domingo, 17 de marzo de 2013

Venezuela






El deporte, sin proponérselo, termina convirtiéndose muchas veces en el mejor escenario para observar el desenvolvimiento de algunas máximas que pueblan el mundo político, social y económico, sentencias que pueden ser observables como quien manipula con bata blanca y tapa boca los tubos de ensayo en un tranquilo laboratorio.
Por ejemplo, allí está comprobada, sobre el gramado,  la máxima de que un solo hombre, un genio, la gran figura, no lo puede hacer todo porque sobre el terreno las infinitas variables obligan a trabajar en equipo, más allá de la seguridad, el respaldo, el ánimo y la inspiración que aporta tener un ídolo sobre la cancha. En este sentido la selección de fútbol de Argentina, sin duda alguna una de las mejores del mundo, ya ha comprobado que tener en sus filas el genio de Lionel Messi – el mejor jugador del planeta -  no garantiza en lo absoluto que los partidos estén ganados. Aún más, a estas alturas, luego de varias desilusiones, han establecido que tampoco se puede poner a todo el equipo a trabajar en función de un solo hombre, en este caso Messi, ya que no sólo se produce un sacrificio innecesarios de las posibilidades con otros nombres, sino que la ultradependencia hacia lo que pueda hacer o no la bota milagrosa de un gran jugador se paga caro si, por ejemplo, el otro equipo decide anular cada jugada de nuestro único hombre, el salvador.
Recientemente, este mismo fin de semana, la selección nacional de beisbol, demostró que la suma de varias estrellas tampoco garantiza saborear las miles del triunfo, y mucho menos levantar, al final, la copa de campeones a nombre de Venezuela.
En efecto, la “vinotinto del beisbol” visitó Puerto Rico plagada de figuras de la talla de Pablo Sandoval, Miguel Cabrera, Carlos Zambrano, entre otros. El diario Panorama resumió en un párrafo, con gran desilusión, el potencial que llevó Venezuela al Clásico Mundial de Beisbol pero que no bastó para brindarle la alegría del triunfo a nuestro país: “un triple coronado, tres premios al Jugador Más Valioso, tres Guantes de Oro, 11 participantes del Juego de Estrellas de Grandes Ligas y dos autores de juegos sin hits no bastaron para que Venezuela se despidiera del Clásico Mundial de Béisbol en apenas dos encuentros”.
Es decir: no se trata de tener un gran ídolo en tu equipo, aquel que concretará todas nuestras aspiraciones, así comol tampoco parece ser garantía la suma de muchos ídolos en el mismo equipo.
Para decirlo de forma más clara y llana: no se trata de ídolos. Se trata del equipo, del conjunto, de la suma de las partes. Y es lo que muchas veces nos cuesta entender. De allí nuestra tendencia, no venezolana, más bien humana, a poner toda la carga sobre los hombros de un solo hombre o mujer, con la esperanza de que mientras nosotros andamos en lo que andamos, aquel ser se las ingenie para responder por todos los demás. Si lo logra aplaudimos. Si falla, lo criticamos. En el deporte  tal estrategia se paga con la derrota, con la desilusión de no tener entre las manos el título de campeones. En política, esa visión mesiánica, que apuntala al salvador, tiene las mismas consecuencias que en el deporte. El equipo no avanza. Eventualmente se puede producir la genialidad, pero la apuesta es demasiado alta. La garantía del equipo ensamblado, donde el todo es más que la suma de las partes, será siempre la vía más racional para alcanzar el éxito, siempre anhelado. Incluso, si no levantamos la copa de campeones, queda la sensación de que cada quien hizo realmente lo que debía, y ese sentimiento tiene el mismo sabor de la victoria. No digo más: el equipo es Venezuela y nosotros no somos Messi, ni Sandoval, ni Cabrera, pero somos la pieza necesaria para que el conjunto avance.



domingo, 3 de marzo de 2013

Ciudades limpias: ejemplos a seguir





Cuando más basura veamos en las calles y avenidas de Mérida; cuando más observemos a algunas personas lanzar la lata de refresco, la servilleta, el cigarrillo, el chicle o la bolsa de plástico sobre la acera, sin ningún remordimiento, más debemos aferrarnos a la posibilidad de acabar con este panorama de inmundicia, el cual no se merece ni Mérida, ni nosotros mismos.
Se que parece una contradicción: ¿Cómo tener esperanzas de lograr una ciudad pulcra si cada vez son más notorios los problemas con los desechos? En realidad debemos partir del uso del problema – evidente y maloliente por lo demás – como una fuerza para lograr cambios.
Pongamos el caso de Medellín, en Colombia. Era hasta hace una década una de las ciudades más violentas del mundo. El problema con el hampa común, las bandas organizadas, el narcotráfico, la guerrilla, los paramilitares y los sicarios llegó a tal punto que obligó a los ciudadanos y sus autoridades a actuar. Hoy, Medellín es una ciudad radicalmente distinta, con una criminalidad y violencia controlada. Un ejemplo de acción. Pero, eso sí, debieron ver las duras antes de comerse las maduras.
En el caso de Mérida pienso que debemos suponer que tanta ineficiencia municipal y estadal para con la limpieza, recolección y disposición de los desechos, aunado a un deterioro de la cultura ciudadana que lleva a la gente a convertirse en máquinas de ensuciar, podrían convertirse en la chispa que encienda las acciones de los ciudadanos más conscientes. Por cierto, algunas de esas acciones ya se están viendo (por ejemplo un intenso debate del tema en las redes sociales, acciones de algunos grupos ambientales, declaraciones de los políticos sobre el tema). En fin, un ambiente de tensión que, sin embargo, podría generar un cambio.
Pienso que las venideras elecciones para alcalde, deberían marcar un punto de inflexión en este sentido. El candidato o candidata que resulte victorioso en las elecciones para alcalde de Mérida, debe tener en su lista como acción fundamental, un proyecto sostenible, viable, coherente, efectivo, amplio y plural, en pro de convertir a Mérida en la ciudad más limpia de Venezuela. Esa debe ser una exigencia ciudadana. La basura en las calles nos puede hacer reflexionar, cada día, todos los días, sobre ese compromiso.
Como para no perder la inspiración, comparto la lista de las cinco ciudades más limpias del mundo, según la visión del portal www.nuestrorumbo.com, en un ameno e inspirador artículo publicado a mediados de diciembre de 2012 titulado Las 10 ciudades más limpias.
Aquí les reproduzco parte del material:
1. Calgari, en Canadá
Calgary es la ciudad más limpia del mundo entero, ubicada en la provincia de Alberta, Canadá. Esta gran ecociudad ocupa el primer lugar de la lista, entre otras cosas, por su gran cantidad de agua pura que hay en su tierra así como por la tan inteligente utilización que se le da. Poco tiempo atrás se ha abierto un centro de tratamiento de aguas residuales capaz de potabilizar hasta 100 millones de litros de agua por día.

2. Honolulu, en Hawái
La ciudad hawaiana de Honolulu es la más popular y una de las más frecuentadas al norte del Pacífico. La abundante y colorida vegetación decora cada rincón de la isla, dándole un aire renovado, puro y único. Cabe señalar que a pesar de que la ciudad esta poblada por unos 800 mil habitantes, cada uno de ellos entiende muy pero muy bien cuál es el valor de la sabia madre naturaleza y el contacto directo con esta es prácticamente sagrado, atacarla: un sucio pecado.

3. Helsinki, en Finlandia
Aunque muchos finlandeses dicen que su capital, Helsinki, es una ciudad gris y aburrida, la limpieza que tanto la caracteriza es tan innegable como admirable. Los inteligentes finlandeses han aprendido la importancia que tiene el medio ambiente y en compromiso con su cuidado, han diseñado complejos sistemas capaces de reducir el consumo energético de la ciudad al mínimo.

4. Ottawa, en Canadá
Nuevamente volvemos con otra ciudad canadiense, al parecer, personas que sin dudas saben como cuidar al medio ambiente. En esta oportunidad para mencionar a Ottawa, la capital de Canadá, ciudad que la UNESCO seleccionó como el sitio perfecto para realizar su prueba de “la biósfera de ecociudad”. Con avanzados programas de reciclaje, Ottawa es una de las ciudades más bellas, limpias y puras del mundo. Un gran ejemplo a seguir.

5. Minneapolis, en Estados Unidos
Popularmente conocida como “la ciudad de los lagos”, Minneapolis, la ciudad más poblada del estado de Minnesota, también es una de las más limpias del mundo. Esta ciudad cuenta con 20 lagos y bañados naturales en óptimas condiciones y esto se debe a dos factores en particular: el reciclaje y la tan importante educación. 





Feria Internacional: ¡acciones ya!






Creo que todos los merideños debemos empujar hacia un terreno fértil la anunciada iniciativa gubernamental de convertir a Mérida, a finales de este año 2013, en la sede de la Feria Internacional de Turismo de Venezuela.
La ocasión puede servir para que la ciudad pueda salir del actual marasmo en cuanto a obras y proyectos, sobre todo los vinculados con el espacio público.
Limpieza de todas las plazas y parques, mejoras en la demarcación vial (que ya se inició en algunas intersecciones), arreglo de paradas, limpieza del mobiliario urbano, desmalezamiento,  entre otros aspectos, deben contarse en la estrategia de poner la casa en orden ante la presencia de quienes nos visitarán a propósito de la Feria Internacional. Acciones, sí, pero hay que empezar desde ya.

Como nos cuesta





Debemos reconocer nuestra realidad: nos cuesta mucho, muchísimo, terminar una obra. Es un mal congénito, algo genético, es nuestro signo distintivo. Pero ojo: no lo digo sólo por la comprobada lentitud del actual gobierno en el tema de la eficiencia constructiva. El mal nos viene como mínimo de medio siglo atrás.
Parece - eso cuenta mi octogenario padre - que hubo una época en la que el panorama era distinto. Que el puente sobre el río Chama se construyó en insólitos seis meses. O la Plaza de Toros de Mérida en 4 meses. El Teleférico más alto y largo del mundo, en 3 años con el detallazo, como para que nos duela, que fue levantado a lomo de mula, sin los recursos tecnológicos que hoy permiten, en cualquier sociedad deseosa de terminar sus obras, hacer las cosas más rápido.
Por supuesto, hay explicaciones para semejante defecto social. Ya muchos han dicho que nuestro problema no son los recursos monetarios. Tampoco la falta de ideas y mucho menos las urgencias que nos motivan a construir una obra, sea esta un hospital, una carretera, un estadio, un puente, una escuela.
Tenemos pues las necesidad de construir, los recurso económicos y hasta el ingenio porque no neguemos que el talento venezolano es de fama mundial.
Entonces… ¿Qué impide concretar una carretera, cuyo tiempo de construcción es de 3 años, en un período sensato y no en los 25, 30 años que en promedio tienen varias vías nacionales (San Cristóbal – La Fría, pongamos por caso)?
Se han lanzado explicaciones que permiten suponer que por allí van los tiros de nuestra absurda lentitud y poca eficiencia. La corrupción se sitúa en la punta de las razones. Es decir, no se termina una obra porque si se termina se acaba las irregularidades que permiten a algunos particulares, funcionarios públicos, empresarios y otros, tomar su tajada de los dineros que el Estado pone en manos de los gobiernos locales, regionales y el nacional.
Pero también la ineficiencia vestida de indolencia. Unos malos estudios, unos proyectos errados e inservibles, que se pagan bien caros, para que luego tengan que venir otros a rehacer los entuertos e intentar poner la obra en marcha.
Acá en Mérida tenemos varias obras grandes en ejecución. Unas son públicas, otras privadas. Está claro que los privados desean iniciar una obra y terminarla en el menor tiempo posible porque sino las ganancias disminuyen o incluso desaparecen para dar lugar a enormes deudas a partir del aumento de materiales y otros males propios de nuestra irregular economía caracterizada por escasez, acaparamiento de productos, especulación, que se refleja igual para la hechura de una torta de cumpleaños que para un puente.
Lo anterior suma, pues, una novedad: no se terminan las obras porque a veces no hay como terminarlas. Lo cual le agrega a los males ya descritos de corrupción e ineficiencia, el elemento de la imposibilidad de acceso a los recursos para echar adelante un proyecto.
El trolebús, el teleférico, el trolcable, el enlace Don Pedro (cuya foto mostramos), la perimetral Sur, el Mercado de Mayoristas, el nuevo puente sobre el río Chama, son, entre otras, obras que dan un paso hoy y deben medir en años el próximo escalón. Y eso que en Mérida, mal que bien, la cosa camina… Nos cuesta un mundo.
Para que constatemos que grandes obras no implican una eternidad o la imposibilidad de concluirlas, les dejo el enlace para que aprecien como el principal aeropuero de Shanghai, una obra pública construida por el gobierno de un país, logró construir su primera fase (el aeropuerto como tal) en 2 años, con una inversión superior a los 12 mil millones de dólares. Esta terminal ocupa un área que equivale a la ciudad de Mérida (unos 40 Km2). El enlace  es este: Aeropuerto de Pudong

domingo, 17 de febrero de 2013

Invitados a reciclar y reusar


¿Recuerdan que  una de nuestras más recientes notas tenía que ver con lo bien que le va a algunos países con el tema del reciclaje? Un ejemplo llamativo es el de  Suecia.

En Venezuela la llamada cultura del reciclaje y reuso no está desarrollada.  Pero hay gente, organizaciones e instituciones, que creen en el reciclaje y por ello intentan abrir las puertas de la participación, aunque ahora estas acciones sean más bien de forma simbólica.

Pues bien, acá en Mérida el Circuito Universidad de Los Andes para el Manejo Integral de los Desechos (CIULAMIDE),está empeñado en que los merideños entendamos el valor de reciclar. Por ello,  han puesto un calendario a rodar en el que nos informan de las fechas en las que podemos llevar nuestros desechos guardados, a un gran centro de recepción de estos materiales.

Acá les dejamos el calendario. Si desea llevar el próximo 23 de febrero sus desechos sólidos, recuerde que el Centro de Acciones Socio Ambientales (CASA) - que es la organización  vinculada al Ciulamide encargada de la recepción -  está ubicada en la recta de La Hechicera, es decir entre la intersección que lleva a la Hechicera (subiendo por la avenida Alberto Carnevali y el puente que comunica a Los Chorros de Milla. Para más información, entre en el espacio del Ciulamide en Facebook.