una mezcla extraña de situaciones en la que el comerciante informal prefería seguir en la calle – más rentable y de venta segura - y alquilar o vender el local otorgado por la municipalidad.
Así, tenemos varios mercados organizados y construidos en la ciudad y la misma o mayor cantidad de buhoneros en la calle. En fin, el problema sigue sin resolver.

Vale recordar que – según el diario El Universal - de acuerdo a las cifras oficiales, en los últimos 12 meses dejaron de existir 58 mil empleadores y en 12 años 153 mil. En 2000, había 499 mil patronos privados y hoy apenas sobreviven 345 mil. Esto ligado al cerco regulatorio que enfrenta el empresario local, los controles de cambio y de precios, que han frenado la expansión del sector, crea las condiciones para que cualquier persona se plantee sumarse a la lista de la economía informal. Esa presión va a parar, indefectiblemente, a los espacios públicos de las ciudades, que deben lidiar con la expresión más conflictiva del problema.

Seguridad peatonal





Hace falta que la Policía Municipal – o incluso la Policía del estado Mérida  – designe a al menos un funcionario para que regule el tránsito en la esquina de la calle 26 con avenida 8, fundamentalmente cuando esté operativa la estación del Trolcable, allí en la estación Los Conquistadores, del Paseo de La Feria.
Ocurre que no son pocas las ocasiones en las que se han producido situaciones de inseguridad – posibles arrollamientos – debido al alto flujo de personas que buscan abordar el Trolcable o bien, que bajan de este sistema para ir al centro.

Las propias autoridades del Tromerca deberían apoyar una iniciativa de resguardo.
Lo otro es solicitar, respetuosamente, información actualizada, sobre el estado de los trabajos de esa estación Los Conquistadores, sus áreas públicas y la vialidad circundante. ¿No les parece que sería excelente que la posible reapaertura del Sistema Teleférico (prevista para diciembre de este año) coincida con la inauguración de esta estación del Paseo de La Feria.

domingo, 29 de junio de 2014

De las plazas refundadas



A mediados del año 1991 (o sea, hace poco más de dos décadas) leí un trabajo periodístico que indicaba que Mérida era la ciudad de Venezuela con mayor cantidad de plazas y parques.
La verdad era que un paneo, un otear sobre la Mérida de inicios de los 90, revelaba que era del todo cierta esa información sobre la gran cantidad de espacios públicos disponibles. Plazas por aquí, parques por allá.
En son de broma, en una oportunidad el ex alcalde Fortunato González afirmó que Mérida era también la ciudad con más estatuas y bustos del país, y que llegado el momento cada uno de nosotros (¿por qué no?) tendría su propio legado en cemento, para no decir bronce u otro mineral más codiciado.
Así, una plaza dedicada al fútbol (allí, junto a Glorias Patrias) con un balón coronando el pedestal, hasta un inquieto Charlot pedestre – como todo Charlot - allá en la avenida 1, hasta un avión militar, un tanque, una trucha, heroínas y héroes, escritores, artistas y hasta un Orlando Paredes, especie de gurú local de la belleza o también el “Osmel Sousa merideño”, todos tienen aquí en Mérida su espacio para el homenaje, su plaza, su busto.
Pero bien, el tema de la cantidad de espacio público disponible es crucial en los registros modernos más exigentes para determinar puntajes sobre calidad de vida. Para decirlo más claro: a más espacios públicos, mejor calidad de vida. No es la única variable, se entiende, pero sí es una que con el correr de las décadas y la presión demográfica sobre las ciudades, se vuelve más determinante.
El caso es que nuestra cantidad puede ser motivo de orgullo pero la calidad de esos espacios, sobre todo en lo referente al mantenimiento y conservación, es una prueba que dudosamente podríamos pasar.
Hay plazas, incluso, que fueron tragadas por el olvido gubernamental. Por ejemplo, el Paseo Luciano Noguera Mora, que comunicaba a la avenida Andrés Bello con la entrada a la urbanización Belenzate, usando las riberas del río Albarregas: éste espacio desapareció por falta de mantenimiento.
Eventualmente una administración en la alcaldía corta el monte, recoge la basura de esos espacios olvidados y es como si, cual hallazgo arqueológico, hubiesen dado con una plaza perdida de una civilización remota. Entonces, con toda pompa, “inauguran” la nueva plaza, tal vez con nuevos bustos u otros motivos. Pero no es más que un espacio que ya estaba allí, sólo que la refundación, por lo visto, aporta mucho para el prestigio de la gestión del gobierno local o regional.
Dada la situación de precariedad de algunas plazas, cualquiera agradecería el  “rescate”, más allá de que un operativo de limpieza, iluminación, arreglo y pintura sea catalogado de inauguración. Eso es lo de menos: lo importante sería que realmente existiera un proyecto completo que monitoree de norte a sur y de este a oeste, todos los espacios públicos que existen en la ciudad y se le mantenga en condiciones de uso, para que puedan ser sumados, computados, a los metros cuadrados que requiere Mérida para su desarrollo humano.
Valga agradecer al sistema de transporte masivo Trolebús (puntualmente a Tromerca) el mantenimiento de áreas verdes pertenecientes a esta red. Sabemos que muchos consideran que el Trole no mejoró los espacios públicos sino que, por el contrario, los afectó, los disminuyó. Eso es un tema para la discusión pero debe reconocerse que el servicio al menos aplica una política de mantenimiento que permite disfrutar de cierta estética visual en las área verdes, cosa que se agradece en una ciudad en la que, como hemos apuntado, la basura, el monte, los escombros y la desidia gubernamental y en cierta forma ciudadana, atentan contra esa tradición de espacios verdes por la cual Mérida se ha hecho famosa.

Ahora que el Parque Beethoven va a ser objeto de remodelación y mejoras, una revisión de todos los espacios verdes sería un gran aporte para la Mérida turística.

Sigue la oscurana


 Vista de la avenida Don Tulio, una de las más oscuras de la ciudad


Sorprende la oscuridad que reina en las principales calles y avenidas de la ciudad. Sé que este es un tema difícil para Corpoelec, en el sentido de que se ha hecho pública la dificultad de la empresa eléctrica de contar con suficientes postes, luminarias y cableado para reparar los daños o reponer los frecuentes robos.
Pero algo se debe hacer. La ciudad a oscuras es un atentado contra el turismo y un factor incitante de la criminalidad, ya de por sí desbordada.

Necesitamos, como ciudadanos, que la alcaldía, la Gobernación, Corpoelec y el gobierno central, se unan en una cruzada por devolver a Mérida la iluminación perdida antes de que nos caiga la noche eterna.

domingo, 22 de junio de 2014

Proyectos más claros




Hay buenas noticias rondando el ambiente. En lo personal considero que cada vez que se habla de mejorar la vialidad, las carreteras o facilitar la movilidad, se está dando un impulso fundamental al desarrollo, ya que en esa movilidad eficiente está una de las claves de las sociedades que progresan. No en balde aquel refrán que dice “donde hay movimiento hay vida”.
Hace un mes fue anunciado un paquete de nueve obras o soluciones viales que se desarrollarán en una labor conjunta del Ministerio del Poder Popular para el Transporte Terrestre (Mpptt) y la Gobernación del estado Mérida, en distintos puntos de la geografía regional. Esos nueve proyectos son:
Elevado y mejoramiento del Distribuidor La Vuelta de Lola, en el municipio Libertador, contempla una inversión de 120.000.000,00 y se estima un ahorro de 30 minutos.
Enlace de la Pedregosa, en el municipio Libertador, contempla una inversión de 10.000.000,00 y se estima un ahorro de 40 minutos.
Perimetral de Tovar, en el municipio Tovar, contempla una inversión de 30.000.000,00 y se estima un ahorro de 50 minutos.
Enlace de la Tabay, en el municipio Santos Marquina, contempla una inversión de 8.000.000,00 y se estima un ahorro de 60 minutos.
Enlace Pedro Meza, en el municipio libertador, contempla una inversión de 80.000.000,00 y se estima un ahorro de 40 minutos.
Elevado en el sector centenario – 5 Águilas, en el municipio Campo Elias, contempla una inversión de 100.000.000,00 y se estima un ahorro de 90 minutos.
Mejoramiento del Distribuidor Iberia, en el municipio Alberto Adriana (El Vigía), contempla una inversión de 150.000.000,00 y se estima un ahorro de 80 minutos.
Perimetral Timotes, en el municipio Miranda, contempla una inversión de 10.000.000,00 y se estima un ahorro de 40 minutos.
Puente Santa Cruz de Mora, en el municipio Antonio Pinto Salinas, contempla una inversión de 30.000.000,00 y se estima un ahorro de 100 minutos.
Como lo hemos expresado en anteriores comentarios, no dudamos de la buena fe e intención del Gobernador del estado Mérida, Alexis Ramírez, en  cuanto a que de su gestión surjan obras, proyectos y soluciones para los merideños. Consideramos que toda autoridad pública desea dar respuestas efectivas a los problemas más acuciantes que sufren los ciudadanos a los que sirven.
Lo anterior lo ratificamos una vez más. No se trata de rechazar acciones, de cuestionar trabajos o de dudar de las obras.
Pero estimamos que una de las primeras acciones que puede y debe hacer el gobierno nacional y regional para ganar apoyo a estos proyectos necesarios, es informar cabalmente de la dimensión de estas soluciones viales.
Lo anterior se traduce en presentar ante los merideños y más aún ante las comunidades específicas donde estas obras se desarrollarán, los planos, renders, maquetas u otros elementos que permitan visualizar la escala de la obras.
Es fundamental que la población beneficiaria se entere de otros detalles fundamentales de las obras como: ¿Cuándo se inicia cada una?, ¿Cuál es el cronograma de ejecución?, ¿Cuándo se estima su entrega? Sobre los recursos: ¿Se tienen ya asignados?, ¿De dónde provendrán?
A lo anterior se le deben sumar datos de fácil manejo público como la respuesta de esas soluciones a los flujos vehiculares, materiales constructivos y obras paralelas o colaterales que se requerirán.

Cómo se puede observar, son preguntas con el ánimo de que las buenas noticias no sean interpretadas como proyectos que violenten a la comunidad o se impongan por decisiones centralizadas y ajenas a las expectativas de los ciudadanos.